Atletismo | XXXIII Media Maratón Bahía de Cádiz

Una reedición de 2015

  • El portuense Luis Figueroa y la isleña Fátima Romero consiguen la victoria en Bahía Sur, como hace cuatro años, tras una dura prueba marcada por el fuerte viento

Luis Figueroa, del Carmona Páez, levanta los brazos victorioso en el Iberoamericano. Luis Figueroa, del Carmona Páez, levanta los brazos victorioso en el Iberoamericano.

Luis Figueroa, del Carmona Páez, levanta los brazos victorioso en el Iberoamericano. / Román Ríos

La 33ª Media Maratón Bahía de Cádiz reeditó el doblete que en 2015 firmaron Luis Figueroa y Fátima Romero, vencedores de nuevo ayer a mediodía en el Estadio Iberoamericano de Bahía Sur, en San Fernando, de una prueba marcada, más allá de la dureza característica de los 21.097 metros del recorrido, por el fuerte viento que acompañó a los participantes desde la salida junto al Complejo Deportivo Ciudad de Cádiz.

Como por otra parte es lógico, la adversidad climatológica repercutió en los tiempos finales, de tal modo que el atleta portuense del Club Carmona Páez que cruzó la línea de meta en primera posición lo hizo con un crono de 1h.13:24. Por detrás, como acompañantes en el podio de vencedores, Jorge Soto, de la Unión Atlética San Fernando, segundo con 1h.13:57, y Álvaro Marín, del Canguro, tercero con 1h.16:30.

Por lo que se refiere a las féminas, la primera que pisó la pista de atletismo del Iberoamericano, la isleña de la Unión Atlética San Fernando, concluyó la carrera con un tiempo de 1h.35:01. Por detrás de Fátima Romero entraron Virginia Carrasco, del Carmona Páez, segunda con 1h.37:23, y Daniela Urminska, del Trail Pirata de Jerez, tercera con 1h.42:10.

Tal y como apuntaban las previsiones, el viento condicionó esta edición de la Media Maratón Bahía de Cádiz desde sus primeros metros en la Tacita de Plata, en la Avenida José León de Carranza, por donde discurrió la serpiente multicolor de atletas enlazando con las avenidas Cayetano del Toro, Ana Viya y Andalucía antes de cambiar el sentido de la marcha en las Puertas de Tierra para dirigirse a la salida de la ciudad camino de la autovía, esta vez más temible que nunca.

Así, la N-IV se convirtió en un auténtico martirio para los participantes, a estas alturas desperdigados en pequeños grupos. Por delante, los favoritos hacía tiempo que habían tomado posiciones e impuesto un alto ritmo que sólo eran capaces de mantener los que a la postre lucharon por la victoria ya en las calles de La Isla. Por detrás, los competidores que afrontan la cita con el único reto personal de finalizarla, algunos igualmente con el objetivo de bajar su mejor marca, lo pasaban francamente mal. Desguarnecidos de la protección que otorgan los altos edificios de las avenidas en Cádiz, los atletas recorrieron la carretera a duras penas, castigados no sólo por los kilómetros que acumulaban las piernas sino por la ventolera. En este sentido, sin duda la llegada a San Fernando representó cierto alivio, por más que aún quedara prácticamente una tercera parte del total del trazado por cubrir.

Hasta tal punto influyó la fuerza del levante en el devenir de la prueba que en esta ocasión cruzaron la línea de meta 831 atletas, bastantes menos de los que se habían inscrito. Algunos desistieron antes incluso de comenzar la prueba, pero los más lo hicieron durante el transcurso de la misma, vencidos por el cansancio y la adversidad climatológica.

La intensidad del viento también deslució el protocolo habitual en el escenario de la llegada, en el que se echó en falta la puerta hinchable de meta y la presencia del speaker algunos minutos antes de que empezaran a aparecer los atletas. De hecho, Luis Figueroa irrumpió en el Iberoamericano sin que nadie advirtiera que ya se encontraba en las inmediaciones.

Por lo demás, a pesar de las circunstancias adversas, el dispositivo de seguridad funcionó sin contratiempos y el sanitario apenas tuvo que intervenir. Como comentaban desde la propia organización, en general los inscritos para la tradicional cita de la Bahía suelen prepararse para afrontar una media maratón. Y, en efecto, una vez más quedó suficientemente acreditado.

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