Los políticos que merecemos

Tribuna

Beatriz Gandullo, concejala de Fiestas
Beatriz Gandullo, concejala de Fiestas / Miguel Gómez
Esther Coto
- Secretaria del jurado del COAC 2026

Cádiz, 19 de febrero 2026 - 07:00

No es nada nuevo decir que muchos políticos, en cuanto resultan electos, olvidan que han sido elegidos por los ciudadanos y también para qué se les ha llamado a ocupar el cargo que sea, que obviamente no es para que sigan haciendo carrera política. Cierto es que los propios ciudadanos solemos sufrir la misma clase de amnesia y tampoco sabemos muy bien por qué y para qué hemos votado a una lista en la que figuran personas a las que votamos porque llevan el marchamo, como la enseña de una ganadería, del partido de nuestro agrado o del que menos nos desagrada.

Ese olvido, en el caso de nuestros dirigentes, con demasiada frecuencia lleva a que se consideren elegidos no por los ciudadanos sino por una especie de dioses que los han señalado a ellos, a golpe de dedazo de Presidente, Ministro o Alcalde, y a que se les suban unas ínfulas a la cabeza que deben de ser como vapores tóxicos, pues parece que como efectos adversos causan que se nuble la vista, la empatía, la prudencia, el don de la oportunidad e incluso la básica zorrería del listillo que es lo que muchas veces los ha llevado donde están.

Digo todo esto, porque, con ocasión de haber detentado el cargo de secretaria del Jurado del COAC he tenido ocasión de asistir a ese extraño fenómeno al que hago referencia. Y conste que lo cuento no por inquina, sino con el ánimo de que esta persona a la que voy a referirme tome nota (si quiere) para que así pueda (si como pienso es su intención) llegar a más en el mundo de la política.

Me refiero a la Concejala de Fiestas del Excmo. Ayuntamiento de Cádiz, Doña Beatriz Gandullo, cuya actuación en el Concurso, en relación con el Jurado y no sólo con el Jurado, no le hubiera permitido siquiera pasar de preliminares.

Me explico: los quince miembros del Jurado pasamos más de un mes trabajando de lunes a domingo para el Ayuntamiento sin retribución económica alguna. No obstante, ello es algo que aceptamos desde el principio a sabiendas de que vamos a tener que sacrificar horas de sueño y familia, duplicarnos en el trabajo apretando las horas que nos quita el concurso, someternos a las críticas más o menos agrias, que siempre se producen,… etc. Va en el cargo.

Lo que ya no parece ser normal es que ciertos hoolligans del Carnaval, como ha sucedido este año, se dediquen a insultar y descalificar a las miembros, en femenino, del Jurado, en público y usando el perverso y anónimo altavoz de las redes sociales, con los estudiados y aquilatados argumentos de que: “son unas putas que no tienen ni idea” o que “donde se meten las mujeres todo se va al carajo” o “qué hace fulano (hombre) que no pone orden en esas putas”…

Pero volviendo a la señora concejala, durante todo este mes y pico que ha durado el concurso, la señora Gandullo, no ha tenido a bien pasarse por el palco en el que estábamos a diario, siquiera para decirnos si necesitábamos algo, mucho menos para agradecernos el esfuerzo por la participación gratuita en un concurso que es el escaparate de cara al exterior del Carnaval de Cádiz, fiesta, esta del carnaval, no el concurso. aunque también el concurso, que aporta a la ciudad de la que ella es concejala, fama, turismo y obviamente ingresos.

Bueno... cada uno puede saludar a quien quiera o agradecer lo que tenga por conveniente.

Dejémoslo pasar.

Lo que ya no puedo dejar pasar es que cuando el día de la final se publicaron en redes los insultos machistas a las mujeres del Jurado y corrieron como la pólvora; y diarios, radios, televisiones y agrupaciones se apresuraron a condenar estos exabruptos machistas, la señora concejala, guardó y guarda silencio. Ni siquiera se le ocurrió, acabado el concurso, pasarse a ver cómo estaban las afectadas, ocupada como se hallaba la concejala en hacerse fotos tendida en el escenario del Falla sonriendo a la cámara mientras lanzaba papelillos al aire…

Señora Gandullo, imagino que, como mujer con cargo público quizás haya sufrido descalificaciones similares a las recibidas por las jurados sólo por estar donde está, no comparte las palabras de los hoolligans a los que me he referido y que en su fuero interno las condena. Imagino que fue la emoción de estar en la final y la ocasión de hacerse fotos de promoción (la política necesita mucho de eso) lo que le impidió condenar expresamente. Pero creo que ha perdido usted una ocasión de oro para promocionarse de verdad y demostrar lo que es en realidad el compromiso con la igualdad de género, una ocasión mucho mejor que el premiar a la letrilla más igualitaria o ese tipo de cosas que a veces por reiterativas, institucionalizadas y rutinarias pierden su esencia en el olvido; una ocasión de hacer algo en lo que nadie, ni siquiera la oposición más furibunda, le habría criticado. Y es que en esto de la igualdad, como en muchas otras cosas, el movimiento se demuestra andando.

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