"Con tantas doctrinas hemos hecho una religión poco amable"
Lucía Caram. monja mediática
La religiosa argentina estará el próximo 6 de noviembre en Jerez para hablar de 'Maldita crisis, bendita oportunidad' Realiza un repaso a sus principales creencias, dichas sin tapujos
Son pocos lo que aún no han oído hablar de Lucía Caram. Monja dominica, nacida en Argentina, pero afincada en Manresa, compagina su vida en un convento de clausura con su activo compromiso en la lucha contra la pobreza y la exclusión social y acceso a una vida feliz. Y lo hace con una fuerte presencia en programas variopintos de radio y televisión, prensa y a través de los libros que ha escrito. Tiene Twitter (con más de 151.000 seguidores) y Facebook en los que se reconoce como religiosa inquieta e inquietante. No calla ni bajo agua y es muy crítica con el poder. Sea como fuere, sus metas son ser feliz y hacer felices a los demás. El próximo 6 de noviembre, a las 10 horas, estará en Jerez, concretamente en la Atalaya, para hablar de 'Maldita crisis, bendita oportunidad'. Una cita organizada por #1MayoEmprende, una iniciativa emprendedora en la red liderada por Lola Rueda, que posiciona de nuevo a la provincia en el circuito de ciudades inspiradoras y comprometidas con el cambio, la solidaridad y la responsabilidad social.
-Usted, que no tiene pelos en la lengua, ¿habla por todo lo que la Iglesia no ha contado durante todos estos siglos?
-A ver, yo con lo que hablo no intento romper nada, sigo el Evangelio y esto me da mucha libertad para hablar. Creo que la Iglesia ahora..., nos hemos quedado en la sociedad con un estigma de su discurso, pero hay que reconocer que dicho discurso y actitud, con la llegada del Papa Francisco, está cambiando, así que me siento en sintonía con este cambio. Otra cosa es que no estemos acostumbrados a afrontar determinados temas que hasta ahora no se afrontaba, pero la Iglesia sabe que hay que hablar de todo e intentar darle una respuesta en el Evangelio.
-Dice que tienen el mejor producto, Jesús, pero que se ha vendido muy mal.
-No lo hemos sabido vender. El Evangelio es una buena noticia, un compromiso, un estar al lado de los más pobres, vivir desde la pobreza y austeridad, y no lo hemos sabido vender. Nos hemos dedicado a vender doctrinas, a controlar a la gente y hemos hecho una religión poco simpática, poco amable. Esto ha hecho que la Iglesia se alejara de la gente. Pero también es verdad que a nivel más institucional, porque de compromiso con los más pobres siempre hemos estado, y esto también es una carta de presentación. Pero hace más ruido aquello que se ve y los poderes que mandan, como pasa en la política también.
-¿Cómo se enciende el fuego del espíritu?
-Creo que fundamentalmente, amando y sirviendo, y es ahí cuando empieza a fluir la vida. El fuego del espíritu es eso. En mi caso personal, yo reconozco la fuerza personal que da la plegaria, ser capaz de hacer silencio y sintonizar con lo más genuino nuestro, el corazón del Evangelio. Esto da mucha fuerza y hace vivir al aire del espíritu bueno.
-¿Y cómo se le encendió a usted su vocación?
-Por una parte, el mensaje del Evangelio me calaba fuerte, la figura de Jesús, que introducía la compasión en la historia, que optaba por los últimos, y el ser buena noticia. Y por otra parte, yo veía que la gente, los religiosos con los que yo me relacionada en Argentina de niña y adolescente, vivían este mensaje a fondo y con un compromiso. Yo quería hacer lo mismo. Eso me puso en el camino, pero luego las cosas van cambiando y te das cuenta de que una cosa es la idea y otra la realidad. La realidad es mucho más apasionante que la idea y ya no se puede dar marcha atrás porque terminas enamorado de una causa.
-¿Cómo lleva una monja de clausura esta vida tan mediática?
-La llevo como puedo (ríe). Intento cuidar mucho los momentos de oración y de vida con la comunidad. Me levanto cada día a las 5 de la mañana y tengo tiempo para la oración, la misa... Esto me da mucha fuerza. Y respecto a lo otro, me gustaría que el foco no estuviera en sor Lucía, sino en las causas por las que estoy luchando. Si acepto estar en los medios y explicarlo es porque los medios son los grandes portavoces de la realidad que se está viviendo y que muchos no la quieren ver. Hay que implicarse porque esto es cosa se todo.
