Miguel Ángel García Argüez 'Chapa' | Autor de comparsas y coros "Tengo la sensación de que en el Concurso estoy de paso y en la calle no"

  • El autor de la comparsa de Subiela confiesa que lleva “muy mal” la alta competición y que echa de menos “cuando todo era una panchanguita entre amigos”

El autor de la comparsa 'Los luceros' y el coro 'Gran reserva', Miguel Ángel García Argüez. El autor de la comparsa 'Los luceros' y el coro 'Gran reserva', Miguel Ángel García Argüez.

El autor de la comparsa 'Los luceros' y el coro 'Gran reserva', Miguel Ángel García Argüez. / Jesús Marín

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“Creo que he estado muy negativo, ¿no?”. Miguel Ángel García Argüez, Chapa para sus colegas cuando era un chaval “heavy de barrio” y para el mundo carnavalero desde que entró en la primera línea de competición, no puede dejar de escrutar la realidad con sus ojos grandes que ven lo hermoso y lo cruel. Del Concurso, también. No, García Argüez, autor de la comparsa ‘Los luceros’ y del coro ‘Gran reserva’, última gran adquisición de la galería de primeras espadas de la modalidad creada por Paco Alba, no es un oscuro pesimista. Al revés, porque las sombras sólo se pueden ver desde la luz.

–Venga, lucero, fogonazos de sus primeros recuerdos carnavaleros.

–Habría que remontarse a Chiclana y a una cinta de casette de ‘Los pollitos de mi compare’; a una fiesta de fin de curso de 5º de EGB disfrazado de ‘Los hombres del campo’ y cantando con mis compañeros; también podría iluminarse una comparsa infantil que cantó en el Falla previa a la remodelación, que fue primer premio y donde yo tocaba la guitarra, ‘Los pajes del rey’, y recuerdo que cruzaban aquellos pasillos desconchados ‘Robots’ y el burro de ‘Agua clara’ y yo entonces no sabía qué era aquello y con el tiempo me he dado cuenta que fíjate lo que presencié... Y luego ya con la pandilla haciendo nuestra primera chirigota y ellos diciéndome, “Miguel, a ti que te gusta la poesía pues escribe tú las letras”.

–¿Qué edad?

–Pues con 15 años empecé a escribir, aunque cuando salí en infantiles tenía 12.

–Y ya no volvió a pisar las tablas del Falla como componente, ¿por qué?

–Digo, las del Falla antiguas... Pues el Falla desapareció para mí como participante porque me dediqué a hacer agrupaciones que no venían al Concurso y luego pasé a la calle. Y porque cuando pasé a letrista de agrupaciones para el Falla ya era yo consciente de que no tenía nivel ni tocando ni cantando. Además, el Concurso requiere una disciplina de ensayo que yo perdí muy pronto. Me aburren mucho. Este año, la verdad, que el coro me ha ofrecido que me haga el disfraz para la batea y para que cante en el teatro uno de los tangos, pero, por ahora, no me animo...

–Escribió usted en twitter sobre una letra de la comparsa de Fran Quintana que era la primera vez que escuchaba lo de ‘la comparsa del Chapa’ en una copla y que le había sonado raro...

–Sí, sí, porque en Chiclana, por ejemplo, la chirigota que tuvimos con los amigos sí que la llamaban la chirigota del Chapa, pero en comparsa nunca. Y la verdad es que la comparsa del Chapa es un nombre muy feo, suena fatal... (ríe) Es cierto que cuando escribía la comparsa de Chiclana era la comparsa del Titi, luego la comparsa del Nene y ahora la comparsa de Subiela... La verdad es que siempre he estado como rodeado de machos alfa que han ostentado ese protagonismo, y no lo digo como algo negativo, yo llevo estupendamente ese estar como en segundo plano.

–¿Y no le haría ilusión que algún día se conociera como la comparsa del Chapa?

–Sí, fantaseo con eso pero no por narcisismo de que llevara mi nombre, sino porque un sueño que tengo desde chaval, y que espero cumplir algún día, es el de hacer una comparsa entera, música y letra, como he hecho este año el coro, además de pensar la idea. A mí me gusta trabajar en equipo, y tengo la suerte de estar rodeado de gente estupenda, pero cuando uno trabaja en equipo el resultado final no es del gusto total de ninguno del equipo. Tengo mucha ilusión por hacer una comparsa entera yo solo y creo que podría ser un buen momento porque antes nadie me hacía mucho caso, pero ahora que soy un poco más conocido pues quizás sería buen momento... Pero, bueno, ahora mismo estoy con esta gente.

