El accidente del ferrobús Cádiz-Sevilla, otro siniestro ferroviario que tocó de lleno el corazón de la provincia en 1972
El siniestro dejó 86 muertos al chocar el ferrobús con el expreso de Madrid entre las poblaciones de Lebrija y El Cuervo
Accidente ferroviario en Adamuz: última hora del siniestro
El descarrilamiento de dos trenes de alta velocidad en el término municipal de Adamuz (Córdoba) este domingo, en el que al menos 39 personas han muerto y un centenar han resultado heridas, es el cuarto siniestro ferroviario más grave registrado en España. Uno de los más trágicos ocurrió en 1972 y tocó de llenó a la provincia de Cádiz. Sucedió cuando el ferrobús 320 que cubría la línea entre Cádiz y Sevilla chocó con el Expreso Madrid-Cádiz 224 en un punto situado entre las localidades de Lebrija y El Cuervo. El siniestro se cobró la vida de 86 personas, entre ellos unos 40 infantes de Marina destinados en la Zona Marítima del Estrecho y que habían salido de permiso, subiéndose en la estación de San Fernando para disfrutar de esos días. Hubo además unas 150 personas heridas.
Un accidente de las 7:30 de la mañana
Este grave accidente tuvo lugar el 21 de julio de 1972, a las 7:30 horas de la mañana, en el kilómetro 86,200 de la línea de ferrocarril de Sevilla-Cádiz, en el lugar denominado Paso de la Mohina, entre las fincas La Quincena y La junquera, entre los términos municipales de Lebrija y El Cuervo (Sevilla).
El Expreso de Madrid arrolló al ferrobús que cubría la línea de media distancia entre Cádiz y Sevilla. Ambos circulaban en direcciones contrarias por la misma vía, por la única vía, a una velocidad aproximada de unos 90 kilómetros por hora. El violento impacto ocurrió a la altura de la finca de La Junquera, situada a tres kilómetros de la pequeña estación de El Cuervo y a siete de la de Lebrija. Murieron 86 personas, la mayoría de ellas de manera instantánea; todas, menos una, ocupantes del ferrobús. Hubo más de 150 heridos.
Un accidente inexplicable
Aunque ese mismo día Renfe emitió un comunicado explicando lo sucedido, en realidad lo sucedido sigue a día de hoy siendo bastante inexplicable. Cada jornada el ferrobús procedente de Cádiz realizaba una maniobra de manera rutinaria cuando llegaba a la estación de El Cuervo. Se detenía en la vía secundaria y los ocupantes se bajaban a tomar un café en una ventanilla cercana a la espera de que pasara el Expreso procedente de Madrid. De hecho, la razón de ser de la estación de El Cuervo, poco más que una caseta con un pequeño apeadero, era básicamente esa. Situada a más de dos kilómetros de El Cuervo, todavía en el término municipal de Jerez, apenas era utilizada por los habitantes de lo que por entonces era una pedanía de Lebrija. Su utilidad se limitaba casi exclusivamente a su vía muerta, la que permitía dar paso al Expreso. Y esto siempre era así. Menos el 21 de julio de 1972.
Aquel día, el maquinista del ferrobús no paró en El Cuervo y se encaminó directamente hacia el Expreso. En el comunicado de Renfe se aseguraba que el ferrobús había pasado los controles y que tanto el maquinista como el ayudante también habían superado los exámenes médicos. También se hablaba de un error humano en las señales entre el maquinista y el jefe de estación, o mecánico con los semáforos. Lo cierto es que las medidas de seguridad eran muy precarias en la época y, una vez pasado El Cuervo, ya no se pudo avisar al maquinista del ferrobús.
En el informe oficial se decía que no hubo fallo técnico ni humano, y se detallaba que los dos trenes pudieron hacer uso de sus frenos, y consiguieron aminorar su velocidad. Pero no pudieron evitar el trágico choque frontal.
La prensa de la época recordaba escenas aterradoras
La prensa de la época hablaba de escenas aterradoras en el segundo y tercer vagón del ferrobús, entre cuyos hierros y chapas retorcidos gemían docenas de personas. Testigos del accidente fueron unos labradores del cortijo La Junquera que estaban recogiendo remolachas y al oír la colisión acudieron y presenciaron la dantesca imagen: la máquina Diesel del expreso había engullido prácticamente dos unidades del tren autoligero. Desde fuera se oían los gemidos y los gritos de las víctimas que aún podían quejarse. Un joven labrador dio la alarma trasladándose a una venta próxima.
Entonces también hubo una gran colaboración de los vecinos de El Cuervo y Lebrija, que se sumaron a las fuerzas de socorro que acudieron desde puestos civiles y militares. Las crónicas hablan de que prácticamente todas las ambulancias de Sevilla, Cádiz y Jerez acudieron al lugar de los hechos, mientras las emisoras de radio no cesaron de pedir donantes de sangre.
Pronto se supo además que todas las víctimas del accidente eran pasajeros del ferrobús, a excepción de un funcionario de Correos que murió en el vagón dispuesto para este servicio en el Expreso. Las labores de rescate de los heridos aprisionados, además, resultaron de una gran dificultad, al no poderse utilizar sopletes por haber gasoil derramado por todas partes.
Un documental de Diputación recuerda la tragedia
El servicio de vídeos de la Diputación de Cádiz editó el 2022 un documental con motivo del 50 aniversario del accidente. En 'El lamento de El Cuervo'. e recogen testimonios de supervivientes, familiares de víctimas, personas que participaron en el rescate, así como conocedores del mundo ferroviario que tratan de explicar cómo se produjeron los hechos. El documental cuenta además con algunas imágenes inéditas de aquella jornada que ha marcado la historia de estos dos pueblos, Lebrija y El Cuervo, que, por entonces, eran sólo uno.
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