Diario del Carnaval

Ni un golpe de Estado calló al Carnaval

  • Componentes de agrupaciones que actuaron el 23-F recuerdan cómo vivieron esta jornada en el Concurso del Gran Teatro Falla, que no se paró a pesar de los sucesos de Madrid

El coro 'Entre pitos y flautas', de la Peña La Salle-Viña, actuó en la función de noche del 23-F. El coro 'Entre pitos y flautas', de la Peña La Salle-Viña, actuó en la función de noche del 23-F.

El coro 'Entre pitos y flautas', de la Peña La Salle-Viña, actuó en la función de noche del 23-F. / Joaquín Hernández 'Kiki'

Los cimientos de una joven democracia temblaron hace 40 años. El 23 de febrero de 1981, unos 150 guardias civiles liderados por el teniente coronel Antonio Tejero asaltaron el Congreso de los Diputados en el momento en el que se procedía a la votación para la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno. Fueron 18 horas largas en las que regresaron los temores de una dictadura que ya quedaba atrás. Un 23 de febrero de 1981, ni el famoso grito de “¡quieto todo el mundo!” que lanzó Tejero desde la tribuna paralizó el Carnaval de Cádiz. Lo que sí ha podido hacer una pandemia...

En un Concurso del Gran Teatro Falla muy diferente al actual, ya que solo duraba una semana, los carnavaleros mantuvieron la calma y siguieron ofreciendo las coplas a pesar de la situación que se vivía en el Congreso o que en Valencia los tanques habían salido a las calles. Las coplas fueron valientes en medio de la incertidumbre y el temor por lo que podría suceder. Pero el certamen no paró, a pesar de que el runrún fue constante por los pasillos del teatro. Hay que tener en cuenta que hace 40 años los ciudadanos no disponían de los medios que se tienen en la actualidad, por lo que era muy complicado saber lo que estaba sucediendo en Madrid si se estaba en el coliseo gaditano. 

Aquel 23 de febrero se iniciaba la segunda vuelta de las semifinales de un certamen que había empezado tres días antes. El comienzo de la sesión de tarde, a las 18 horas, prácticamente coincidió con el inicio del golpe de Estado, que se activó apenas 15 minutos después del comienzo de la función. En medio de la confusión, en esa tarde actuaron en la primera parte las agrupaciones 'Duendecillos carnavalescos', 'Los cupidos', 'Angelitos de color', 'Los concertistas', 'Alborea', 'Los pintores de Versalles', 'Los jamaicanos' y 'Los escultores del ayer'. Tras el descanso, hicieron lo propio 'La gran locura', 'Los pollitos mi compadre', 'Los viciosos del bingo', 'Calé', 'Los marchosos de Fuentegirola', 'Señorío' y 'Las alegres mascaritas'.

Los componentes del coro 'La gran locura', en la plaza del Falla. Los componentes del coro 'La gran locura', en la plaza del Falla.

Los componentes del coro 'La gran locura', en la plaza del Falla. / Joaquín Hernández 'Kiki'

En la función de noche, los componentes de los grupos eran más conscientes de lo que estaba sucediendo. Sin embargo, todo siguió transcurriendo con cierta normalidad. Desde las 22.30 horas pasaron por el escenario la antología 'Los del bocho', 'Oliver Twist', 'Los niños del detergente', 'Barmans y camareras', 'Los petronios del té', 'Ciudadanos de Sodoma', 'Los grillos reales', 'Los locos del volante', 'Entre pitos y flautas', 'Los hijos de la noche', 'Moras de la Alhambra', 'Grecia', 'La saga de los porretas' y 'El mayordomo Rodicio y las chachas de servicio'.

En aquella sesión de tarde, una de las personas que se subió a las tablas del Gran Teatro Falla fue Juan Manzorro, periodista de Canal Sur, con el coro juvenil 'Los concertistas'. Manzorro recuerda de aquel fatídico día que "hay que tener en cuenta la mentalidad de un chaval de 17 años en los primeros años de los 80. Nosotros no teníamos ni idea de lo que era un golpe de Estado. Nos enteramos allí en el teatro que se había dado y nos preguntábamos qué era eso". 