–¿Cuándo sintió que le había llegado el reconocimiento?

–Con ‘Los equilibristas’, ahí hay un antes y un después. Yo antes era una persona totalmente anónima, hombre, yo sé que hay gente, a la que le estoy súper agradecido, que me siguen desde que estaba con Nene, gente que identificaba conmigo una forma concreta de hacer las letras, pero, digamos, que en general el reconocimiento es a partir de ahora. Y lo noto mucho en la callejera porque durante muchos años he pasado como anónimo total y de unos años para acá la gente se acerca para escuchar la chirigota y para echarse la foto e incluso he llegado a escuchar la callejera del Chapa... Eso ya me parece el colmo.

–¿Y cómo lleva esa fama?

–Yo tengo un conflicto personal con eso porque, por un lado, soy muy celoso de guardar mi anonimato en la ciudad porque es una ciudad muy chica y porque he visto cómo ha afectado a otros compañeros, al Selu, que a veces no se puede tomar una cerveza tranquilo, o Juan Carlos, que ha salido a la calle con su familia en Carnaval y se ha tenido que volver para su casa... Y yo, además, siendo del Carnaval ilegal, donde la noche es larga y turbia (ríe) prefiero tener siempre mi aire de anonimato, y por eso algunas veces quedo como un malage con las teles, por evitar que la gente identifique mi nombre con mi cara. Por lo demás, me encanta que la gente preste atención a las letras y que la popularidad sirva para eso.

"Creo que el modelo del Patronato es maravilloso, un ejemplo de participación... Si la gente participara"

–¿Pesa a la hora de escribir que ahora se le escuche con más atención?

–Más que la responsabilidad por la trascendencia, pesa más la competición. Yo lo llevo muy mal. Añoro muchísimo el año de ‘Los doce’ en el que todo era una pachanguita entre amigos, o el año de ‘Los equilibristas’, en el que todo tenía otra alegría, pero en el momento en el que estás ya en la alta competición, como ahora, lo llevo muy mal, no creo que esto lo aguante. Añoro volver a cuando estaba con Nene cuando el objetivo era pasar a semifinales y hacer una comparsa que le gustara a la gente. A ver, que no quiero que parezca que desprecio lo que me está pasando ni pasar por engreído, porque de verdad que lo agradezco un montón, pero yo lo de la competición lo llevo muy mal porque en lo creativo ya no eres libre. Ojo, no significa que te estés prostituyendo ni escribiendo cosas que no creas ni pienses, pero sí es cierto que el tema de los premios, los egos, los contratos, la presión de la opinión de la gente..., eso a mí me resquebraja. Lo noté mucho el año pasado con ‘Los prisioneros’ y este año también. Es que, ¿sabes que pasa?, que noto que como aficionado ya no escucho el Concurso igual, y eso me jode un montón, porque soy un enamorado de las coplas y ahora escucho a Juan Carlos o a Martínez Ares y parece que estoy buscando el fallo. Eso no es sano, yo quiero volver a disfrutar de las coplas, escribir también, claro. Pero entiendo que esto también es pasajero, un día está uno arriba y otro día abajo.

–Ha llevado usted a un nivel de bastante calidad el recurso literario del giro aplicado al pasodoble carnavalero. Vamos, que lo podríamos llamar un ‘chapadoble’

–(Ríe) No, no, que no lo he inventado yo. No sé quién lo ha inventado pero sí que es un recurso folletinesco que existe desde el siglo XIX, pero sí es cierto que le estoy sacando mucho jugo y que la gente valora mucho eso. Pero en confesión te tengo que decir que me empieza a cansar un poco, me siento un poco prisionero de lo que se espera y a veces me gustaría escribir otras cosas diferentes, que me las autocensuro, no es que el grupo me obligue, ni Ángel, sino que soy yo mismo, soy consciente de la comparsa en la que estoy escribiendo y hay cosas que a mí me gustaría escribir diferente y sé que no van a tener éxito porque no es lo que se espera de la comparsa ni de mí, y eso me cohíbe mucho creativamente.

–¿En contenido o estilísticamente hablando?

