José Manuel Caamaño. comisario jefe regional de operaciones de la jefatura superior de la policía nacional “Hay que educar a la gente en que el hachís es malo”

  • Experto en la lucha contra el narcotráfico, lleva más de tres décadas peleando contra el crimen organizado

  • Ahora ha plasmado parte de esas vivencias en una novela apasionante

José Manuel Caamaño muestra su libro durante el transcurso de la entrevista. José Manuel Caamaño muestra su libro durante el transcurso de la entrevista.

José Manuel Caamaño muestra su libro durante el transcurso de la entrevista. / Lourdes de Vicente

POLICÍA con mayúsculas, José Manuel Caamaño lleva cuatro décadas luchando contra las mafias del narcotráfico. Su experiencia no sólo le ha llevado a desempeñar diferentes cargos por media España sino que incluso le ha dado para poner en pie una obra de ficción que, como casi todas, tiene un poco de autobiografía. En una de sus visitas a Cádiz desde Ceuta, donde está destinado actualmente, nos concedió una entrevista.

–Hay muchas novelas policíacas pero no hay muchos policías novelistas. ¿Cómo le entró esta inquietud literaria?

–En la Policía era yo quien generalmente se encargaba de redactar las diligencias donde se da cuenta de la investigación que se ha llevado durante meses. Pero nunca había pensado en escribir . Todo surge a raíz de la película El Niño. Daniel Monzón pregunta por alguien que pueda informarle por todo este mundo del narcotráfico en esta zona y le dan mi nombre. Entonces baja a Ceuta y Marruecos y me ofrecí a orientarle, visitamos localizaciones para el rodaje, y tras eso me dijo: tienes muchas cosas que contar. Y así es como me puse a escribir, de ahí nace la idea principal. Es él quien me despierta ese gusanillo.

–Se vería reflejado luego en la película.

–Claro. Fui con mi mujer a ver el estreno y es cierto que muchas de las cosas que se cuentan allí las he vivido yo.

–¿Y le ha sido difícil plasmar en un libro tantas experiencias?

–La novela es ficción. Yo llevo 45 años en la Policía, treinta y muchos dedicado de una forma más concreta a la lucha contra el narcotráfico, todo eso no lo puedo plasmar en una novela. No me ha sido difícil poner en pie una historia relacionada con este mundo, con el crimen organizado, porque tengo un bagaje amplio detrás, pasando por comisarías diferentes, desde pequeñas como la de Rota, luego en provinciales como Cádiz, o Tenerife, y en Marruecos estuve diez años de oficial de enlace. Eso a mí me ha facilitado ñas cosas, porque estoy escribiendo sobre algo que me gusta y domino.

–¿Ha tenido algún modelo en quien inspirarse?

–Me gusta leer claro, y siempre vas cogiendo cositas de aquí y allá. A mí por ejemplo me gusta mucho Lorenzo Silva, con su serie de los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro. Es que si yo me pongo a escribir todas mis vivencias pues me sale un libro de 7.000 páginas, así que hay que hacerlo más accesible. Por eso pensé en centrarme en un personaje y rodearlo de diferentes tramas.

–¿Por qué ese título de Bebedores de té?

–Pues porque la historia se desarrolla entre las costas de Cádiz, Gibraltar y Marruecos. Realmente los negocios se cierran en Ceuta y en Marruecos, y allí se sienta el dueño de la mercancía y el que la quiere comprar tras una taza de té moruno con hierbabuena o menta, que es la bebida nacional.

La llegada de delincuentes de países del Este ha hecho aflorar más violencia en los narcos”

–¿Llega la Policía a empatizar con los narcotraficantes?

–Yo no lo llamaría empatizar, pero sí que es verdad que a veces, durante una investigación, cuando vas conociendo a la persona, sabiendo sus orígenes, viendo cómo la vida lo ha situado en ese lado del tablero, entiendes algunas cosas. A mí no me gusta hablar de buenos y malos, porque aquí no los hay, pero sí que unos estamos defendiendo a la ley y otros no. Eso no quiere decir que cuando detienes a alguien tienes que cebarte con él, porque a lo mejor esa persona está ahí por determinadas circunstancias y la tienes que respetar como ser humano.

