Que no se pierda la copla

Opinión

Joaquín Quiñones

Cádiz, 20 de febrero 2026 - 07:01

Este COAC, casi como en los últimos años, ha sido un lujo de impacto visual, de color y de puesta en escena. Es una tendencia que cada vez más nos embriaga y nos seduce y en ese aspecto creo que corremos el riesgo de morir de éxito.

No seré yo quien soslaye esa parte importante, que no única, del espectáculo teatral en el que hemos convertido una larga y a veces tediosa competición, que ha traspasado las fronteras locales y provinciales.

La humorística y acertada expresión, “que daño ha hecho Canal Sur”, tiene su “aquel”. No por el cariño y la difusión que nos regalan, sino porque todos los excesos llevan un plus peligroso en el momento de la digestión.

Sin embargo, quiero observar que no van de la mano algunos valores de nuestras agrupaciones, que al parecer se distorsionan sin que seamos capaces de advertir que suena la alarma. Sin olvidar que hoy se canta como nunca y la instrumentación ha llegado a una altura insospechada.

Pero no podemos obviar que el corazón de nuestras fiestas es la copla, la que llega, la que arranca, la que en definitiva queda en la memoria del aficionado.

Aquella que en 1960 alteró los esquemas del certamen y que modificó el mismo, creando una nueva modalidad y haciendo el camino en los siete lustros posteriores.

Por muy bien que se redacte un reglamento, no tienen los miembros del jurado las suficientes herramientas para dilucidar los méritos evaluables de cada agrupación.

Y si este se modifica, tiene que quedar claramente definido que la copla es insustituible. Que el tango, el pasodoble y el cuplé tienen una estructura propia, que por mucho que se encorsete, tienen que salir indemne de su melodía, camino de la rima libre, consonante o asonante.

No pueden quedarse agrupaciones como LOS ANTIGUOS, LOS LOCOS, LOS VILLEGAS e incluso LOS MOLINAS fuera de obtener una justa recompensa. Por lo tanto tenemos que entre todos animar a los viejos copleros a que vuelvan, “con pijama o sin pijama”, pero con las alforjas llenas de melodías, aquellas que nos hagan recordar los sones del pasado y nos hagan revivir añorados tiempos que me niego a olvidar.

¡Ay¡ cuánto cantó Pedro Romero al señorito andaluz hace cincuenta años, diciéndole que si no le corroía la conciencia que los andaluces sin el traje de luces también sabemos luchar; o Antonio Martín con el maldito dinero explotan al pobre los privilegiaos de sol a sol trabajando los días me llevo, y el amo quiere que encima el negrito le diga que es blanco pero “mu güeno”, etc. No vayamos a creernos que las reivindicaciones se han inventado hace tres concursos. He repetido alguna vez que hay poca imaginación y se escribe más de lo mismo. Mítines que dan vergüenza, solo les faltan a algunos llevar el carnet en la boca y por suerte en el carnaval nunca ha sido granero de votos cautivos, porque esto es libre sin censuras.

Que no se pierda la copla, para que el carnaval no muera.

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