"Ahora los clientes hablan más de cocina que de política"
El Rincón de El Puerto es una representación a pequeña escala de la sociedad portuense Funcionarios, profesionales y parados "arreglan el mundo" a diario
El bar El Rincón de El Puerto acoge en su interior cada día a una fiel representación, a pequeña escala en sus escasos 60 metros cuadrados, de lo que es la sociedad portuense. Ubicado en la frontera entre el centro y el Barrio Alto, entre las calles Cielo y Santa Clara, atiende desde primera hora de la mañana hasta su cierre ya de noche a una variopinta clientela en la que se dan la mano los funcionarios de varias administraciones (Delegación de Hacienda, Diputación Provincial o Ayuntamiento) hasta profesionales liberales, pasando por amas de casa, pensionistas y desempleados.
Un cartel bien visible desde la entrada prohíbe el uso del Whatsapp. "Hablen entre ustedes", reza el rótulo, y efectivamente así es. Las conversaciones se suceden aunque en función de la hora varían de formato. A la hora de los desayunos cada cual va más a lo suyo y se conversa en pequeños grupos, mientras que las grandes tertulias quedan más bien para la hora del aperitivo y los más habituales del local, con los que su propietario, Paco, ya ha ganado confianza a fuerza de años y experiencias.
Lógicamente las conversaciones sobre la política y los políticos son inevitables, y más en plena campaña electoral. La chispa para una conversación puede surgir de un informativo de televisión o de las páginas del Diario. Pero pese a lo que pudiera pensarse por la inminencia de los comicios y los rifi-rafes que protagonizan a diario los políticos, no es este el asunto que centra los más apasionados debates en el bar. Tampoco el fútbol. Paco lo tiene muy claro y así lo explica. "Ahora los hombres hablan de cocina. Como esté Arguiñano en la tele y esté haciendo un plato de los suyos enseguida empiezan los clientes a decir pues yo lo hago así, yo lo hago de la otra manera... Con eso sí que se animan las tertulias", asegura.
En el bar de Paco hay de todo. Hay funcionarios que prefieren no hablar de los políticos porque trabajan con ellos a diario. "Yo las únicas elecciones en las que no voto son las europeas", dice un señor que trabaja en Diputación. "Las elecciones son la fiesta de la democracia y hay que ir a votar, es un derecho y una obligación que tenemos cada cuatro años", recuerda, al tiempo que saca la cara por los políticos. "Hay de todo, los hay buenos y malos, pero es cierto que es un trabajo muy sacrificado y quien lo paga es sobre todo la familia. Yo desde luego no me metería a político, es un trabajo muy desagradecido", afirma.
Otro de los habituales del bar es José, vecino de la zona, que en estos momentos está desempleado. Dice que acudirá a votar este próximo domingo pero no sabe todavía a quién elegirá. "Los políticos no nos dan soluciones, prometen mucho pero después no cumplen nada". No ve con malos ojos a las nuevas opciones que han aparecido en el panorama andaluz, aunque no se fía demasiado. "Los nuevos lo van a tener difícil porque los que gobiernan de verdad, la banca y las grandes empresas, no se lo van a poner fácil", advierte. Aún así, augura que en estas votaciones los partidos emergentes lograrán movilizar sobre todo a más gente joven "que es la que está más desesperada".
Rafaela, una señora de 79 años de edad, desayuna tranquilamente en una de las mesas del Rincón de El Puerto. Viene del médico y era vecina del barrio hasta hace unos años, cuando se mudó algo más lejos. Desde entonces, confiesa, "no voto. Vivo lejos del colegio electoral y mis hijos no pueden llevarme, no les viene bien. Además tengo cataratas y no veo bien, me dejan muchas cartas en el buzón pero yo no les echo mucha cuenta", asegura. Desde luego el interés de Rafaela por la política es escaso, ni siquiera sabe quien es el alcalde El Puerto. "Yo conocía a Luis Caballero", dice refiriéndose al ex-alcalde portuense que regentó la ciudad en los años 50 del pasado siglo.
Otra de las mesas la ocupa una conocida empresaria portuense que también hizo sus pinitos en el mundo de la política. La acompañan a la hora del desayuno su marido y su hija. "La gente está muy revirada", reconoce, y añade que "la consecuencia es Podemos. Creo que esta vez habrá una mayor movilización porque la gente está cansada del bipartidismo". En su opinión los políticos deberían estar en activo un máximo de dos legislaturas. "No se puede hacer de la política una profesión", afirma, porque cree que "con el tiempo la gente se malea". Tampoco considera de recibo que haya políticos que lleven toda la vida en cargos públicos sin haber pasado antes por la empresa privada. "Muchos no saben lo que es trabajar ocho horas, no han necesitado ejercer otra profesión y así difícilmente podrán resolver los problemas de la gente" dice tajante.
Entre conversación y conversación, Paco va secando vasos y poniendo cafés. "Aquí se puede hablar de todo y aunque atendemos a gente muy diferente solo hay una regla: el respeto hacia los demás", sentencia.
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