"Sufrí alucinaciones y paranoias, no sé qué fue real en la noche de la pelea"

El acusado de agredir a su compañero de piso con una estaca en La Línea en 1992 dice que le echaron LSD en la bebida

Julia Alarcón Cádiz

27 de octubre 2016 - 05:01

El juicio al acusado de agredir a su compañero de piso con una estaca en repetidas ocasiones en La Línea en 1992 quedó ayer visto para sentencia en la Audiencia Provincial.

El procesado, de nacionalidad británica, explicó al tribunal de la Sección Cuarta que la noche del 7 de agosto de 1992 salió de copas solo por la localidad y que le ofrecieron droga, en concreto LSD, sustancia que él rechazó. Sin embargo, afirmó que tuvieron que echarle "algo" en la bebida en contra de su voluntad, porque no recuerda nada del incidente. "Sufrí alucinaciones y paranoias, no sé qué fue real en la noche de la pelea. De hecho, me di cuenta de lo ocurrido al día siguiente, en comisaría", testificó.

A preguntas del fiscal, el acusado declaró que golpeó a su compañero de piso en dos ocasiones, una en el costado y otra en el hombro, si bien cuando fue interrogado por la acusación particular, admitió que le había pegado en la cabeza.

Asimismo, el supuesto agresor aseveró que en el momento de la trifulca pensaba que su compañero estaba despierto -y no dormido como sostiene el fiscal- porque lo escuchó reír en el salón del piso que compartían.

A modo de conclusión, el procesado volvió a insistir en que su percepción de la realidad aquella noche estaba mermada y que si apaleó a su colega "nunca fue con la intención de acabar con su vida. Por supuesto que no. Tengo 60 años y no he vuelto tener ningún altercado con nadie".

De otra parte, la víctima -también británica- señaló que el acusado y él tenían una buena relación, que el día de los hechos salieron juntos de bares y que ninguno estaba especialmente bebido.

"Lo último que recuerdo de esa noche es que llegué a casa, puse música y me quedé dormido en el sofá. Mi siguiente recuerdo es de un mes después, tras salir del coma. Iba en ambulancia camino del aeropuerto para ser intervenido en Reino Unido", manifestó.

El agredido enumeró al tribunal las secuelas que aún hoy sufre a raíz del ataque: memoria débil, vista parcial, episodios de epilepsia, movilidad reducida, deterioro físico progresivo y problemas sociales. Además, dijo que empleó entre cinco y siete años en aprender a hablar de nuevo.

El fiscal imputa al procesado un delito de homicidio en grado de tentativa y solicita 14 años de prisión. La acusación particular califica los hechos de intento de asesinato y pide 17. Ambas acusaciones plantean el pago de una indemnización al favor del agredido.

Durante la celebración de la vista, tanto el acusado como la víctima requirieron de la ayuda de una intérprete, que tradujo simultáneamente sus declaraciones.

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