Los españoles y el aceite: un caso excepcional

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Fundamental en nuestra dieta, el aceite de oliva es anecdótico en el consumo mundial, copando solo un 3% de las oleaginosas

La colza, popular en Europa, cuenta en España con un fuerte estigma tras la crisis sanitaria de 1981

Campos sembrados de colza, el aceite más consumido en Europa.
Campos sembrados de colza, el aceite más consumido en Europa. / D.C.

Una de las formas más certeras que tenemos, desde esta parte del mundo, de trazar la línea de la 'barbarie' (de lo extranjero) es dónde fríen con aceite de oliva y dónde no. Podemos pensar que el mundo mediterráneo es la medida de todas las cosas, pero lo que es seguro es que es muy pequeño. Grecia, Italia y España lideran el consumo doméstico de aceite de oliva (Grecia, a la cabeza, con 12,5 litros por persona; seguida de España, con 11.5; Italia, con 8,3 y Portugal, con 8, según datos del Consejo Oleícola Internacional), pero a nivel mundial, quienes echan aceite de oliva en la sartén son minoría.

El omnipresente aceite de palma encabeza el consumo a nivel mundial, con 75 millones de toneladas. Le sigue el aceite de soja, con más de cincuenta millones de toneladas y el aceite de colza -de infausto recuerdo en nuestro mercado por la crisis sanitaria que se produjo en 1981-, con unas 25 millones toneladas destinadas a consumo doméstico. En cuarto lugar está el que es de repente protagonista involuntario de nuestra actualidad, el aceite de girasol, con 20,5 millones de toneladas a nivel mundial.

El consumo particular de aceite de oliva arañaría, de hecho, las 3,2 millones de toneladas, por detrás incluso del de coco, con 3.5 millones. En total, apenas alcanza un tres por ciento del consumo mundial.

A nivel de producción, el aceite de palma arrasa no sólo con gran parte de las selvas tropicales, sino también con el medallero, con Indonesia (44.5), Malasia (18.7) y Tailandia (31,2) como principales productores, según datos del Departamento de Agricultura estadounidense. No se queda corto el aceite de soja, con China como el principal productor (17 millones de toneladas), seguida de Brasil (nueve millones) y Argentina (ocho millones). El total de producción de soja, que tiene el deshonor de haberse convertido en el cultivo más fagocitador de los últimos años, sin embargo, es de 353.80 millones de toneladas.

En los cultivos de girasol es Ucrania, en efecto, el principal productor, generando más de siete millones de toneladas de aceite de su semilla, seguida de Rusia (5,8) y la Unión Europea (casi cuatro millones de toneladas). En nuestro país, el girasol sigue representando el 90% de las oleaginosas sembradas.

Respecto al aceite de oliva, la Unión Europa es el principal mercado de producción, con España a la cabeza con 1,3 millones de toneladas, por delante de Italia y Grecia, que no alcanzan las 400.000 toneladas cada una.

Maldita en España (aunque la tomamos en productos procesados), la colza es, de hecho, la principal semilla oleaginosa cultivada en la Unión Europea, copando un 59% de este tipo de cultivo, con Francia y Alemania como principales productores y consumidores de su aceite. Una medida de la diferencia de consumo entre nuestro país y el resto de Europa la da la actual escala de precios: mientras la semilla de colza ha experimentado una subida semanal del 11% de su precio en Europa occidental, en España la comparativa arroja una bajada del 2%. A nivel anual, el precio de la oleaginosa se ha disparado para nosotros, con un 36% de diferencia respecto a la misma semana de 2021, pero mucho más lo ha hecho para nuestros compañeros europeos: un 53%.

Aun así, entre 2014 y 2016, el número de hectáreas de campos sembrados con colza en Castilla y León, principal región productora en nuestro país, pasó de 16.350 a 109.029.

Por su parte, las semillas de girasol han experimentado una subida semanal del 9% en Europa (un -2% en el mercado español), mientras que a nivel anual lo ha hecho un 37% (un 17% en España).

El aceite de oliva también ha experimentado esta semana un aumento de precios en origen, superando los 3.400 euros por tonelada el oliva virgen. Algo que se iba a producir independientemente de los efectos colaterales de la guerra de Ucrania, debido a las malas previsiones y al aumento de los costes de producción.

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