Tribuna: José Luis Naranjo
Miguel Ángel García Cossío recuerda cuando el comparsista le presentó a Martínez Ares, del que se convirtió “en su escudero más fiel”, la caña de Mariano o el montaje de la presentación de ‘Los Templarios’
José Luis Naranjo: “Me fui del Carnaval cuando me tenía que ir y nunca lo eché de menos”
Recuerdo la primera vez que coincidimos allá por la primavera de 1984.
Me enteré que algunos de los componentes de la comparsa ‘Con sabor a mar’, de los hermanos Juan y Jose Fernández, estaban montando una antología para el concurso de pasodobles antiguos de la Peña Paco Alba, y me llamaron.
El grupo era bueno: Juan Fernández, Fali Vila, Jose Luis, César con el bombo, etc.
José Luis y yo enseguida congeniamos, por su carácter abierto y su sentido del humor. La antología finalmente no salió adelante, pero empezamos a quedar por las tardes para salir y me presentó a Antonio Martínez Ares.
Me dijeron que tenían una idea muy moderna de comparsa y que los componentes más antiguos de la Peña Nuestra Andalucía no les gustaba el tipo, así que estaban buscando gente para la comparsa ‘Zombies’. Y entré en la comparsa.
Empezamos a ensayar en Mayo en un garaje en la calle San Vicente, precisamente en el garaje que había ensayado con la comparsa ‘Los Artesanos’ un año antes.
Quedamos infinidad de veces los tres en casa de Antonio, que tenía video, a ver el Thriller de Michael Jackson. No sé cómo no se gastó la cinta de darle tanto para adelante y para atrás para ver los detalles de vestuario, mímica, etc.
Ahí me di cuenta la extraordinaria capacidad que tenía José Luis. Era un torbellino de ideas, a cuál más buena.
Finalmente no salí en ‘Zombies’ porque me llamaron para salir en ‘Entre Rejas’ y, tanto el director Manolo Martín El Gitano como Martínez Ares lo comprendieron.
Pero nuestra amistad no se perdió, y de hecho coincidimos en un montón de ocasiones las dos comparsas cantando juntas.
José Luis y yo nos cambiábamos todos los años las cassettes de nuestras agrupaciones, como si fuera un ritual.
La fatalidad quiso que el verano de 1995, viniendo de cantar del Campo de Gibraltar con El Brujo, Paquito Villanego, Chicuelo y José Luis tuvieran un gravísimo accidente de tráfico al quedarse dormido el conductor de un vehículo que terminó impactando frontalmente con el coche donde ellos viajaban. José Luis y Chicuelo se llevaron la peor parte.
Varias operaciones y bastante tiempo en el hospital fueron el resultado de ese terrible accidente.
El destino quiso que yo entrara en la comparsa y terminara las actuaciones de verano de El Brujo y que nos volviéramos a juntar.
No habíamos cambiado en nada, nos gustaba mucho un cachondeo y él se reía una barbaridad con las pamplinas que se nos ocurrían.
En los ensayos, siempre que cantábamos en círculo, Mariano se ponía justo al lado de él para coger el tenor y le daba mucha caña: “José Luis, hoy te has traído los zapatos de plebo de madera” porque los zapatos eran marrones. “¿El jersey es de uralita?” porque era de color gris con mezclilla. Paquito el caja siempre decía “Ojú, ya está el matrimonio discutiendo”. Y nosotros nos partíamos de risa.
Todos los días y por norma Antonio y José Luis quedaban, bien en casa de uno o de otro, para perfilar ideas de pasodobles, de cuartetas de popurrí o para escribir juntos cuplés muchísimas veces hasta la madrugada.
No se imaginan la cantidad de ideas de pasodobles, esos que ustedes tanto conocen, que le dio a Antonio.
Era su hombre en la sombra, su mano derecha y su escudero más fiel. Y digo fiel porque el año de ‘la Milagrosa’ en el que la comparsa se rompió, él decidió no salir más con lo cual, quitando la comparsa juvenil ‘Con sabor a mar’, siempre salió con Martínez Ares.
Por contar sólo una anécdota de la capacidad que tenía, el año de ‘Los Templarios’ Antonio trajo la presentación unos cinco días antes de cantar. Imagínense.
Con un rotulador de esos que se borran con la mano Antonio escribió la letra en una de las paredes de la antigua nave frigorífica de la Zona Franca donde ensayábamos porque la acababa de terminar y no le había dado tiempo de hacer fotocopias.
Empezamos a meterla. Cuando llevábamos ya un rato dándole, José Luis se adelantó y se puso frente a la pared mirando fijamente la letra. “Esto está mal”. “¿Cómo?” Dijo Antonio y unos cuantos. “Que esto está mal”. La presentación estaba dividida en cuatro bloques.
“Este bloque debe de ir aquí, este aquí y este aquí”. Había visto algo de lo que nadie se había dado cuenta. Lo que trajo Antonio no tenía el orden lógico de lo que era el concurso y él le dio coherencia a la narrativa de la presentación y la convirtió en lo que ustedes finalmente escucharon.
También era una persona muy despistada, por lo que le ocurrían situaciones de lo más graciosas, pero son tantas que necesitaría un Diario entero para contarlas.
Como en esos años teníamos tal cantidad de actuaciones, para poder realizarlas teníamos que ir en nuestros coches. Jose Fernández El fuerte, él y yo siempre íbamos juntos. Jose lo ponía un día, y conducía, y yo al siguiente. “Yo pongo mi coche y lo conduzco”, “Mejor no José Luis, mejor no”.
Y así pasaron esos años, con esa complicidad entre nosotros.
La última vez que cantamos todos juntos fue cuando se cumplieron veinte años de ‘Los Piratas’. Ensayamos varios días y era como si se hubiese parado el tiempo. Todo era igual; Mariano dándole caña y risas, risas y más risas.
Te echamos mucho de menos amigo mío.
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