"Me dijo que el coche venía ya de camino y que él tenía que cobrar"

Un joven al que Carlos Javier, el estafador que se montó una secta satánica, vendió un Mercedes que nunca llegó, relata cómo lo engañó y le sacó 36.000 euros

Los coches que le han sido requisados al conocido estafador en el chalé de Chiclana.
Los coches que le han sido requisados al conocido estafador en el chalé de Chiclana.
Rosa Romero / Cádiz

20 de octubre 2009 - 05:01

"Vendía la moto mejor que nadie". A una de las víctimas a las que estafó en San Fernando, en el concesionario que tenía abierto y que publicitaba en las calzonas del Cádiz C.F., Autos Desi, no le ha sorprendido cómo ha acabado. Sí quizás la parafernalia satánica de la que se ha rodeado ahora, aunque le cree más que capaz. "Era un tipo muy simpático, siempre estaba de buenas y conseguía 'llevarte al huerto'". A él desde luego que lo llevó, hasta el punto de que llegó a pagarle 36.000 euros por un Mercedes que nunca llegó de Alemania.

La historia de cómo este joven llegó a convertirse en otra víctima más de Carlos Javier R.L. es "rocambolesca". Es él mismo el que utiliza el término. Porque todavía no se explica cómo llegó a caer, pese a las 'precauciones' tomadas. "Ví su anuncio en el Cambalache. Y como se anunciaba con el Cádiz y mi abogado es también el del equipo, pregunté y me dijeron que no había problemas". Además, estaban los 'ganchos', su mujer de entonces y su hija por allí, "y los que contaban que le habían comprado un coche y estaban contentos".

Él se decantó por un Mercedes, Carlos Javier le dio el número de bastidor. Contactó con la casa, donde le comunicaron que el número coincidía. Llegaron los papeles, todo con apariencia legal, la señal, el contrato y hasta la factura proforma para el leasing que él negoció con el banco.

"Me dijo que el coche venía de camino, y que él tenía que cobrar. Me citó para recoger el coche y el coche no estaba". A él le entraron los nervios, pero Carlos Javier seguía como siempre, tranquilo, fanfarrón, de apariencia muy desaseada, con cadenas de oro al cuello pero siempre "con mucha labia", dando largas y quitando hierro.

Juerguista, lo de que al que madruga Dios le ayuda, no iba ya con el que acabaría proclamándose verdadero hijo de Satán: nunca llegaba al concesionario antes de las doce. Y revelador: como en el chalé de Chiclana, " tenía cámaras de vigilancia". Al final, le dio un pagaré. Por supuesto sin fondos.

Y denunció. Él es uno de los 15 casos de estafa que la Policía le tiene contabilizados en San Fernando. Los que le llevaron a prisión, hasta que lo dejaron salir, a la espera de juicio. Y Carlos Javier cambió las cadenas de oro por el amuleto de la cuerda y el trozo de corazón de animal sacrificado y se afincó en Chiclana, donde, con la paraguaya que empezó a salir, acabó en la calle Buitre, junto a Los Gallos, esclavizando a víctimas bajo la amenaza de que el Diablo los mataría. "Al fin y al cabo, lo mío es sólo dinero", se congratula el comprador del Mercedes que nunca llegó.

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