Dentro de la incertidumbre que se vivía en el teatro, Manzorro evoca que "un compañero del coro se subió a un banco en camerinos y nos dijo: "Vamos a dejarnos de pamplinas del golpe y vamos a cantarle a Cádiz que estamos en Carnaval". Éramos unos inconscientes porque solo nos preocupaba cantar en el Falla, que era nuestra ilusión, y no sabíamos qué iba a suceder si triunfaba el golpe de Estado". 

De la actuación, Manzorro cuenta que "en el escenario no ves nada porque estás cegado por la luz de los focos, por lo que no sabíamos qué estaba pasando en el patio de butacas. Ya después sí nos enteramos que a Pepe Mena –por entonces concejal de Fiestas– lo habían sacado del teatro escondido en un coche".

Con todo, el periodista de Canal Sur narra como anécdota que "siempre hemos bromeado con el tema diciendo que Tejero se rindió al día siguiente porque le dijeron que iba a Madrid en bus un grupo de chavales a cantarle en el Congreso, por lo que dijo que "hasta aquí hemos llegado" porque éramos muy malos". 

La chirigota 'La saga de los porretas' La chirigota 'La saga de los porretas'

La chirigota 'La saga de los porretas' / Joaquín Hernández 'Kiki'

Un poco más tarde cantó la comparsa 'Los pintores de Versalles', de Antonio Busto, que venía de conseguir un segundo premio con 'Los cholos del Altiplano'. Juan de Dios Santana era uno de los guitarras de esa agrupación. Señala que cuando se produjo el golpe de Estado "nosotros estábamos esperando para entrar en escena. En principio, todo fue rutinario como cualquier actuación. Una vez que entramos en escena, empezamos a cantar y veíamos que la gente se levantaba y se iba. Nosotros decíamos que tan mal no lo estábamos haciendo y seguimos cantando el repertorio. Nos enteramos de lo que estaba pasando una vez que terminamos de cantar. En el teatro empezó a salirse la gente y nosotros nos fuimos automáticamente para nuestras casas".

A pesar de ser una de las grandes favoritas de la modalidad en 1981, Santana no cree que influyera en la decisión del jurado de dejarla fuera de la final el momento en el que se produjo la actuación. "Esa agrupación se adelantó a su tiempo. Creo que no nos perjudicó en nada que nos cogiera el golpe de Estado. Si no se hubiera producido, no hubiera sido distinto", remata. 

En la comparsa juvenil 'Los jamaicanos' salía José Ramón de Castro Ramoni con tan solo 10 años. "Desde por la tarde había un ambiente muy raro. Todo era muy frío. Yo recuerdo de terminar de cantar en el teatro, salir por detrás y ver muy poca gente en la calle. Mis padres me recogieron con mi abuela y me dijeron que nos fuéramos para casa", indica. Para un niño de esa edad, lo que más le llamó la atención fue que "había mucha policía por la calle. A mí me gustaba mucho el coche patrulla blanco, un 131 grande. Yo me quedaba mirándolos y de esos me acuerdo de ver un montón por las calles". Además, también estaba latente su admiración por el resto de comparsas: "Recuerdo perfectamente que estábamos en camerinos y detrás cantaba 'Los pintores de Versalles'. A mí esa compasa me flipaba y la escuché calentando voces en los pasillos de los camerinos antiguos". 

La primera parte de la función de tarde la cerró el coro 'Los escultores del ayer', de Antonio Girón. En él participaba José Luis Ariza con tan solo 14 años. Explica de ese día que "da la casualidad que estuve apuntado a las juventudes de un partido político. Recuerdo que un año o dos antes un amigo me dijo que no se afiliaba porque el día que hubiera un golpe de Estado irían a buscarme". Algo que, por suerte, no sucedió. 

