Provincia de Cádiz Coronavirus Cádiz: Una desescalada controvertida

  • Responsables de clubes gaditanos se congratulan de que finalmente los niños puedan salir a espacios abiertos, en vez de a supermercados o farmacias, y retomar así alguna actividad física

Los parques infantiles, como el de la imagen en la capital gaditana, permanecen cerrados desde mitad de marzo.

Los parques infantiles, como el de la imagen en la capital gaditana, permanecen cerrados desde mitad de marzo. / D.C.

El mejor deportista español de todos los tiempos, Rafa Nadal, se quejó hace pocos días, sin estridencias, porque las restrictivas normas del estado de alarma motivado por la crisis del coronavirus le impiden desde hace ya más de cinco semanas entrenar en una pista de tenis, cuando resulta que las propias características de esta disciplina implican que prácticamente no existe contacto entre las personas. El golf, el ciclismo o la simple carrera a pie, por citar algunas, son otras modalidades que no requieren de más compañía que uno mismo. Sin embargo, el confinamiento ha sido la regla general, con las excepciones ya conocidas por todos, y en modo alguno ha contemplado una vía de escape para la práctica del deporte.

Ahora, la llamada desescalada que empezará a producirse el próximo lunes 27 del presente mes de abril, con especial atención a que los menores de 14 años puedan salir algo a la calle, suscitó este martes todo tipo de críticas. En principio la idea era que los niños sólo podrían abandonar su cautiverio acompañados de un adulto y para ir a los mismos sitios a los que puede ir éste: supermercados, farmacias, cajeros… Y aquí, como era de esperar, surgió la polémica.

El distanciamiento social, responsabilidad de los adultos para evitar nuevos brotes

¿Acaso es más sano para un niño que no ha visto la luz de sol durante mes y medio meterse en un local en el que el foco de infección está por cualquier sitio antes que disfrutar media hora o una hora en un espacio abierto, un parque, una pista deportiva? Ello, por supuesto, respetando las normas de distanciamiento social e higiene.

El sentido común, como suele ocurrir en estos casos, debe imperar para tomar las decisiones más correctas, con determinación, rigor, prudencia y responsabilidad. Pero también con flexibilidad. Un pequeño sin mascarilla y sin guantes junto a un carrito de la compra estará seguramente más expuesto al Covid-19 que en el columpio de un parque o cualquier otro espacio abierto, sobre todo si los progenitores cuidan muy mucho que no se relacionen con otros niños y se hace un uso adecuado de las soluciones hidroalcohólicas y el permanente lavado de manos.

Más allá de la opinión que puedan esgrimir los afectados (padres, madres e hijos), los responsables de clubes gaditanos de diversos deportes que cuentan en sus filas con jóvenes canteranos coinciden al poner en valor las bondades de la actividad física para los más pequeños, la conveniencia de incluir en la desescalada la posibilidad de que retomen el contacto con el juego en espacios abiertos, compatibilizándolo, claro está, con la imperiosa necesidad de mantener los buenos hábitos que contribuyen a la lucha contra la propagación del coronavirus.

El asunto resulta espinoso, sin duda. Tanto que los protagonistas de las opiniones pulsadas prefieren mantenerse en el anonimato. No está el horno para bollos.

Los buenos hábitos en la higiene y el lavado de manos, otro aspecto que se antoja vital

Convendría que en las próximas horas, antes del inicio de la desescalada, se matice con todo lujo de detalles y sensatez lo que se puede y no se puede hacer, porque de lo contrario se pueden dar situaciones rocambolescas. Niños a los que se permite entrar en farmacias, a las que desde luego acuden personas enfermas, pero que tienen prohibido pisar un parque infantil. Niños paseando por la calle, expuestos a tocar cualquier farola, una papelera, pero que igual no pueden disfrutar de la instalación deportiva que tienen frente a su casa. Todo muy disparatado.

Si nadie lo remedia y no se contempla la enorme casuística, se vivirán esperpentos como que un niño disponga de algún tipo de instalación deportiva en su propia urbanización y no pueda disfrutar de ella -siempre respetando las normas de distanciamiento social e higiene-, pero sí pueda transitar por los pasillos del supermercado y tocar todas las estanterías.

A la espera de que los dirigentes políticos concreten qué se permitirá y qué no, lo que parece seguro es que la limpieza tendrá que extremarse más si cabe ahora que los menores de 14 años regresarán a la calle. Potencialmente son los más propagadores aunque paradójicamente sean los menos afectados por la pandemia.

Y ahora que finalmente se abrirán las puertas de zonas al aire libre y públicas (o privadas pero comunitarias) para que los más pequeños puedan aprovechar de verdad esos minutos de libertad recuperada, los ayuntamientos (o los administradores, en el caso de las urbanizaciones) tendrán mucho que decir en lo que se refiere al cumplimiento de sus obligaciones en materia de limpieza.

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