–En lo estilístico, en ese rollo de la sorpresa final o del giro ese de que se está hablando de una cosa y al final es de otra... Eso se llama de toda la vida efectismo, y eso es una cosa que bien utilizada puede ser maravillosa pero también, a veces, puede ser peligrosa porque le quita sentido a la copla para convertirla en puro fuego de artificio, y el Concurso te exige eso o, al menos, yo me siento que me exige eso. Y, bueno, yo lo hago porque todavía no me he aburrido del todo.

–Vamos, pero usted me quiere decir que hay más recursos literarios a aplicar.

–Es que se pueden aplicar todos. Juan Carlos fue el primero, perdón, no, el primero fue Paquito Villegas, el pionero en traer la alta poesía al Carnaval, y Juan Carlos le dio un vuelo gordísimo, de ahí que la gente llegara a decir “es que no se entiende” y con los años ha tenido que rebajar un poco para éxito de su repertorio y para desgracia de la gente que admirábamos su manera de escribir mucho más nerudiana. Lo que quiero decir es que todos los recursos literarios son susceptibles de aplicarse al Carnaval lo que pasa es que el público no está dispuesto a aceptarlos todos o, al menos, no de una manera brusca.

–El Concurso es, ¿espejo de la sociedad o vanguardia?

–Espejo, no tengo ninguna duda. Todo lo que hay ahora, por ejemplo, con el tema de la concienciación, o la aparente concienciación, feminista de las letras de este año tiene que ver con un reflejo de la sociedad, no es vanguardia en ese sentido. El teatro suele ser conservador. La vanguardia está en la calle, siempre.

–¿Cuál es su modelo ideal de Concurso?

–No tengo ni idea. Yo creo en la cogestión, creo en el modelo de Patronato, creo que el modelo que tenemos es maravilloso y debería de usarse, incluso, en otros ámbitos de la ciudad como modelo de participación, eso sí, si la gente participara... Pero la gente no participa, las asociaciones son, en general, instituciones muertas, los carnavaleros no tienen ningún tipo de mentalidad cooperativista y de mutualismo, por lo tanto, el modelo no nos vale. Tenemos un coche estupendo pero le falta gasolina. A partir de ahí, preliminares arriba, abajo... No sé, pues los que participamos tenemos que decidirlo, somos nosotros. El Falla no es sólo un Concurso, lo es pero no sólo, es el laboratorio donde se está haciendo evolucionar o involucionar un patrimonio cultural, artístico y etnográfico que son las coplas, que existen mucho antes del Concurso. Entonces, desde ese punto de vista, creo que no hay nadie más adecuado para tomar las decisiones que los participantes, si los participantes estuvieran interesados en otra cosa que no fuera competir entre ellos.

–Pero el calendario aprieta y las inscripciones suben. Habría que decidirse por algo ya antes de morir de éxito...

–Es que no reduciría esto sólo a un problema de calendario, porque se volvería al sistema de antes, que un martes se termine a las tres de la mañana y ya está, y el que le toque que se joda. Para mí el problema esencial es qué está pasando con las coplas, las coplas como patrimonio cultural que, de repente, se extienden por todos lados y que todo el mundo ama hacerlas y compartirlas, y eso está muy bien, pero hay que analizar qué está pasando... Yo siempre he sido defensor de que no se cierren puertas pero, hija, estas preliminares de este año... Ya no sé qué pensar ni qué sentir porque estoy asqueado de tan poco interés... Por otro lado, convertir esto en Operación Triunfo, chungo... Estamos jugando con una herencia cultural y artística. Pero el que haya escuchado las preliminares puede decir “¿esto patrimonio inmaterial de la humanidad?” (ríe)

–La copla es el centro de esta fiesta, estamos de acuerdo, y sin embargo la media de edad de los autores es alta, ¿no cree?, ¿a las nuevas generaciones no les interesa escribir?

–Tengo mi teoría... Yo creo que tiene que ver con el erróneo modelo de cantera que estamos construyendo. Un modelo en el que estamos construyendo intérpretes que, además, están desde el principio educados en la competición y en lo mediático. Un modelo donde no se está valorando la creación de autores y autoras y es ahí donde hay que incidir, que chicos y chicas con 12, 13, 14 años empiecen a escribir, ¿mal?, claro mal al principio, pero así es como uno aprende, pero si tienen tanta presión con los premios pues los niños van a querer que les escriba un adulto, claro.

–Usted impartió hace muy poquito, por ejemplo, un taller de letras flamencas con un resultado muy bueno. ¿No se podría promover ese tipo de acciones al Carnaval?