-¿De qué va a hablar el próximo día 6 en Jerez?
-Hablaré del compromiso que estoy viviendo y de esta maldita crisis, pero bendita oportunidad. Una situación dramática para mucha gente, pero podemos optar por la actitud de dedicarnos a quejarnos o, preguntarnos además de por qué, por qué no hacer las cosas de otra manera. Cuando estamos implicados tenemos más fuerza para denunciar y podemos crear complicidades para transformar lo que nos está pasando. Creo que hay cosas en las que nos hemos equivocado, un sistema que no funciona, una democracia que está secuestrada y podemos reinventarnos y trabajar de otra manera.
-Usted enseña a los demás con sus palabras pero, ¿qué aprende usted?
-Yo estoy ahora en una escuela de aprendizaje urgente. Creo que el pan que le faltaba a mucha gente a mí me ha despertado una nueva conciencia. He aprendido que no podemos mirar para otro lado y que la única religión válida es la del amor que se hace servicio. No hay nada más importante que la persona y su dignidad y esto no es negociable. El gran reto es trabajar para que todo el mundo tenga una vida feliz, es decir, una vida digna.
-Tiene usted también muy buenas relaciones con las redes sociales.
-Tiene sus riesgos ser tan activo en Twitter, pero todas estas redes sociales y los medios son un espejo de lo que llevamos dentro. Y lo que tenemos que transmitir es un mensaje, no basta con estar. Es bueno crear una pandemia de compromiso, de espíritu positivo y de pasión por la vida. Hay que tener además sentido del humor en las redes, porque a veces parece que estamos muy enfadados. Llamaron mucho la atención mis comentarios en el partido Madrid-Barça. Porque yo soy muy del Barça, pero cuando se acaba el partido, se acaba y no hay más. El adversario no es un enemigo. pero hay mucha visceralidad en muchas cosas que terminan haciendo daño. Y cuando algo se sale de madre o me insultan, no contesto. Hay que gastar la energía en otras cosas.
-Con tan buen hablar, ¿le han ofrecido dedicarse a la política?
-No, nunca he tenido esa tentación (ríe), jamás, perdería mi libertad. Otra cosa es que nuestras opciones siempre tienen una connotación política, que no quiere decir partidista. La política es un arte y una capacidad para servir a los pueblos y que haya justicia social. Y todos hacemos política cuando nos implicamos en la transformación.
-Ya que vive en Cataluña, ¿va a votar usted el próximo día 9 de noviembre?
-Claro, pero el voto es secreto (ríe). Y el voto es normal, lo que no es normal es la violencia y la prepotencia que se está viviendo. Escuchar qué quiere un pueblo está bien, y a partir de ahí, dialogar. Pienso que Rajoy y Mas deberían estar dialogando todos los días. Pero el gran problema de España no es la consulta, es su fractura social.
-Asegura que no busca hacer nuevos creyentes, ¿entonces?
-Lo que intento es vivir el Evangelio, anunciar la buena noticia del Evangelio y contagiar su esperanza. Yo no voy a adoctrinar a nadie, el trabajo es de Dios y del espíritu y cada uno debe ser fiel a su conciencia. Si mi mensaje ayuda a que la gente esté un poco mejor, estaré contenta. No somos nosotros los que tenemos que hacer, sino Dios a través nuestro. Nuestros objetivos siempre terminan siendo egoístas: ser multitudes y que vengan conmigo. No. Tenemos que ponernos la camiseta de la humanidad y vivir con generosidad, con la fe que cada uno tiene.
-Usted ha conseguido emocionar al propio Risto Mejide...
-Eso es lo que dice..., pero cuando uno habla con el corazón y con vivencias, es lo que emociona. Yo sólo soy un canal. Lo importante es que él sintonice con mi causa.
-¿De aquí a papisa?
-¡No, yo quiero ser monja! Que pase la crisis y poder dedicarme más a la vida contemplativa.
-¿Cómo sabe usted que Dios es argentino también?
-Porque nos hace varios guiños (ríe). Bueno, esto va más allá del sentido del humor (ríe). Dios asume la naturaleza, país y nación de cada uno que intenta construir un mundo mejor.
-También en medio mundo está arrasando ahora sor Cristina, la monja cantante.
-Sí, es brutal, un diez. Una de las cosas que nos lleva a Dios es la belleza y el arte. Y ella tiene mucha potencia para contagiar a la gente.
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