Matemáticas para batracios
Vengo riéndome, con discreción, hacia mi casa. En el supermercado, al lado mía mientras pedía chicharrones y mortadela (qué ordinariez), un individuo hablaba en voz alta por el móvil con otro homínido sobre no sé qué de los puntos de las chirigotas, que al parecer se dieron a conocer este miércoles. Qué patéticos, cómo discutían sobre decimales, componendas, complots, corruptelas... al parecer eran dos componentes de una de las muchas chirigotas perjudicadas, que no tienen otra cosa que hacer que buscar explicaciones después de haber perpetrado -estoy segura- una gran porquería musical y literaria. El que estaba esperando en la charcutería pasó de la estupefacción al insulto. Lo que estaba soltando por esa boca es irreproducible, pero yo, sin conocer a quienes iban dirigidos los improperios, los firmaba, porque todo lo que sea maldecir a estos atorrantes del Carnaval, me suena a música celestial. Aunque sea entre ellos mismos, más que después presuman de que son una familia. ¡Ja! Una familia de la mafia siciliana, eso es lo que son estos mamarrachos. Y seguirán peleándose entre ellos mientras les comen la tostada agrupaciones de Sevilla. No dan para más, esa es la verdad. Discutiendo si les han puntuado los cuplés con un 7,5 o los pasodobles un 4,8, cuando no tienen ni idea de qué notas sacan sus hijos en el colegio. Es más, algunos desconocen en qué cursos están sus vástagos. ¡Y hasta en qué colegios! Así le va a esta ciudad con estos batracios.
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