De aquel 23 de febrero, Ariza rememora que "a mí me cuadró allí en el teatro. Recuerdo que hubo un revuelo, pero yo lo viví como un chaval que tenía 14 años. El ambiente era raro, vi cosas extrañas, había gente corriendo por los pasillos y salimos de allí rapidito. Ya en el local, que estaba en la calle Arricruz, tuvimos conocimiento de lo que pasaba. Allí, mi padre fue a buscarme en coche con un tío mío". 

Como el Carnaval siempre está pendiente de la actualidad, Antonio Girón hizo un cuplé al golpe de Estado. "Lo cantamos como 500 veces", resalta.

La chirigota 'El mayordomo Rodicio y las chachas de servicio' La chirigota 'El mayordomo Rodicio y las chachas de servicio'

La chirigota 'El mayordomo Rodicio y las chachas de servicio' / Joaquín Hernández 'Kiki'

La segunda parte de la función de tarde la abrió el coro 'La gran locura", en el que participaba Eduardo Bablé como autor de la música y componente.  Admite que ese día "estábamos asustados, pero un pelín más por los tipos que llevábamos, ya que teníamos a un papa, al demonio, un Che Guevara, un Hitler... representábamos a los grandes locos de la humanidad, por lo que teníamos  ese plus más de acojonamiento".

El punto de encuentro del coro fue la propia casa de los Bablé, en la calle Patrocinio, para maquillarse. Allí, recuerda que "mi padre estuvo dándonos ánimos para que fuéramos a cantar, que teníamos que ir porque incluso dudábamos si se iba a celebrar o no. En el teatro, fue un visto y no visto: ir, calentar voces, afinar, cantar e ir para casa a seguir oyendo las noticias". 

En la chirigota 'Los viciosos del bingo' salía Carmelo García, que vivió un 23 de febrero muy particular porque en ese momento estaba haciendo el servicio militar. "Yo tuve que pedir permiso para poder cantar. Cuando sucedió el golpe de Estado, una pareja de la Policía Militar vino a buscarme a mi casa y mi madre le dijo que yo estaba en el teatro. Al salir del teatro estaban allí. Nos fuimos para mi casa para ponerme el uniforme e irnos a los Cuarteles de Varela. Yo iba con mi uniforme y el pelo canoso", relata.  Carmelo apunta que "allí no sabíamos lo que ocurría. Nos habíamos enterado, pero estábamos en una burbuja y no sabíamos si teníamos que cantar. Fue una cosa muy complicada", aunque añade que "en ese momento no era consciente. Era un pibe y lo que quería era cantar, y que después pasara lo que tuviera que pasar". 

Una de las imágenes icónicas de ese 23-F la protagonizó en la sesión de noche el coro 'Entre pitos y flautas', de la Peña La Salle-Viña. Uno de los protagonistas de aquella jornada fue el recordado Felipe Martín por su peculiar forma de hacer las cosas. Juan Antonio Guerrero, director del coro, rememora que "Felipe, sin consultar a nadie, se trajo a un grupo de los gitanos de la cabra que estaba por aquí cuando estábamos maquillándonos en el colegio. Como ellos tocaban la trompeta y el saxo, Manolo Torres tuvo que buscarles algún disfraz para meterlos dentro de la banda que formábamos. Nos fuimos al teatro con todas las de la ley formando tres filas y cantando Que viva España. La gente se asomaba asustada porque estaba el aviso de lo que estaba sucediendo en Madrid y los tanques estaban en las calles en Valencia". 

Junto a esto, también afirma que esa tarde "recibí la llamada telefónica de un hombre que no se identificó para preguntarme, como responsable del coro, si íbamos a ir al teatro y que era recomendable no ir. ¡Estaría bueno no ir al teatro! No le dije nada a nadie hasta después de Carnaval. Pretendía que no fuéramos. Creo que pudo ser alguien de otro coro o enviado por otro coro para que no fuéramos al teatro y evitar que fuéramos el pelotazo. El razonamiento era lógico en aquel momento".

El miedo, la tensión y la incertidumbre se mezclaron en un día en el que el Carnaval venció a un golpe de Estado. Una jornada que, a pesar del ambiente raro que se vivió, permanece en el recuerdo de los que la vivieron.

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