Antonio Rivas | Autor y presidente de los Antifaces de Oro

“Los antifaces de oro aún podemos prestar un servicio al Concurso”

  • “Creo que es bueno que haya muchos perfiles en el Patronato”

  • “Tras 33 años participando creo que ha llegado el momento de hacer otras cosas”

Antonio Rivas, posando con el característico gesto de las fotos de las entrevistas del Diario del Carnaval. Antonio Rivas, posando con el característico gesto de las fotos de las entrevistas del Diario del Carnaval.

Antonio Rivas, posando con el característico gesto de las fotos de las entrevistas del Diario del Carnaval. / Jesús Marín

Antonio Rivas conoce muy de cerca el éxito. Lo ha vivido y saboreado en la modalidad de coros junto a Julio Pardo pero también ha pisado finales con comparsas o chirigotas. Este año no participa en el certamen pero ni mucho menos se ha alejado de la fiesta al ser presidente de la Asamblea de Antifaces de Oro. En esta entrevista nos cuenta sus opiniones sobre todo lo que rodea al Carnaval gaditano.

–Tras tantos años seguidos concursando, ¿cómo está viendo este Carnaval alejado de la competición?

–Es distinto, aunque el haber sido designado presidente del jurado de la cantera me ha servido no sólo para vivir el Concurso desde otro prisma sino también para no desconectarme del todo. Eso y una ayuda que le he prestado a Ramoni para su pregón del Carnaval de Chiclana me ha tenido entretenido.

–¿Desde cuándo no falta al Falla?

–Desde el 82 que empecé sólo paré en el 88, que era el año que estaba terminando la carrera y sacándome el título de la propiedad inmobiliaria, y en el año 89 porque tuve que hacer la mili, y aunque tuve suerte de que me destinaron en Jerez primero y luego en Cádiz, al poder tocarme fuera y no haber los adelantos en comunicación que hay ahora pues decidí parar.

–¿Ha leído ya el libro de Luis sobre el coro mixto?

–Aún no, pero de hecho participo porque Luis me pidió que escribiera alguna cosita de aquellos años. No pude ir a la presentación porque coincidió con la final de infantiles, me dio pena y coraje porque tuve la suerte que en el pregón del Momo pude juntarlos y que me hicieran el favor de participar. Para ellos fue muy bonito porque permitió a los padres cantar con sus hijos. Fue inolvidable.

–¿Su experiencia como presidente del jurado de la cantera qué tal ha ido?

–Muy bien. Monté un jurado también para darle visibilidad a los antifaces de oro, que creo que no es sólo gente que ha aportado sino que aún puede seguir haciéndolo desde otra arista del Concurso. Además cumpliendo con la paridad, por convencimiento, elegí un jurado formado por cuatro hombres y cuatro mujeres, los cuatro hombres eran antifaces de oro y las mujeres pues también han participado en la fiesta. Todos los que estaban ahí lo estaban por méritos propios, no porque fueran amigos míos. Siempre he dicho que no quiero amigos en el jurado, y eso también vale para cuando yo lo nombro. Todos éramos conocidos pero por encima estaba la valía de ellos.

–Teniendo en cuenta la sabiduría que hay en la asamblea de antifaces, que podría decirse que es como un comité de sabios de la fiesta, ¿piensa que sería bueno que en el jurado de adultos hubiera un porcentaje de antifaces?

–Creo que sería bueno sí, que hubiera una cuota. Sería una buena cosa para entender que el antifaz de oro no es sólo una distinción, sino que podemos hacer un servicio al Concurso. Y otra cosa que tengo pendiente es firmar un convenio con el Aula de Cultura porque todos esos datos que muchos tienen en la cabeza, esas experiencias conviene que queden escritas, como ya hay por ahí un libro de conversaciones con viejos comparsistas. Convendría que antes de que no estén, de que no estemos, se quedara ahí a resguardo del Aula de Cultura.

–¿Le molesta alguna copla que se ha cantado a lo largo de los años contra la institución de los antifaces de oro en general?

–Ese tema nos da para dos entrevistas. La verdad es que cada uno de nosotros tiene un prestigio solo, como componentes o autores, sin embargo como asamblea parece que perdemos valor de cara a la sociedad. Hay que pensar que si se hacen coplas es porque se le da valor a la institución, que hay gente que lo quiere tener y que lo merece.

–¿Cómo empieza la historia de los antifaces?

