El bailaor Eduardo Guerrero pone en valor a las cobijadas de Vejer en 'El manto y su ojo'
Para el artista la vida se ha vuelto espectáculo de consumo, donde el algoritmo y las pantallas absorben la atención, y reivindica el sueño que emerge en esta pieza como lugar de resistencia y regeneración
El bailaor Eduardo Guerrero pone en valor a las cobijadas de Vejer de la Frontera en su nuevo espectáculo 'El manto y su ojo', en el que se enfrenta a un mundo "hipervisibilizado, gobernado por el algoritmo".
Con 'El manto y su ojo', Guerrero recupera la figura de las cobijadas de Vejer de la Frontera, mujeres que se ocultan bajo un manto y solo dejan al descubierto uno sus ojos, una tradición con raíces castellanas de los siglos XVII y XVIII vinculada a los oficios religiosos, una vestimenta habitual en bodas, funerales y aún presente en procesiones, que a pesar de su aparente sobriedad esconde adornos delicados.
"Siempre me gusta tener a la mujer presente, tienen poder dentro de mis espectáculos; es un sello de identidad que me hace sentirme muy cómodo", ha detallado a Efe Eduardo Guerrero, que ha recordado que su abuela le regaló sus primeros zapatos de baile.
El bailaor ha contado que su primera maestra fue una mujer y que he trabajado con directoras como Rocío Molina y Eva Yerbabuena.
Guerrero ha recurrido al folclore andaluz, guiado por el pensamiento de María Zambrano, para expresar la necesidad de recogimiento, de refugio interior, frente a la exposición constante de imágenes hiperproducidas "cuando lo interesante de las personas es lo que va dentro".
El bailaor representa un sueño simbólico en el que un grupo de mujeres alumbran a un niño que comienza andar en lo que él describe como una alegoría flamenca sobre la urgencia de "volver a sentir, de perderse, de asombrarse".
Para Guerrero la vida se ha vuelto espectáculo de consumo, donde el algoritmo y las pantallas absorben la atención, y reivindica el sueño que emerge en esta pieza como lugar de resistencia y regeneración, con una dramaturgia simbólica.
"Me abandono de una manera mística y recorro etapas de mi infancia para buscar mi expresión desde la raíz del flamenco" hasta llegar a lo más contemporáneo, con imágenes muy potentes, como cuando casi parece un Cristo yacente, una reencarnación de él mismo siendo niño, luciendo una camiseta de tirantes como en su primera comunión y unas botas doradas.
"Es la pieza más autobiográfica que tengo, representa quién soy y cómo me doy cuenta de que nazco en un teatro", desvela el artista gaditano, que introduce el recuerdo más artístico y más personal que tiene: vestirse de comunión, un acontecimiento para el que lució un traje de bailaor.
"Ese es mi primer recuerdo como artista", rememora, por eso elige en el escenario unos zapatos dorados "mágicos, como los de 'Alicia en el país de las maravillas'".
Tradición y vanguardia, realidad y sueño, símbolos que el bailaor suma al universo flamenco.
El zapateado firme y portentoso de Guerrero estará presente del 23 al 25 de enero en los Teatros del Canal de Madrid, donde se acompaña de la guitarra de Pino Losada, que firma la música con Luis de Perikín, y seis cantaoras que dan voz a 'las cobijadas'.
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