–¿Y llegan a tener buenas relaciones con algunos de ellos?

–Pues sí, compañeros y yo mismo tenemos amigos entre gente a la que han condenado a muchos años de cárcel en numerosas ocasiones, pero no dejamos de ser personas, y si un día alguien necesita un consejo pues se lo damos.

–Son negocios ¿no? No se lo toman como algo personal.

–Nada, es ese momento en que la vida te cruza. Yo nací en Tánger, durante la época del protectorado español mi padre estaba allí, y con seis o siete años nos vinimos para España. Igual si yo me hubiera quedado en Marruecos pues no sé qué habría sido de mi vida, igual me hubiera puesto al otro la de la ley. Y no por eso tienes que ensañarte con nadie ni tomar odios a nadie. La vida es la que nos va conduciendo.

–¿Acabar con el narcotráfico es una quimera?

–Para mí es un tema cultural, de educación. Hay que tener en cuenta que hay países productores, hay mucha oferta, y todo el mundo quiere vivir bien. Yo conozco sobre todo Marruecos, he estado muchos años allí, en los valles de Ketama, y allí si la gente ve que uno por sembrar cannabis tiene una buena casa, tiene dinero, tiene poder, pues se pregunta por qué no van a tenerlo ellos. Yo creo que si educáramos a la gente en que el consumo de hachís es dañino pues igual bajaría la demanda. Yo he puesto a veces el ejemplo de que el tema del narcotráfico es como un puente de muchos carriles, y que une el país productor con el que lo demanda, en este caso Europa. La Policía lo que hace de vez en cuando es cortar un carril, pero los demás siguen circulando. Lo que hay que eliminar es ese puente, y para que ello se elimine hay que atacar los pilares principales.

Igual que hay campañas contra el alcohol o el tabaco hay que hacerlas contra el cannabis

–¿Estamos hablando de la primera industria de Marruecos?

–Sobre todo en el norte. Hay que conocer el problema meteorológico, por ejemplo en la zona de Ketama. Esas tierras no dan para sembrar otra cosa, ellos la llaman la tierra maldita, porque durante el día tienes 40 grados y por la noche diez bajo cero. Si tienes perales, manzanos, piñas... se queman. Si ellos tienen esa producción de cannabis y se les reclama desde Europa pues ellos quieren hacer negocios. Donde hay que dar fuerte es en los países de origen. Igual que se hacen campañas contra el consumo de alcohol, de tabaco... pues también hay que hacerlas con el hachís, decir que es perjudicial, vamos a tratar de concienciar y educar, porque si bajamos el consumo ese pilar se debilitaría y ese puente se tambalearía.

–O sea que usted no está a favor de la legalización de las llamadas drogas blandas como marihuana o hachís.

–Yo no. Porque la legalización no nos aclararía ni nos solucionaría el problema. En el libro lo planteo, y cuando he ido a conferencias que he dado siempre planteo varias preguntas: ¿Legalizamos todas o sólo algunas? Porque si sólo legalizamos algunas va a seguir habiendo narcotráfico. Luego, ¿lo limitamos a una edad, qué edad, el consumo ilegal va a ser el que esté por debajo de ese límite?, porque estamos viendo que cada vez baja más la edad a la que los jóvenes se inician en el consumo de alcohol, hachís, cocaína... Y luego entramos en otro tema más de aspecto médico: ¿Quién asume la responsabilidad de tener que distribuir esa sustancia?, porque yo he hablado con médicos que no quieren tener esa potestad, porque la mayoría piensa que es dañino. Yo he visto a gente que sólo eran consumidores de hachís con unos monos peores que los de la heroína, y les hacías las analíticas y no daban positivo por otra droga. Además, ¿cuándo alguien se muera por una sobredosis a quién vamos a hacer responsable? Y por último, ¿dónde se almacena toda esa droga legal? Nosotros en España tenemos plantaciones de cannabis para uso legal, para el tema del cáñamo, pero ¿qué vamos a pensar, que los narcos, a los que les hemos cerrado el negocio, se van a quedar de brazos cruzados? Además, igual que hay contrabando de tabaco lo habría de hachís.