–En 1967, y lo arranca el Ayuntamiento, justo el año en que cambia el Carnaval de febrero a mayo. Parece que a los más díscolos les callan un poco la boca con este galardón. A los pocos años se empieza a ver los primeros agravios comparativos. Y poco a poco van creciendo en número con sus más y sus menos. Hasta el año 82 lo que ahora son los derechos de televisión se cogían por otro lado, subvenciones que daba el Ayuntamiento cuando no había tantas agrupaciones. En esas reuniones el Ayuntamiento preguntaba quién merecía ese año el antifaz. ¿Qué pasaba? Pues que eran unas asambleas que se podían manejar, en el sentido de que si tú traías mucha gente de tu cuerda, venían tus comparsistas, pues te votaban y te lo llevabas tú. Llegó el momento donde se pensó que lo ideal era establecer el criterio objetivo de tantos años y tantos puntos por cada final. Lo cual es no hacer trampa. Lo que ocurre es que nos damos cuenta que no todas las agrupaciones son iguales, ni siquiera habiendo llegado a la final. Hay agrupaciones que son míticas, y por el hecho de haber participado un componente o un autor en determinados grupos ya deberían tenerlo antes que otros. En esa lucha estamos, debatiendo si tenemos que seguir el criterio de puntos o el de quiénes son los que más lo merecen.

–¿No será que el antifaz debería premiar la constancia y quizá habría que crear otro galardón para los méritos, que igual sería para autores que han hecho cosas grandísimas y que se han muerto sin tenerlo, como el caso de Juan Carlos Aragón?

–Lo que pasa que yo veo un abandono por parte del Ayuntamiento con este tema, y no digo el actual, digo el anterior y el anterior. Desde la época de la dictadura, cuando vieron el lío que era esto, el Ayuntamiento se quitó de en medio el problema. Cuando Joaquín Quiñones me cedió el testigo de la Presidencia de la asamblea me puse a investigar las normas que regían a los antifaces, para saber dónde estaban escritas, y entonces me di cuenta que las normas de la concesión de antifaces están en los estatutos de la Fundación Gaditana del Carnaval del año 1996, y establecen eso de los 25 años, pero ¿qué pasa?, que cuando se crea el Patronato en el año 2002 desaparecen todas esas normas y hay una disposición adicional que pone que el Ayuntamiento, en el plazo de tres meses, regulará la concesión de los antifaces de oro. Eso se ha quedado olvidado hasta hoy. Es decir, que esas normas se han seguido manteniendo pensando que estaban en vigor, cuando ya no lo estaban porque se habían derogado con el nacimiento del Patronato. Cuando en el año 2017 entran en escena los nuevos colectivos le dije al secretario que yo quería que fuera el consejo rector del Ayuntamiento el que regulara el tema de los antifaces, porque esto sigue siendo una concesión municipal. Yo quiero que o bien se dicten normas o nos den la absoluta libertad sin el sometimiento anterior. El Ayuntamiento no quiere coger esto. Yo me entrevisté con el alcalde, con Lola y Paco Cano y lo estuvimos hablando. Nosotros damos antifaces asamblearios, como por ejemplo el que le dimos a Tito, el padre del Cabra, que le faltaba un punto, un señor con casi 80 años que ha salido en agrupaciones míticas. A pesar de todo si seguimos dando de uno a uno esos que tenemos en cartera pues se nos van a ir sin tenerlo. Entonces yo le propuse al Ayuntamiento que hiciéramos un parón de un año y sacáramos algunos nombres de esa lista. Además también era una manera de cumplir una última voluntad de Juan Carlos.

"El botellón no es culpa del Carnaval de Cádiz sino de la globalización de todas las fiestas”

–¿Llegó a hablar con él de este tema antes de morir?

