Análisis

Ese crudo objeto de deseo

La principal razón que está detrás de la operación militar de EEUU en Venezuela se llama petróleo y el objetivo real es controlar sus reservas

Delcy Rodríguez asumirá la Presidencia de Venezuela en principio durante tres meses

Delcy Rodríguez asumirá la Presidencia de Venezuela en principio durante tres meses

Pozos petrolíferos en Cabimas, Venezuela.
EFE
Miguel Ángel Noceda

Donald Trump parece empeñado en apadrinar las palabras más destacadas del año. Si en 2025 la Fundéu eligió arancel, impulsada por la rompedora medida que el presidente de Estados Unidos ordenó nada más regresar al poder, e incorporó trumpismo al diccionario, al tercer día de 2026 el mandatario norteamericano ya ha aportado otros vocablos para considerar: imperio (o imperialismo), invasión, intervención, apropiación...

Pero no nos engañemos. La principal palabra que Trump maneja en la operación militar en Venezuela es petróleo y el objetivo se centra en controlar las reservas de crudo que tiene el país suramericano, las más grandes del mundo, por delante incluso de Arabia Saudí. El propio Trump lo ha reconocido al afirmar que las empresas petrolíferas estadounidenses modernizarán las instalaciones de producción y explotación, que a su juicio (y parece acertado) se han quedado obsoletas desde que el anterior presidente venezolano, Hugo Chávez, las expropió a principios de siglo y echó a esas compañías del país. Una herida, la de la expropiación, que ahora quiere cauterizar y sacar el mayor rendimiento con el regreso a los campos petrolíferos mediante un proceso inverso, la apropiación, de dudosa legitimidad con el fin de “hacer dinero”.

Repsol tiene pendiente recibir casi 600 millones de un préstamo a PDVSA

Precisamente por eso, la actuación del presidente-magnate, en una acción de la que políticamente queda mucho que aclarar y que ha tenido un desarrollo secuencial que abre suspicacias de pacto encerrado, genera una alta incertidumbre en el sector petrolero. Las consecuencias en el precio del barril de crudo pueden ser enormes en un momento en el que ha sufrido un descenso significativo hasta llegar a menos de 60 dólares el barril, lo que supone más de la mitad del que tuvo en marzo de 2022. Seguramente, los países que constituyen la organización de exportadores (OPEP) habrán comenzado a evaluar el impacto que se producirá en el mercado. Y aunque los expertos subrayen que la aportación venezolana apenas supuso un 3% del total de las exportaciones el año pasado, el hecho de que pase a estar controlada por la Administración Trump cambia mucho el panorama porque Rusia y, sobre todo, China, se habían convertido en los principales clientes de Venezuela saltándose las restricciones impuestas por Washington el pasado marzo utilizando el pago en reminbi (divisa basada en el yuan para pagos en el exterior) y criptomonedas. La repercusión a corto plazo puede ser tremenda. Y Trump y sus petrolíferas podrán rentabilizar las altas inversiones que se tienen que hacer para modernizar las plantas de producción.

Lo que más importa, en ese sentido, son las altas reservas que tiene el país, que hacen que esos desembolsos se hagan con muchas perspectivas. Según los datos facilitados por la organización, Venezuela cuenta con unas reservas de más de 300.000 millones de barriles, lo que supone casi la quinta parte del total, por encima de Arabia Saudí (267.000) e Irán (208.000). Es decir, el ojo capitalista de Trump está puesto en ese potencial que tiene el petróleo venezolano en el futuro de su política económica exterior. “No nos costará nada porque el dinero que sale del subsuelo es muy considerable”, destacó sin ambages refiriéndose, sin duda, a que además de petróleo aspira a explotar otros recursos en los que Venezuela es rica, entre ellos las tierras raras.

Los países que integran la OPEP habrán comenzado a evaluar el impacto en el mercado

La decisión de Trump también tiene su lectura particular en España, donde Repsol tiene pendiente de recibir crudo por valor de casi 600 millones de euros como consecuencia de un préstamo otorgado a Petróleos de Venezuela SA (PDVSA) que Maduro se comprometió a pagar en especie de lo que más tenía. Esas entregas se han hecho pese a la citada revocación que Washington aplicó en marzo de 2025 a varias petroleras, entre ellas Repsol, para comprar crudo a Venezuela. Por otra parte, ha seguido operando en la actividad gasista, que no estaba afectada por las restricciones y donde la empresa española tiene una importante posición. En todo caso, la revocación supuso que las exportaciones de petróleo venezolano a España se desinflaran un 70% en 2025 pasando de 2,5 millones de toneladas a 740.000 entre enero y octubre.

Además de Repsol existen otros intereses económicos de empresas españolas, no sólo multinacionales, que han ido reduciéndose en los años del chavismo. A la petrolera se suman BBVA, Telefónica, Mapfre y unas seis decenas de empresas de menor tamaño. La aerolínea Iberia mantiene suspendidas las frecuencias hasta que se aclare la situación. La relación comercial entre los dos países asciende a 1.300 millones de euros, con un saldo exportador de unos 188 millones e importador de 1.100, concentrándose en café, cacao, azúcar y minerales no férreos, además de petróleo.

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