España-Malta en Cádiz | Ambiente Juerga nocturna en Carranza

  • Los casi 20.000 espectadores se lo pasan 'pipa' con la catarata de goles de La Roja

Los gaditanos disfrutaron de lo lindo en el Carranza con la selección española. Los gaditanos disfrutaron de lo lindo en el Carranza con la selección española.

Los gaditanos disfrutaron de lo lindo en el Carranza con la selección española. / Julio Muñoz/Efe

La noche del viernes 15 de noviembre de 2019 ha pasado a la historia del fútbol gaditano. Por primera vez en sus más de 3.000 años de existencia, Cádiz ha vibrado con un partido oficial de la selección española de fútbol, una Roja convertida en el otro equipo de la afición cadista, famosa por todos los confines de la Tierra por su incuestionable fidelidad al color amarillo.

La consecución de dos Eurocopas y un Mundial de manera consecutiva caló de tal modo en los españolitos de a pie que de un tiempo a esta parte, por toda la geografía nacional, el apoyo se ha multiplicado respecto a épocas pretéritas.

Pues en Cádiz, y en su archifamoso Ramón de Carranza, no podía ser menos. Pese a la baja temperatura, que llenó de abrigos el estadio, y el bendito inconveniente consistente en que los pupilos de Robert Moreno ya tuvieran sacado el billete para la fase final de la competición continental desde la visita a Suecia no impidieron un llenazo para el recuerdo. Pocos de los poseedores de las preciadas entradas se rajaron a última hora y eso permitió que las sillas vacías fueran escasísimas.

La mayoría del personal esperó la llegada del autocar de la selección española resguardándose en los bajos de Tribuna y los bares ubicados en los alrededores para huir de la frialdad climatológica, pero en cuanto apareció ese autobús surgieron como setas muchísimos aficionados que recibieron a sus ídolos deportivos con una entrega tal que parecía que en lugar de ser un España-Malta de la fase de grupos y con poquísima trascendencia se trataba de los prolegómenos de la gran final de la Eurocopa 2020. Las banderas rojigualdas empezaron a ondear y aún quedaba un buen rato para comenzar.

Metidos ya en faena, después del tarareo forzoso del himno por la incomprensible inexistencia de una letra oficial –este asunto difícilmente encontrará solución durante la naciente legislatura- Sergio Ramos se convirtió en el protagonista de los primeros instantes de juego al ser aclamado por la práctica totalidad de los casi 20.000 espectadores. Y no es recomendable escribir totalidad a secas porque seguro que algún que otro barcelonista acérrimo no participó en ese elogio muy generalizado al capitán.

El tanto inaugural de Morata propició un incremento de los decibelios de los gritos de euforia y los aparatos acústicos. Por mucho que el adversario de turno fuera muy modesto, la gente tenía unas ganas locas de celebraciones y repitió el jolgorio con la segunda diana, de Cazorla. A disfrutar y ya más de uno empezó a pensar que se acabaría escuchando el "queremos 12" en clara referencia histórica.

El parón del descanso enfrió algo el cotarro en el tramo inicial de la segunda parte, en el que aisladamente se despidió con un acompasado "¡¡¡Cazoooorla, Cazoooorla, Cazoooorla!!!" a un jugador especialmente querido en todos los rincones de la geografía española.

También se ovacionó el nombre de "¡¡¡Manoooolo, Manoooolo, Manoooolo!!!", se supone que por un Manolo el del Bombo que ya había recibido cariño en la espera del autocar. Pero una resonancia especial alcanzó el "¡¡¡¡¡Raaaaaamos, Raaaaamos!!!!!" que se escuchó al ser suplido el homenajeado.

De pronto cayó una ristra de goles, cuatro en una decena de minutos a la usanza del día del 12-1 del Benito Villamarín, y eso fue el acabose. Al final estaban locos de contento hasta los votantes de Ciudadanos, que endulzaron a base de tantos y más tantos su amargura provocada por el desastre electoral.

¡ESPAÑA tracatrá!

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