–Es que yo ya lo he hecho pero no en Cádiz. Lo he hecho en Conil donde, a través de presupuestos participativos, los chavales de la Casa de la Juventud pidieron y votaron y salió ganador un taller de escritura de letras de Carnaval. Y fue estupendo.

"En el modelo de cantera actual, que veo erróneo, no se valora la creación de autores y autoras”

–Cuénteme cómo llega al coro y si es ya un compromiso a largo plazo.

–Pues el año que estuve en la mesa del Patronato, de donde salí escopeteado rápidamente, conocí a un personaje llamado Antonio Procopio con el que choqué frontalmente pero chocamos con arte y nos caímos bien, yo dije “este tipo es listo” y él debió pensar algo parecido. Y empezamos a quedar para tomar algo y en una de esas presencié cómo le tiró los tejos a Tino Tovar para que le hiciera la música del coro. Después me relió a mí, y ahí me impliqué y conocí el mundo del coro que hasta entonces no me interesaba pero fue una experiencia muy bonita Tiempos modernos aunque dije ya no sigo. Pero este año me tentó con lo de hacer la música, y como yo soy un músico frustrado, me comió el coco y aquí estoy... Y lo de seguir... No lo sé... A ver, yo estoy en el Carnaval por diversión, si termina el Carnaval y la aventura del coro ha sido bonita, y no hablo de premios, sino a nivel vivencial, pues igual sigo.

–La calle es lo que es innegociable

–Totalmente. De hecho, llevo dos años que a estas alturas del Concurso estoy loco por la calle ya.Yo siempre digo que el Cnocurso es los entrantes y el almuerzo es la calle. Yo tengo la sensación de que estoy en el Concurso de paso y en la calle no. Eso no significa que vaya a irme dentro de dos años, ¿no eh? Pero es que la calle es como que he estado siempre.

–¿Cuántos años lleva?

–Viniendo a Cádiz desde el año 92 con ‘Los pasodobles de la comparsa de El Puerto’ aunque desde antes sacábamos chirigotas pero para la calle en Chiclana. Desde entonces no he faltado ningún año. Quién me iba a decir entonces que iba a acabar escribiendo para el Falla, y para Subiela.

–¿La calle ha cambiado?

–Sí, pero tengo la suerte de estar en un chirigota que se mantiene al margen, así que para nosotros no ha cambiado porque en el fluir de esa semana vamos a ver los mismos lugares y las mismas caras, eso sí, buscando siempre lo recóndito y la nocturnidad.

–Vuelvo a su trayectoria en el Concurso. Agrupación de la que está más orgulloso y si se arrepiente de algo que haya escrito.

–Dos repertorios de los que me siento super orgulloso son los de ‘Los ruinas’ y ‘La bicentenaria’, bueno, y de ‘Los equilibristas’ también. Y lo de las letras que me arrepienta caso concreto no te puedo decir pero seguro que me arrepiento de algunos cuplés que, en algunos casos, puede ser que no los haya escrito ni yo porque tengo un problema grave con ese tema, que mis cuplés no le gusta a la comparsa, pero vamos aun en el caso que no los haya escrito yo, si los he firmado yo es mi responsabilidad.

–Yo no le perdono lo de meter ‘salchipapa’ en un pasodoble...

–¡Ah bueno verdad! Por supuesto eso fue una cagada, y el grupo me lo advirtió, ¿eh? Pero es que la idea era así de un rollo costumbrista emocional, de una cena romántica de chavales de barrio... Pero por lo visto había un vídeo viral de internet de esos ridículos con lo de salchipapa y el grupo me advirtió que podía haber cachondeíto con eso... Pero yo dije, no creo... Y llevaban razón (ríe).

–Y ya en confianza, ¿y eso de Chapa de dónde viene?

–Pues eso es un apodo de cuando chavalito porque yo era un heavy de barrio, y tenía grupito de rock y tocaba y eso... Y cada día siempre llevaba una chapa de los grupos que me gustaban y la gente empezó a llamarme El Chapa. Pero sólo en esa época, luego ya fui Migue o Argüez. Y en el Carnaval, que parece que pega mucho eso del apodo, pues me encontraría con alguien de aquella época. Pero no sabría decirte ahora cuándo ni quién ni cómo fue, y me dijo Chapa y empezó a correrse la voz.

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