Iglesias secuestradas
Doña Cuaresma
Menuda obsesión tienen estos carnavaleros con la Santa Madre Iglesia. Ya no es sólo que durante el concurso este de fin de curso con el que todos los años castigan nuestros tímpanos se disfracen de papas, curas, cardenales, penitentes, saeteros... ni siquiera que nos den hasta en el cielo de la boca con sus desvaríos; la cosa va a más, llegan a secuestrar nuestros templos. Habrá sitios para cantar en Cádiz y callejones de mala muerte con buena acústica, nada, no quieres lentejas, pues el plato lleno. El tablao más grande, una catetada, me lo plantan al lado de mi casa, junto a la iglesia a la que voy a misa; delante de la de San Francisco, otro tablao que casi cubre su puerta principal por la que salen los benditos misterios del Amor, Vera-Cruz y el Caído y donde este año se recogerá el Medinaceli. Más aún, chirigotas chabacanas han cogido la costumbre de cantar en la escalera de Santa Cruz, no me extraña que el techo se haya venido abajo soportando cada año los gorgoritos aguardentosos de estos filibusteros. En la trasera de San Lorenzo se colocan ilegales groseras y soeces con sus cupletinas y señoritas despiporradas con sus cartelones sin gracia. Frente a la Pastora está la asociación de romanceros, toma ya, un tugurio de tajarinas acabados. Junto a la de San Agustín, otro mamotreto inmenso. Yya, el remate, la Catedral de la ciudad, con vallas metálicas para impedir el asalto a las hordas de Atila. Que se acabe ya esto.
También te puede interesar
Lo último
