La marihuana de alta potencia hace saltar la alarma sanitaria

Los expertos advierten que su consumo habitual eleva el riesgo de desarrollar esquizofrenia

La Guardia Civil asegura que encuentra drogas que superan el 20% de THC, el principal compuesto psicoactivo

La Sierra huele a 'maría'

Un agente de la Guardia Civil se adentra en una plantación indoor de marihuana en el Campo de Gibraltar.
Un agente de la Guardia Civil se adentra en una plantación indoor de marihuana en el Campo de Gibraltar. / Diario de Cádiz

El consumo habitual de marihuana con un alto contenido de THC —el principal compuesto psicoactivo— eleva drásticamente el riesgo de sufrir trastornos psicóticos graves, incluida la esquizofrenia. Las evidencias científicas al respecto son irrefutables y vienen a demoler esa imagen casi romántica del fumador de hierba bohemio, con mechas californianas, que se lía un canuto esperando la ola de su vida a la lumbre de una fogata. Durante décadas, el consumo de cannabis se ha percibido socialmente como una práctica de bajo riesgo, especialmente en comparación con otras drogas ilegales. Sin embargo, esa percepción choca cada vez más con los informes médicos.

El trasunto de este aumento de enfermedades mentales que se esconde tras la marihuana viene provocado por una causa preocupante: el cannabis de los años 70 y 80 no es el que se fuma ahora. Las variedades que circulan hoy en el mercado, legales e ilegales, poco tienen que ver con aquellas plantas. La concentración de THC se ha multiplicado en las últimas décadas gracias a técnicas de selección genética y cultivo intensivo. Mientras que hace 30 años el contenido medio de THC rondaba el 2 o 3%, hoy es habitual encontrar productos que superan el 15 %, el 20 % o incluso más, especialmente en formas concentradas como aceites, resinas o extracciones.

Esto provoca, además, que algunos expertos adviertan que es tan difícil –o más– desintoxicarse de su adicción que de la que origina la cocaína.

La ciencia es prudente: nadie sostiene que fumar marihuana conduzca de forma inevitable a la esquizofrenia. La mayoría de personas consumidoras no desarrollarán nunca un trastorno psicótico. Pero los expertos sí coinciden en que el cannabis de alta potencia actúa como un factor de riesgo claro, capaz de precipitar la enfermedad en personas vulnerables o adelantar su aparición varios años.

Fuentes de la Guardia Civil alertaron esta semana de una problemática que causa honda preocupación en la Comandancia de Cádiz. Hasta el coronel jefe, Luis Martín, apuntó durante su tradicional desayuno navideño con la prensa de que estamos ante una cuestión de salud pública de primer orden.

Esta semana, desde la Benemérita, se insistía en la necesidad de quitar la careta a esa sensación de inocuidad que la marihuana arrastra como sello de marca y tratarla como un producto que, en una alta concentración de THC, puede ser muy nocivo. “Estamos viendo contenidos altísimos de THC en plantas modificadas genéticamente. Incluso en las típicas tiendas CBD que venden productos de todo tipo, hasta gominolas al alcance de menores. En este pasado año ya hicimos varias operaciones contra este tipo de establecimientos y en 2026 continuaremos poniendo el foco en una droga que no puede tomarse a la ligera”, comentaban desde la Benemérita.

En la provincia hay zonas especialmente prolíficas a la hora de cultivar marihuana alterada. Sobre todo la comarca de la Costa Noroeste, con Sanlúcar a la cabeza; o la Sierra de Cádiz. Allí se han descubierto grandes plantaciones con miles de plantas que han variado hasta su fisonomía. “Si te fijas bien, ya ni siquiera es la misma planta que se conservaba en el imaginario popular. Ha cambiado. Hasta su silueta es más agresiva”.

Advierten desde la Guardia Civil que la sociedad ha normalizado hasta tal punto el cultivo de marihuana que en ciertos establecimientos detectan “sacos de abono para las plantas cuyo dibujo ha variado. Antes eran unas flores rojas y ahora directamente ponen una hoja verde de marihuana”.

Uno de los puntos que más preocupa a los especialistas es la edad de inicio de consumo. El cerebro sigue madurando hasta bien entrada la veintena, y el consumo de THC durante la adolescencia interfiere en procesos neuronales críticos. Diversos estudios han demostrado que cuanto antes se empieza a consumir cannabis, mayor es el riesgo de consecuencias psiquiátricas a largo plazo.

“La marihuana de hoy no es la de antes”, insisten machaconamente los psiquiatras. Pero el mensaje cala con dificultad entre los jóvenes, que a menudo perciben esta sustancia como inocua o incluso terapéutica, en parte por la confusión generada por el uso medicinal del cannabis en contextos clínicos muy controlados.

Otro elemento clave es el equilibrio entre THC y CBD. El cannabidiol (CBD), otro de los compuestos del cannabis, parece tener efectos moduladores e incluso protectores frente a la psicosis. Sin embargo, muchas variedades actuales han sido seleccionadas para maximizar el THC y minimizar el CBD, eliminando ese posible efecto amortiguador. El resultado es una droga más potente, más barata y más accesible que nunca, cuyos riesgos no siempre se explican con claridad.

La violencia del narcotráfico también llega a los clanes de la marihuana

Los clanes de la marihuana no están formados por buenos muchachos educados en colegios de pago. La mala costumbre de catalogar a quienes cultivan el cannabis casi como narcos amateurs saltó por los aires hace unos años, sobre todo cuando el miedo a los vuelcos de bandas rivales hizo que en las guarderías con miles de kilos de cogollos también aparecieran los temidos AK-47, los Kalashnikov conocidos como cuernos de cabra cuyo repiqueteo siembra de muerte los conflictos bélicos mundiales desde hace más de medio siglo. La provincia de Cádiz no se ha librado de este aumento de la violencia. En el mes de noviembre de 2020, tres agentes de la Guardia Civil que habían llegado hasta el Coto de Bornos para realizar un operativo de vigilancia fueron recibidos a tiros por los guardianes de la droga. Aquello marcó un antes y un después en la lucha de la Benemérita contra la marihuana. El coronel Luis Martín, que estuvo tres años destinado en los Países Bajos, sabe el daño que a la sociedad puede causar el cannabis si se le trata de manera indulgente. Por eso ha puesto pie en pared y las intervenciones contra este tipo de cultivos prohibidos son habituales. Dejar crecer al monstruo hasta que sea demasiado tarde no parece una buena idea.

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