Crónica de un exilio

Albert Boadella charla con Alfonso Armada y Arcadi Espada de su obligada huida de Cataluña como muestra de la relación entre la noticia y el espectáculo

Alfonso Armada, en un momento de su intervención, en compañía de Arcadi espada y Albert Boadella.
Alfonso Armada, en un momento de su intervención, en compañía de Arcadi espada y Albert Boadella.
Pedro Ingelmo / Chiclana

17 de septiembre 2010 - 05:01

"Entre salvar la vida de un hombre y de un animal, siempre salvaría la vida de un hombre, a no ser que este hombre fuera Albert Boadella". Esta frase está escrita por un columnista en El periódico de Catalunya y es citado por el propio Albert Boadella, fundador de Els Joglars, uno de los hombres de teatro más relevantes de los últimos 40 años, en un libro de significativo nombre: Adiós, Catalunya. Boadella es un exiliado. Podría no serlo, es cierto, podría caminar por el Paseo de Gracia, como relató Arcadi Espada ayer en el Teatro Moderno de Chiclana, "y nadie le mataría, incluso nadie le golpearía, pero habría que fijarse en las miradas de las mujeres que comen pasteles en las cafeterías, habría que leer los labios de los que se cruzan con él, habría que escuchar el grito de uno que le llama fascista y apostar a que ese paseo no acabaría sin un certero lapo en su cara".

Boadella, Arcadi Espada y Alfonso Armada, "un periodista escrito que escribe, aunque parezca increíble", se reunieron para hablar de la relación entre la noticia y el espectáculo, aunque derivó esencialmente, porque así lo decidieron los tres y lo aceptó el numeroso público presente, en la peripecia de Boadella. Y es un caso significativo. Boadella reconoce que "he aprendido a hablar con titulares". No ha habido una sola presentación de una nueva obra que no sea una escenificación ante los medios. De hecho, el día que presentó su libro Adiós Catalunya, hace unos años, citó a los medios en una golondrina, una embarcación típica del puerto barcelonés. Allí contó lo que tenía que contar y, una vez terminado, la prensa abandonó la golondrina... y él zarpó. Adiós, Cataluña. Desde Dalí, dijo Espada, nadie ha dominado el lenguaje con los medios con Boadella. Ofrecer espectçáculo.

Y por eso Boadella agradece lo que los medios le han dado, pero también han sido los medios los que, en cierto modo, han forzado su exilio en una Cataluña con un aire viciado por un catalanismo fanático. "Yo he perdido, lo reconozco. Ayer mismo ofrecí una rueda de prensa en Las Ventas para presentar el libro que he escrito con Sánchez Dragó. Dije que de joven no me gustaban los Beatles porque llevaban el pelo largo, lo que podía parecer un poco facha. El titular de un periódico barcelonés hoy es: Boadella dice que siempre ha sido un poco facha".

Armada acota bien cuando recuerda que "el medio lo que hace es ratificar la sospecha del lector. Si lo hace, el medio es estupendo, pero si lleva la contraria a esa sospecha del lector, éste se rebelará contra el medio. El medio tiene que confirmar el propio espectáculo del mundo que tiene creado el lector". En el caso de los periódicos catalanes, no se ha tratado tanto de un acoso y deribo, sino de desproteger al artista de unos poderes públicos omnipresentes que le enfilaron cuando en sus apariciones-espectáculo denunció hacia dónde se encaminaba Cataluña. Quizá su pecado mortal se remonta a su sátira de Jordi Pujol, lo que se tomó como un ataque a todos los símbolos del catalanismo. "No me ven como a un enemigo, me ven como a algo peor. Me ven como uno de los suyos que ha abandonado la senda de la secta. Me ven como a un traidor".

Y esto ha podido parecer muy dramático, como corresponde a los hombres de teatro, pero también es justo decir que el gamberro Boadella lo c cuenta con una sonrisa en los labios.

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