Cien años de Aviación Naval

El SEXTANTE DEL COMANDANTE

Con todos los honores. Felipe VI presidirá estos días en Rota el primer siglo de vida de una institución alada que ha dado muchas alegrías a la Armada y que se enfrenta a un futuro incierto

El SH-3D 'Sea king' es el mejor helicóptero antisubmarinos de la historia.
El SH-3D 'Sea king' es el mejor helicóptero antisubmarinos de la historia.
Luis Mollá Ayuso
- Capitán de navío

10 de septiembre 2017 - 02:14

El 15 de septiembre de 1917 Su Majestad el Rey Alfonso XIII firmaba el decreto de creación de la Aviación Naval. Cien años después, su bisnieto Felipe VI se dispone estos días a refrendar con su presencia en Rota el primer centenario de esta ilustre institución alada.

La Aviación Naval nació al rebufo de la Militar con el fin de actuar conjuntamente contra los moros del Rif, en aquellos momentos uno de los principales problemas del país. Los primeros aparatos fueron seleccionados por el enérgico capitán de corbeta Pedro Cardona entre los aviones que habían brillado en los cielos de Europa en la Gran Guerra. La matanza de Annual en 1921 impulsó al Gobierno a actuar decididamente en la zona y el Desembarco de Alhucemas, en septiembre de 1925, puso fin al sangriento problema, destacando especialmente en esta operación militar el portahidros Dédalo y su aviación embarcada. Solucionada la cuestión de África, la Aviación Naval pareció convertirse en un lastre. En 1929 el aeródromo del Prat, en Barcelona, escuela y base principal de la institución, fue cedido a la ciudad que celebraba ese año su exposición universal, mudándose los marinos aviadores a San Javier, en Murcia. Un año después causaba baja el servicio de aerostación y en 1935 cesaba su actividad el viejo Dédalo. En el momento de estallar la Guerra Civil, la Aviación Naval contaba con 131 aparatos, 82 pilotos y unos 500 hombres. Cuando en 1939 se creó el Ejército del Aire, las bases, los aviones y los hombres pasaron al nuevo ejército y la Aviación Naval entró en un túnel oscuro del que no saldría hasta 1954.

En este año, con la ayuda militar norteamericana llegaron a España tres helicópteros Bell-47G, que constituyeron el embrión del Arma Aérea de la Armada actual. Su base inicial fue Marín, en los terrenos de la Escuela Naval, pero en 1957 dio el salto a Rota, donde en rápida sucesión fueron llegando helicópteros y aviones de todo tipo; con los primeros, fundamentalmente antisubmarinos, los americanos se aseguraban el seguimiento de los sumergibles soviéticos que atravesaban el Mediterráneo en dirección al Estrecho de Gibraltar. Mención especial merece el helicóptero SH-3D, SeaKing, probablemente el mejor helicóptero antisubmarino de todos los tiempos, que en combinación con los aviones de patrulla marítima estacionados en Jerez establecieron una infranqueable barrera antisubmarina y significaron la principal aportación nacional a la Guerra Fría.

El 20 de diciembre de 1967 resultó una fecha emblemática en los anales de la Aviación Naval, pues ese día llegaba a Rota el portahelicópteros Dédalo, alrededor del cual se habría de formar un Grupo Aeronaval en el que empezaron a formarse en la guerra naval moderna las dotaciones de vuelo de la Armada. En 1973, con la llegada del primer avión de despegue vertical (VSTOL), el Harrier AV-8A Matador, el Grupo Aeronaval extendió considerablemente sus tentáculos operativos. Más tarde, con la llegada en 1987 del Harrier AV-8B Plus y la entrega a la Armada un año después del portaaviones Príncipe de Asturias, el salto cualitativo lo situó a la cabeza de este tipo de agrupaciones en Europa. Raro era el ejercicio aeronaval de la OTAN en el que nuestros aviones del Príncipe no sorprendían a sus homólogos del Invencible o del Garibaldi. Y si en los primeros años de la Aviación Naval fue el empuje del capitán de corbeta Cardona lo que consiguió consolidar tan novedosa arma, en la segunda fase fueron el impulso y el tesón del capitán de fragata Ninín Suanzes los que llevaron a la Aviación Naval a renacer de sus cenizas y situarse como el arma de proyección naval más importante de cuantas se disputaban los mares y cielos europeos.

Volviendo a los helicópteros y sus dotaciones de vuelo, además del adiestramiento para el desempeño de su misión, hasta la creación de la actual Sociedad de Salvamento Marítimo en 1993, eran los helicópteros de la Armada los que soportaban esta responsabilidad en aguas próximas al Estrecho de Gibraltar o en un radio razonable del Grupo Aeronaval cuando el portaaviones se encontraba navegando. Son cientos los testimonios de gratitud recibidos en Rota, desde pescadores agradecidos a buques perdidos o averiados pasando por toda suerte de náufragos. Por poner un ejemplo, en junio de 1990 un buceador del Sirius, buque de la organización ecologista Greenpeace, se enredó con unas redes de pesca a 200 millas de Finisterre y tuvo que emerger a toda prisa y sin poder llevar a cabo la pertinente descomprensión. Resultó que el Príncipe de Asturias se encontraba a 160 millas, demasiada distancia para ir, operar y regresar, pero el piloto se confabuló con el comandante del barco para que pusiera rumbo a la emergencia a máxima velocidad y entre unos y otros el rescate pudo realizarse al límite del combustible y el buceador fue llevado a una cámara de descomprensión en Ferrol, salvando de ese modo la vida sin secuelas. Por cierto, el padre del chico se deshizo en agradecimientos a la Armada y sus dotaciones, pero del propio buceador y de la organización ecologista todavía se espera algún tipo de reconocimiento.

Con el Juan Carlos I como plataforma fundamental, el presente de la Aviación Naval es halagüeño, pero la crisis la ha golpeado con fuerza y algunos aparatos comienzan a quedarse obsoletos y precisan renovación. Más allá de la escuadrilla de drones, que ya funciona a pleno rendimiento, la apuesta de futuro en cuanto a helicópteros es el NH-90, un modelo versátil del que en 2006 se encargaron 45 unidades a repartir entre los tres ejércitos, once de ellos para la Armada, pero las apreturas económicas de tres años después obligaron a un nuevo contrato a la baja en el que la Armada fue la gran olvidada. Toca esperar. En cuanto al avión de despegue vertical, la situación es más complicada, ya que del consorcio de países que operan el Harrier (Estados Unidos, Italia y España), los dos primeros se han decidido por la versión VSTOL del F-35, por lo que en unos años España se quedará sola y presumiblemente no podrá seguir con el programa, aunque difícilmente podrá optar al F-35 debido a su alto coste.

Así están las cosas cuando se cumplen cien años de Aviación Naval. Un futuro incierto, aunque los esfuerzos de un siglo de trabajo duro y el empuje de los 102 compañeros caídos constituyen la mejor garantía para remontar con energía una situación difícil, y que la Aviación Naval continúe sirviendo a España como lo ha venido haciendo a lo largo de todo un siglo.

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