–No, pero antes de saber que estaba enfermo ya estábamos moviendo esto, a través de Ramoni. Antes de la final le dije que si pasaba Juan Carlos ya tenía los puntos. Yo le propuse ir a hablar con él, porque todos sabemos que era un autor con mucha personalidad, para saber si lo quería, porque no lo tenía pedido. Poco ante había leído en una entrevista con el Diario que decía que no lo quería aún porque no lo tenían gente como Catalán Chico y otras personas que admiraba. Cuando murió yo hablé con su viuda, le expliqué que, además, teniéndolo él y esas otras personas le hacía un servicio más al Carnaval de Cádiz. A ella le gustó la idea, hablé también con Javi Bohórquez, con Joaquín Revuelta, incluso con Martínez Ares, porque Juan quería que lo tuviera Antonio, le expliqué varias cosas, como por ejemplo que de los 86 antifaces actuales sólo 20 son anteriores a aquella copla suya de ‘Calle de la mar’. Además aunque ellos hubieran querido, le expliqué, las normas obligaban a entregarlo a gente con más de 25 años de concurso. Antonio lo aceptó entre otras cosas por eso, porque quiere que Juan Carlos lo tenga. Lo que deseamos a partir de ahora es buscar el equilibrio entre las dos cosas, la constancia pero también los méritos de personas muy concretas. Lo que está claro es que a los que le correspondía este año no lo van a perder, sino sólo que se retrasa un año. Por eso lo hemos hecho público. Y estoy contento con esta decisión.

–En cuanto a la presencia de antifaces en el Patronato, ¿le gustaría que tuviera más protagonismo en cuanto a las decisiones importantes? ¿Cree que es bueno que cada vez haya más voces y más votos?

–El otro día leí en una entrevista con vuestro diario a Lola Cazalilla decir que antes ella pensaba que igual el Patronato había que suprimirlo y tal, pero que ve que muchas veces somos muy útiles, en el sentido de que proponemos muchas cosas y a veces hay cosas que si se explicaran vería la gente lo positivo. Lo que no se nos puede culpar es hasta de que falten folios en el palco del jurado.

–¿Tiene usted algún modelo de Carnaval previsto?

–Yo creo que es bueno que haya muchos perfiles. Por ejemplo, con la cantera, a la que se le está dando ahora mucha visibilidad, hay un pacto no escrito de que todo lo que traigan ellos aprobado por sus bases nosotros vamos a apoyarlo siempre. Ahora hay un colectivo de mujeres que también quiere entrar. No me parece mal, como tampoco me parece mal que fuera un órgano consultivo, algo que llevaban en su programa electoral tanto Podemos como el PSOE.

–Usted que tiene premios en coros, comparsas, chirigotas... ¿hay alguna modalidad que le apasione más que otra?

–Hombre, me gusta mucho el coro, sino no hubiera hecho 33 nada más, pero el mundo de la comparsa no tiene nada que ver, es más competitivo. Y la manera que se ensaya en la chirigota, el año que estuve con Manolín Gálvez, pues no tiene nada que ver con la disciplina de Julio Pardo, claro. El Puerto funcionaba de otra manera. Ahí entraba cualquiera que llevara una caja de gambas a escuchar la agrupación. También he probado dos años el cuarteto y no descarto volver a sacar alguno...

–Eso es una espinita clavada que tiene ahí.

–Sí, sí, la verdad es que me gustaría hacer uno o al menos un romancero. A partir de ahora me gustaría hacer cosas distintas. Yo no estoy retirado, simplemente no concurso, pero sigo haciendo mis cositas, he aprendido a aporrear la guitarra, tengo algunos tangos y pasodobles hechos, y no me importaría aportar algo a una agrupación pero más en ese plan. Son 36 concursos y hay muchas cosas que hacer en la vida, muchos libros que leer, muchos viajes que hacer...

–Su sueño de recorrer la ruta 66 sigue en pie por lo que veo.

–Eso eso. La quiero hacer con mi amigo José Mari Hurtado la quiero hacer. Luego te encuentras con gente que fallece a una edad que no es normal, como los compañeros que han muerto estos meses, y te das cuenta que la vida no avisa, y que las cosas no se pueden ir aplazando siempre.

–¿El golpe de Juan Carlos y de Manolo es tan brutal para el Carnaval como parece?

–Lo es. Lo de Juan Carlos es una pérdida irreparable. Era un personaje irrepetible, con una capacidad literaria impresionante, y en contra de lo que a lo mejor siente Javi Bohórquez, a lo mejor no se le dijo tanto porque estaba en medio de la competición, pero era un tío muy querido por lo que hacía, muy admirado sobre todo, que igual le faltaba que alguien se lo dijera, pero tampoco era una persona fácil ni a la que le gustara que se le molestara. En momentos tranquilos era un tío súper razonable, luego ya en competición era otra cosa.

–¿Y en cuanto a Manolo?

–Pues con Manolo pasa que aparte del talento que tenía tan viñero, tan de raíz, a lo mejor sin la calidad literaria de Juan Carlos, pero sí tocando la fibra de Cádiz es muy difícil de que vuelva a aparecer. Es que nosotros vivíamos cuando éramos chicos a 50 metros uno de otro, entonces yo lo he rozado mucho, hemos tenido tanta relación que en lo personal me ha dolido mucho más la muerte de Manolo, aunque es verdad que las dos son irreparables.

–¿Y viene gente por detrás con potencial?

–Sí que lo hay, chavales que están sacando cositas, en infantiles hay mucho ingenio, y en juveniles es verdad que sobre todo tiran para la comparsa.

"Cada vez hay más comparsas porque el humor es muy complicado y además cada vez hay más límites”

–Incluso en adultos hay más comparsas que chirigotas.

–Es que el humor es muy complicado. Además cada vez hay más cosas que te limitan. Parece que estamos en un Carnaval cada vez más sensiblero, cursi en algunos casos, muchos cantos a la mujer que algunos me creo más que otros, porque parece que es lo que vende, y porque sabemos que en el jurado hay mujeres que puntúan. Yo siempre he pensado que en el Concurso siempre se le ha cantado a lo que más puntúa. Eso desde los tiempos de Paco Alba.

–Usted que le ha hecho letras a políticos de todos los colores ¿cómo ve que se le cante tan poco al alcalde en estos cinco años?

–Bueno, a Teófila al principio se le decía sólo que si era fea, que si era rubia de bote, y luego fueron creciendo las críticas. Yo creo que con el alcalde pasará con el tiempo igual. Si no se va a los ocho años como dijo que iba a hacer imagino que el poder desgastará y la gente se cansará de la misma figura y empezará a darle más caña. Ahora se le canta más a la oposición que al poder. Se le canta mucho a Vox, por ejemplo. Yo no pienso como Vox ni de coña pero esas letras no van a hacer ni que el que vota a Vox deje de votarle ni que el que no lo vota lo vaya a votar. Son letras que tienen su público y ya está. Siempre se dijo que había que cantarle al poder establecido, y ahora no se está haciendo eso.

–¿Y cómo se hace eso de escribir a medias?

–Pues te obliga a sentarte a escribir, que si haces un repertorio solo tienes que ser muy autodisciplinado. Con Julio por ejemplo nos reuníamos y empezábamos a hablar hasta que salía la punta a uno de los temas que traíamos apuntados. Evidentemente a lo mejor la letra se queda al 70% a tu gusto, porque igual no es el verso exacto que tú quieres poner, pero nosotros lo llevábamos bien. Es cierto que escribiendo solo me he sentido más libre, sin querer decir con esto nada contra una etapa maravillosa y en la que Julio me ha dado muchísimos éxitos.

–¿Su relación con Julio ahora mismo cómo es?

–Maravillosa. Es más, en principio todo apuntaba a que Julio no iba a salir, después recuperó las ganas y yo le dije que si era el último año, hablo de 2019, yo seguía, pero que si él tenía interés en continuar muchos más años yo ya me bajaba del tren. Nos retamos a llegar a los 25 años y hemos hecho 27. Y en esa reunión que tuvimos le dije que llamara a El Canijo, porque escribe estupendamente y siempre habíamos tenido buena sintonía. Yo sabía que era un entusiasmado de este coro y que le iba a decir que sí. Y además como no tenía chirigota el año pasado pues todo cuadró. Mejor reemplazo no ha podido tener.

–Como corista y miembro del Patronato, ¿qué cree que le falta o le sobra al Carnaval de la calle?

–Una cosa que ha sido un éxito ha sido las batallas de coplas, recuperar las mañanas de Carnaval. Ya cuando avanza el día aparece el botellón. No es culpa del Carnaval sino de la globalización de las fiestas. Eso pasa en los San Fermines, en las Fallas o donde sea, contra eso no se puede hacer nada. Ahora sí se puede elegir cuál es la banda horaria que mejor te conviene. Se puede ir a los tablaos, los carruseles de la plaza Mina… pero hay que entender que todos hemos tenido 25 años y nos lo hemos pegado. ¿Cómo vamos a prohibir eso en la fiesta de la libertad? También es importante darle contenido al programa de la cantera, que no ensayen cuatro meses para cantar en el Concurso y se acabó. Yo creo que si los grupos tuvieran más sitios donde cantar aquí no saldrían tanto, incluso ganando un poquito menos de dinero.

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