Para quitarse el sombrero. Por Fernando Santiago
Si usted mira fotos antiguas verá que nuestros abuelos usaban todos sombrero, fueran de la clase social que fueran. De jipijapa, bombín, stetson, borsalino, canotier, gorras o mascotas, como se les llamaba en Cádiz. Tanto las clases altas como las populares. El uso de la prenda decayó hasta el punto del famoso eslogan de una sombrerería de Madrid en la posguerra: los rojos no usaban sombrero. El establecimiento alcanzó cierta fama gracias al impacto publicitario. Este invierno los puretas españoles se han aficionado al sombrero. Muchos de ellos parecían remedos de Indiana Jones sin látigo. Como la moda ha cogido a todos de improviso la mayoría no han adquirido la costumbre que la urbanidad aconseja a todo varón tocado con sombrero: quitárselo en presencia de una dama y en un lugar cerrado. Así hemos podido ver actos públicos en locales cerrados donde algún interviniente iba con el sombrero puesto, a veces una gorra marinera modelo Alberti, a veces con gorrilla campera, otros con un gorro de lana, otros con gorra de béisbol. Incluso con sombreros de ala. No es descartable que alguno de los muchos gaditanos que peregrinan por ferias y romerías usen el sombrero cordobés para mimetizarse con el paisaje, aunque aquí no nos sirva el caballo para ir a pescar. Como sus padres dejaron de usar el sombrero nadie les ha enseñado cómo llevarlos. En la ciudad el que los ha llevado toda la vida y podría dar un curso al respecto es Ignacio Moreno, conocido el Tío del Sombrero. Los tiene de todas clases y modelos y los sabe llevar con elegancia. Sabe tocarse el ala para saludar, cuando se para con una dama se descubre, se quita el sombrero al entrar en un lugar cerrado y sabe combinar cada estilo de sombrero con la ropa que lleva. Podría impartir algún curso al respecto para evitar ejemplos zafios. Si uno no sabe usar sombrero es mejor no ponérselo o comprarse una trenka para usar la capucha. Los lonchas tenemos un problema llegado el invierno ya que el cartón al aire provoca enfriamiento. Este año el invierno ha sido especialmente crudo y quizás eso ha invitado a muchos a desempolvar los sombreros que tenían en los armarios. Está muy bien que vuelva el sombrero, en invierno para guarecerse del fío o la lluvia y en verano para cubrirse del sol. Pero por favor, un poco de urbanidad . Cádiz fue siempre una ciudad culta y elegante. Gregorio Marañón llegó a calificarla de la ciudad antipalurda por excelencia.
También te puede interesar
Lo último