–¿Ha notado una radicalización de los narcotraficantes en su manera de comportarse?

–Habría que hacer un estudio serio y detenido sobre eso. Hoy en día lo ves en todo, no sólo en el tema del narco, sino en la sociedad, en la forma de divertirse, los chavales copian la forma de vestir de los vídeos, de cantantes, incluso el comportamiento de algunas series de televisión en las que la violencia está a la orden del día, pero eso no es lo que tenemos en España, aunque llega el momento en que hay quien pierde la cabeza y quiere ser el chulito del barrio, y si tiene que liarse a tiros pues se tira. De llevar una pistola en el cinto a un día utilizarla hay muy poquito espacio, y más con la euforia de cualquier sustancia.

La legalización de las drogas no es la solución. Nos plantearía muchas más preguntas”

–¿Pero es un problema tan grave como parece en la provincia?

–Hasta ahora no está siendo un problema muy grave pero empieza a haber cuestiones por las que hay que preocuparse. También afectan otros factores: los vuelcos, que se roben entre ellos, y muchas veces actúan con chalecos de policías, con placas, o como guardias civiles, y cuando alguien aparece en la guardería su primera reacción es disparar, porque no saben si son policías de verdad o si son otros narcos. No hace mucho en Algeciras hubo un tiroteo y cuando salieron y se dieron cuenta de que realmente eran policías empezaron a pedir perdón, pensaban que les iban a dar el vuelco. Esas situaciones generan a veces esas tensiones.

–¿Y en qué momento se produce este cambio? ¿Cuándo comienzan los narcos su transformación más violenta?

–Pues con la llegada de delincuentes de los países del Este, ahí empiezan a aflorar las armas, los ajustes de cuentas, vienen de países en guerra, donde la vida vale muy poco, y ahora su fuente de negocio es la delincuencia, y al que le fastidie el negocio lo eliminan, no tienen dudas. Siempre se ha dicho que los albaneses, por sus códigos de honor, suelen ser los más violentos, los más peligrosos.

–¿Qué ocurre detrás del telón cuando un alijo sale mal?

–Pues eso también ha cambiado. Antiguamente el marroquí llamaba por teléfono al español y se echaban mutuamente una bronca. Pero luego quedaban para hacer otra operación que saliera bien y asunto solucionado. Luego eso pasó al ‘te mando a alguien’, que va, que te visita y te dice como no me soluciones esto a ver qué hacemos. Había alguna amenaza, alguna bronca, algún secuestro... pero en el momento en que empieza a llegar gente del Este cambia radicalmente. Esto funciona como una empresa. Yo contrato 1.000 kilos de hachís, se lo compro a un marroquí, hay uno que lo transporta, uno que lo almacena y cada uno tiene su papel y se responsabiliza de su parte. Si la mercancía sale de Marruecos, el marroquí está salvado; si el gomero la lleva a tierra, pues ha cumplido; que luego cuando lo están llevando a la guardería los pillan, pues el que tiene el problema es ese. Los rusos dicen que si has caído es que alguien de los tuyos ha metido la pata. Ellos cuando pagan quieren la mercancía, y, además, ahora piden la cabeza del culpable. Si tienes a alguien que se ha ido de la boca, pues lo siento, y si no me traes su cabeza, pues la tuya. En la película El Niño, que se lo comenté yo a Daniel Monzón, aparecen decapitados, porque es algo con lo que nos hemos encontrado. Eso lo hacen y es algo que antes nunca había pasado en España.

–¿Y la Policía ha cambiado su preparación para poder enfrentarse a estos nuevos narcos tan violentos?

–Indudablemente tenemos que prepararnos y actualizarnos. Igual que antes no había internet y no había ciberdelincuencia, y ahora hay unidades especializadas en este tipo de delitos, pues ahora tenemos que prepararnos para hacerles frente a este gente. Lo que es muy importante es la cooperación internacional, eso es básico. En esta lucha cualquier país estaría muy mal si estuviera solo, porque los 500 kilos de cocaína que vienen de Colombia no vienen a buscar un comprador por arte de magia. A lo mejor quien compra la droga es un grupo italiano pero el que lo transporta es un narco gallego y resulta que tienen que viajar hasta Sudamérica para negociar allí esa compra. Entonces a lo mejor tienes información del gallego, hablas con Italia que tiene controlado al italiano, desde Colombia nos dicen otras cosas... Hoy en día hay oficiales de enlace en casi todos los países. Y luego están las nuevas técnicas.

–Hablando de cooperación, ¿cómo es actualmente la relación entre la Policía española y la gendarmería marroquí?

–Son buenas. Marruecos en ese aspecto es un país, a pesar de lo que dicen de que tiene muchos problemas de corrupción, que colabora y ayuda porque ellos también ven que tienen un problema serio. En los 80 les avisamos que al principio la droga iba de paso, pero luego empezarían a pagar en mercancía y lo vendería en su territorio. Hace tiempo que Marruecos sufre eso, porque hay tráfico de hachís, cocaína, heroína, drogas de diseño, y están causando muchos problemas, con años de retraso quizá a cuando entraron en España pero sí que los están dando, y son conscientes del problema que se les viene encima. Igual que hay garbanzos negros aquí los tienen allí, pero en líneas generales la colaboración es buena.

La cooperación internacional es básica para hacer frente a la lucha contra la droga”

–¿En Ceuta cómo se vive todo el drama de la inmigración?

–Ceuta, como le pasa a Melilla, es la frontera física, terrestre y real de Europa con África, y esa frontera, ese vallado es el obstáculo que tiene África para venirse a Europa. Tetuán ha pasado de tener 150.000 personas a principios de los 90 a tener un millón de personas en la provincia. En el momento en que te empadronas allí puedes entrar en Ceuta sin necesidad de visado. Y Ceuta no tiene esa capacidad para admitir a todas esas personas, además porque esa gente no quieren emigrar sino buscarse la vida.

–Y entre todos los que entran también habrán delincuentes.

–Claro, delincuentes o también los menores no acompañados, los Menas. Me parece que en el centro de menores de Ceuta hay en torno a 200, llevando un control y una respuesta positiva, pero tienes un montón de ellos que los llevas y se escapan del centro, porque su única aspiración es estar al lado del muelle para intentar dar el salto a la península en un barco o en los bajos de un camión.

–¿Y eso no eleva los índices de delincuencia en Ceuta?

–La realidad es que ellos no generan demasiados problemas, a veces las peleas son entre ellos mismos, y quizá se ponen más exaltados cuando se prolonga mucho su estancia.

–¿Y los saltos a la valla de los subsaharianos?

–Eso ocurre periódicamente. Allí hay un CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) donde caben 600, pero ha llegado a haber hasta 1.400. Si ellos ven que empieza a haber poco sitio, pues intentan saltar, porque una vez que lleguen a Ceuta saben que es cuestión de tiempo ir a la península.

–¿Las vallas siguen teniendo las concertinas?

–De momento sí. Se está hablando de que se quieren quitar a principio de año. Están de lado marroquí y se quieren sustituir por otro tipo de protección. No sé si se pondrán las vallas más altas o qué se hará. No es sólo eliminar concertina, sino poner en funcionamiento otro sistema. Los subsaharianos ejercen una presión distinta. Ahí sí tenemos una muy buena colaboración con Marruecos. Cuando ellos lo detectan dan la alerta en seguida para que Guardia Civil, que es quien está a cargo de la valla, esté preparada.

–¿Para cuándo la segunda entrega de Bebedores de Té?

–Pues está ya en maquetación, una vez terminada me la pasan para que haga las correcciones oportunas y a partir de ahí para adelante. Me hubiera gustado que saliera en Navidades pero imagino que se van a alargar un poco los plazos. Me queda poquito para jubilarme y lo que quiero ahora es centrarme un poco más en esta faceta que me ilusiona, poder ir a ferias de libros, porque hasta ahora mi trabajo es lo prioritario. No es que me vaya a convertir en un escritor ni nada por el estilo, pero me ilusiona.

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