Fútbol | Segunda División B

Una fe que mueve todas las montañas (2-1)

  • El San Fernando no deja de creer en sí mismo y, a pesar de ir por debajo en el marcador, logra la remontada ante El Ejido en tiempo de prolongación

  • Carri anota un enorme gol para igualar la contienda y Jacobo decide el choque

Gabi Ramos disputa un balón con Samu Corral. Gabi Ramos disputa un balón con Samu Corral.

Gabi Ramos disputa un balón con Samu Corral. / Román Ríos

En La Isla comenzó el pasado miércoles la Cuaresma. Y si en esta época del año hay algo que se ensambla a la perfección con las fiestas que se celebran es la fe. Pues el plantel azulino tiene una fe que mueve todas las montañas que estén por delante de ellos. Los isleños creen, como nadie, en sí mismos y mueven Roma con Santiago para conseguir su objetivo. Este domingo fue el día de la fe, de la creencia y para eso están los hombres de Pérez Herrera.

Y eso que parecía que todo iba en contra. Los de La Isla acusaban las bajas, hasta cuatro, que padecían, el rival venía con la clara intención de juzgar y sentenciar y el calvario se hizo eterno cuando Samu Corral le puso por delante en el marcador.

Pero se anduvo el camino, se creyó de manera firme en la remontada y no se desfalleció en el intento. La recompensa llegó cuando el partido expiraba, pero la alegría inmensa que dejó la remontada fue celebrada con pasión por los sufridores seguidores azulinos que, una jornada más, siguen soñando con una meta lejana cuando comenzaba la temporada, pero que por jornada que pasa está más cerca de conseguir. En el horizonte están los play offs y lo logrado solamente confirma que los isleños están en el camino para llegar.

El mazazo fue grande, enorme. Ya los almerienses dejaron a las claras, a los 32 segundos de juego, que no venían a dejarse avasallar y Javilillo dio el primer susto. Reaccionaron los isleños con prontitud y en el 2’ Carri ya avisó también de lo que luego sería capaz. Entre el empuje visitante y las ganas locales, el partido se movía por unos tramos peligrosos de intensidad, de rapidez en las jugadas de peligro y, sobre todo, en las sensaciones de que el pegase primero, pegaría fuerte.

Con ello, llegó el minuto 11. La salida de un córner y el intento de remate local dejó a Gabi Ramos en solitario ante Aulestia, pero su disparo fue al muñeco. En la continuación de la jugada, una contra y un balón en largo a Samu Corral terminaba con el cero a uno, que bien pudo ser segundos antes el uno a cero.Tocaba sufrir, pero no se encontraba la manera de hacer el sufrimiento efectivo de cara a puerta.

Y todo esto porque Pablo Sánchez no acertaba en el 28’, porque un tiro cruzado a continuación del gaditano, en el 29’, se iba fuera por poco. Porque en el 38’ el palo repelía el tercer remate seguido del extremo, porque en el descuento de la primera mitad, Carri lanzaba una vaselina que tocaba lo justo Tomás Sánchez para mandar a córner y porque en el saque de esquina Manu Ramírez estrellaba el cuero, por segunda vez, en el travesaño. Parecía que no era el día. Parecía que no había manera de igualar la contienda, y con ello se llegó al final de los primeros cuarenta y cinco minutos de juego.

Pero todo tenía que cambiar. En primer lugar porque lo expuesto invitaba a ello. Y en segundo lugar porque tanta insistencia tenía que tener la recompensa deseada. Fue Carri el que anotó un tanto que, posiblemente, sea el gol de la jornada porque será difícil de superar.

El tanto dio alas a un equipo que comenzó a hacer un acoso y derribo a su rival para terminar de certificar la remontada. Así, en el plena vorágine azulina Carri intentó repetir el gol en el 48’, pero no le salió y Manu Ramírez tuvo una clara en el 55’, pero su disparo se fue por poco. El propio Manu Ramírez no llegó, por centímetros, a un milimétrico centro de Pablo Sánchez en el 60’. Con la ilusión de un equipo que tiene ese lema por bandera, en el 62’ fue de nuevo Manu Ramírez el que estuvo a punto de culminar el juego azulino con la remontada, pero tampoco pudo ser.

Lógicamente, conforme fueron pasando los minutos, el equipo de José Pérez Herrera fue bajando en intensidad y el tiempo iba en contra de los isleños y a favor de los almerienses que, incluso con diez, se defendían como un gato panza arriba.

Cuando todo hacía presagiar la igualada final. Cuando el empate parecía el resultado pactado. Cuando se había perdido la fe por parte del respetable, llegaba la jugada del descuento, el córner que sacaba a duras penas la escuadra visitante y la fortuna de Jacobo, al que le caía el esférico en sus pies para cruzar un balón repleto de esperanza y culminar la remontada.

Tuvo incluso el tres a uno en sus botas el joven Sergio Romero pero su remate, ya en el 94’, se fue fuera cuando lo más fácil parecía introducirlo dentro de la portería.

Y se llegaba al final de un partido entre la explosión de algarabía que dejaba un encuentro repleto de fe, esa que mueve montañas, esa que tiene quien cree en sí mismo. Y los isleños creen al doscientos por cien en ellos.

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