Centinelas del patrimonio histórico

La labor del Eprona ha sido clave para dar un golpe al tráfico ilegal de piezas arqueológicas

"El 80% de los museos provinciales no tiene lo que incautamos a este matrimonio", aseguran

José María García, sargento del Eprona, posa con un caimán disecado intervenido en una operación.
José María García, sargento del Eprona, posa con un caimán disecado intervenido en una operación. / Fito Carreto
Pedro M. Espinosa

Cádiz, 26 de noviembre 2017 - 10:51

Un auténtico tesoro. Las miles de piezas arqueológicas recuperadas por la Guardia Civil habrían alcanzado en el mercado negro un valor que se afanan por determinar todavía los técnicos de la Delegación de Cultura y del Museo Provincial. Muchas de ellas aún siguen amontonadas en sacos para ser enviadas como pruebas al juzgado de Mulas (Murcia) que lleva el caso. Le hacen compañía en las oficinas que el Eprona tiene en el cuartel de la Benemérita de El Puerto de Santa María junto a un lince ibérico disecado recuperado en otra operación. Porque el Eprona es algo así como la Unidad Orgánica de Policía Judicial del Seprona, la que se encarga de investigar tramas tan complejas como la que acabó con un matrimonio de San Fernando detenido e investigado por poseer un auténtico museo ilegal en su propio domicilio. Los agentes consideran que estas dos personas no actuaban solas sino en connivencia con una red de piqueros, que con detectores de metales han ido esquilmando diferentes zonas de la provincia de Cádiz hasta atesorar una cantidad de piezas arqueológicas que no dudan en calificar como "la colección privada más importante que nos hemos encontrado nunca".

Los agentes reconocen que cuando recuperaron los tres principales maletines que contenían las piezas más valiosas, y que abarcaban de la época fenicia a la Primera República, tuvieron que reclamar la ayuda de los técnicos de Patrimonio y de la conservadora del Museo Provincial para guiarlos. "El 80% de los museos provinciales no cuenta con las piezas que este matrimonio tenía en su poder. Estamos ante una colección muy importante", decía el sargento García. Su impresión es ambiciosa. "Yo creo que desde el hallazgo del pecio del Nuestra Señora de las Mercedes por parte de los cazatesoros del Odyssey no se había hecho nada igual. Todavía llevará un buen tiempo darle un valor económico".

Como ya se dijo en la rueda de prensa en la que se ofrecieron detalles de la operación, los dos investigados no guardan relación con el mundo de la arqueología, pero la Guardia Civil piensa que "sí que sabían lo que tenían entre manos. Pudiera ser que contaran con el asesoramiento de algún experto en una organización dedicada a la búsqueda de este tipo de objetos".

Las nuevas tecnologías han supuesto un boom para el mercadeo de este tipo de antigüedades, aunque no sólo para ellas. Porque internet es el lugar donde todo se vende, donde todo se compra, desde monedas romanas a animales exóticos, algo que también vigilan los miembros del Eprona. "Se venden desde loros raros hasta animales muy venenosos, como tarántulas, serpientes, escorpiones. Y también especies de flora protegidas. Es complicado tanto su detección como desarrollar la investigación", dicen los agentes. En muchos casos los cuerpos de seguridad del Estado se topan con los formulismos, con las leyes que velan por el derecho a la intimidad o el honor, por lo que conseguir mandamientos judiciales de registros en domicilios son complicados, a menos, como en este caso, que las pruebas sean irrefutables.

Para evitar el tráfico ilegal de animales los agentes consideran que sería necesario dotar de una especie de documento de identidad a cada ejemplar.

En el laboratorio que el Eprona tiene en el mismo acuartelamiento de El Puerto hay desde grandes caparazones de tortuga boba, uno de ellos pintado con el escudo del Betis y requisado en una peña de Sanlúcar, hasta caimanes o búhos disecados y trampas de todo tipo.

La vigilancia de los agentes del Eprona también abarca hasta los zoológicos, aunque reconocen que es precisamente en estos equipamientos donde encuentran una mayor colaboración. "Tienen toda la documentación en regla y de manera transparente. Nos ayudan a la recuperación de animales y nunca recepcionan animales que puedan dañar a los que ya tienen asentados en sus instalaciones". Porque puede ocurrir, sobre todo con las aves exóticas, que algunas traigan enfermedades y puedan contagiar a la población ya existente.

El Eprona está formado por un sargento y cinco agentes, que tienen ante sí la difícil tarea de dar servicio a toda la zona de la provincia que queda fuera del área de influencia de la Comandancia de Algeciras. Su trabajo también consiste en vigilar que se cumpla la legalidad en materia fitosanitaria, medioambiental y, por supuesto, urbanística. "La disciplina urbanística ha brillado por su ausencia en localidades como Chiclana o El Puerto durante años. Antes del estallido de la crisis económica las casas afloraban como los champiñones, de hecho se hablaban de miles de casas ilegales. Ya no hay tantas ilegales porque se han ido regularizando muchas".

El Eprona tuvo una gran importancia en la Operación Pandora, que se encargó de desarticular una red organizada que introducía medicamentos veterinarios ilegales. Este tipo de productos representa un gran peligro tanto para los propios animales a los que se los suministran como para las personas que los manipulan.

Las falsificaciones alimenticias también son otro campo de batalla de esta unidad del Instituto Armado. "A veces nos topamos con establecimientos que venden productos cuyas etiquetas están en diferentes idiomas. No sabemos como puede haber gente capaz de comprar eso sin saber lo que es realmente", dicen desde la Guardia Civil. Aún extraña más al comprobar que, por ejemplo, los restaurantes están obligados por ley a contar con una carta de alérgenos en la que se advierte a quienes tienen problemas de alergias qué alimentos no pueden consumir.

El Eprona se encarga de vigilar igualmente las ferias de primavera que se celebran en la provincia. En alguna ocasión reconocen que han detectado auténticas barbaridades, con carnes mal conservadas que pasaban en muchos meses su fecha de caducidad, o alimentos que van pasando de feria en feria hasta que finalmente tienen la suerte de ser consumidos. Porque hay casetas que cumplen con toda la legalidad vigente pero otras que son mucho más laxas en este aspecto. Por eso hay que estar vigilantes.

stats