Fútbol | Segunda División B

Empate y gracias del Cádiz B en su visita al colista Marino (0-0)

  • El filial, que puede y no quiere, evita la derrota ante un rival tinerfeño que quiere, no puede y manda fuera un penalti en tiempo de prolongación

Jordi Tur, sustituido a la vuelta del descanso, presiona a N'Diaye. Jordi Tur, sustituido a la vuelta del descanso, presiona a N'Diaye.

Jordi Tur, sustituido a la vuelta del descanso, presiona a N'Diaye.

El Cádiz B firmó un empate en su visita al Marino, un colista que ofreció resistencia, que incluso buscó algo más y que a punto estuvo de conseguir su primer triunfo del curso en su feudo cuando gozó en el tiempo de prolongación de un penalti que desperdició.

Sin duda obligado por su crítica situación clasificatoria, el equipo tinerfeño saltó al rectángulo de juego con ímpetu, tratando de llevar la iniciativa, buscando el marco de Garrancho por la vía rápida, más con balones directos que con elaboración. Las fuerzas intactas le permitieron por momentos embotellar a un conjunto gaditano que mantenía el orden defensivo para no pasar excesivos apuros.

Dos córners casi seguidos rondando el minuto 10, el segundo tras una meritoria individualidad de Diarra, supusieron el punto de inflexión en cuanto a las intenciones del filial, que se sacudió el acoso para pasar a dominar en la zona ancha, aunque los locales no renunciaban a buscar el gol en rápidas contras o en la prolongación de las mismas en forma de jugadas a balón parado.

Al ecuador del primer tiempo se llegó con equilibrio no sólo en el marcador sino de fuerzas, apuestas diferentes pero muy marcadas de los contendientes y sin ocasiones claras de cara a portería. De hecho, ni un solo remate entre los palos se había registrado camino de la media hora.

La intensidad y velocidad inicial dio paso a minutos menos actractivos a los ojos del espectador, de pulso táctico, desgaste y lucha en el centro del campo para dominar con claridad de una vez por todas. En este sentido, el cuadro cadista optaba por serenar, bajar el cuero y rasearlo  como mejor fórmula para contrarrestar el fútbol más anárquico e incluso alegre de los canarios.

Camino del descanso, en el 41’, por fin se produjo el primer lanzamiento a meta, protagonizado por Fede Olivera desde fuera del área y bien atajado por Garrancho. La única oportunidad del Marino no encontró réplica del Cádiz B, que se marchó al descanso sin tirar a puerta.

A la vuelta del vestuario, Juanma Pavón introdujo su primer cambio al dejar en la caseta a Jordi Tur y sacar a Boselli, una clara declaración de intenciones en cuanto a la ambición de ir a por los tres puntos. Y, en efecto, sus pupilos mostraron desde el principio una marcha más en ataque, si bien dejando más huecos en la retaguardia que se traducían en aproximaciones inquietantes del adversario. En cualquier caso, las imprecisiones por uno y otro bando eran la nota dominante del choque.

La propuesta del titular de la Tacita de Plata, sus buenas intenciones, duró lo que dura un caramelo en la puerta de un colegio. Con toda certeza contagiado por el juego de ida y vuelta de los de Kiko de Diego, los amarillos volvieron a su planteamiento original de protegerse atrás y fiarlo todo en el aspecto ofensivo a una salida veloz, con balones largos, o alguna jugada de estategia, como la que le dio el triunfo una semana atrás ante el Marbella.

El encuentro alcanzó la hora con poco fútbol, excesivos errores y emoción únicamente por la incertidumbre del tanteador. La evidente calidad individual del filial la contrarrestaba el equipo de Los Cristianos con una sobrada dosis de fe y amor propio.

Pavón movió ficha mediado el segundo periodo con tres cambios de una tacada. Aire fresco y también ideas nuevas para dar un giro al panorama, más bien gris. También los de casa refrescaron su línea de arriba, y también la zona de creación, con un par de sustituciones.

A medida que el duelo entraba en su recta final, la escuadra gaditana consolidó su idea de asegurar el empate por encima de todo. Quizás por ello, fijó más si cabe su línea defensiva y se tomó son suma tranquilidad cada posesión, tocando desde la zaga sin asumir el menor riesgo. Entre poner en peligro el punto o ir a por los tres, eligió asegurar las tablas.

Así y todo, el filial se acercó con peligro a la inmediaciones de David Ruso, casi siempre por la izquierda, revitalizada con la entrada de Israel Akpan. Eso sí, los repetidos centros nunca encontraron rematador.

El partido languidecía en un quiero y no puedo del Marino y un puedo y no quiero del Cádiz B cuando una contra local y un absurdo penalti otorgaron a los tinerfeños la mejor oportunidad imaginada. Sin embargo, el recién entrado Nami lanzó fuera desde el punto fatídico, ya en tiempo añadido, por fortuna para los amarillos, que finalmente saborearon la igualada como si se tratara de una victoria.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios