"Yo estaba con mi hija cuando él la llamó y dijo: le he pegado dos tiros"
La madre del fallecido avala la versión de la exnovia del acusado y el padre de éste asegura que la mañana del crimen vio a su hijo en mal estado, como drogado
La madre de Guillermo Labrador Pozo, el joven a quien su cuñado mató en Puerto Real en agosto de 2010, declaró ayer que estaba al lado de su hija ese día cuando tras el crimen sonó el móvil de la joven y era el procesado, que le dijo: "Le he pegado dos tiros, uno en la cabeza y otro en el pecho". La mujer avaló así la versión de su hija sobre esa llamada, que el acusado niega haber realizado. En la misma sesión, el padre del procesado explicó que vio a su hijo la mañana del día del crimen, domingo, y que estaba en mal estado, con los ojos raros, desplomado, que parecía como drogado. Avaló así la versión del acusado, quien contó que antes de disparar, había consumido una gran cantidad de cocaína, hachís, alcohol y MDMA.
El crimen ocurrío hacia las nueve de la noche del domingo 1 de agosto de 2010 en Puerto Real. Independientemente de las circunstancias que lo provocaron, el jurado tendrá que decidir sobre si el acusado actuó sin control, afectado por un consumo excesivo de drogas y por miedo al fallecido, o bien lo hizo de modo frío y anunció a su entonces novia lo que se disponía a hacer (matar a su hermano) y tras matarlo le comunicó que ya lo había hecho y cómo.
El juicio alcanzó ayer su segunda sesión. La madre del fallecido y de la exnovoa de éste y el padre del procesado aportaron con sus testimonios datos que ayudarán al jurado a inclinarse por una u otra opción: la de un crimen buscado y realizado a conciencia por el acusado o la de una muerte accidental, un homicidio por imprudencia.
El fiscal y la acusación particular sostienen que la muerte de Guillermo Labrador fue un asesinato. Y la defensa afirma que fue un homicidio imprudente. El procesado dijo anteayer que disparó una primera vez su escopeta como un acto reflejo, cuando peleaba con el fallecido. Le dio en el pecho a la víctima. Y que el segundo disparo fue hecho durante un forcejeo con un amigo de Guillermo, sin apuntar a ningún lugar. El fallecido estaba en ese momento en el suelo y la segunda bala le alcanzó en la cabeza.
Dos testigos relataron anteayer, en cambio, que ambos disparos fueron realizados a corta distancia y apuntando, encañonando. Un testigo precisó incluso que el procesado se acercó al fallecido cuando estaba en el suelo, herido, y que le disparó a la cabeza.
La exnovia del procesado contó que su hermano estaba muy enfadado con el procesado porque se había enterado de que la maltrataba. La madre de ella y del fallecido también sostuvo ayer esa versión. Incluso indicó quién se lo había dicho a su hijo: el padre del procesado.
Pero el padre del procesado negó ayer haberle comentado eso a alguien. "A nadie, a nadie, nunca", dijo. Y en contra de lo relatado por la exnovia del acusado, aseguró que él nunca presenció pelea alguna ni maltrato, que todo era armonía entre la pareja de jóvenes.
Al hombre le preguntaron también por el arma del crimen. Una escopeta de balines modificada para poder disparar balas. El testigo afirmó que no vio esa escopeta en su casa nunca. El abogado de la acusación particular solicitó que le enseñasen el arma. Se la mostraron. Nunca la había visto, repitió. "Para nada". ¿Hay alguna arqueta cerca de su casa donde pueda esconderse una escopeta así?, le preguntó el letrado. "No".
El acusado explicó anteayer que ocultaba esa escopeta (que había hallado un día en una casa en el campo) en un arqueta junto a su casa. Vivía con su padre.
Un amigo del acusado y del fallecido contó que los vio pelearse la noche del sábado en los jardines del Porvenir, en Puerto Real. Que unos chavales los separaron. El magistrado quiso precisiones sobre esa pelea. El testigo explicó entonces que se pelearon con las manos y que "los separaron del tirón".
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