El partido de mi vida por Luis Mora

22 de junio 2020 - 06:11

MINUTO 93 A mis cuarenta y pocos empiezo ya a pintar canas futboleras. Porque uno es futbolero desde el primer recuerdo y el fútbol, desde que tengo uso de razón, ha sido y es uno de los ejes de mi vida. Y esa pasión se nutre de dos ejes fundamentales: El Cádiz C.F. y el Real Madrid. Dos amores compartidos. De ahí, todo lo demás. Un todo que ha sido y es mucho ya que mi primer carnet de socio del Cádiz, en las Filas 1 y 2 de Tribuna, fue expedido en las oficinas de Cánovas del Castillo 21, seguramente por Lagares, en la temporada 87-88. De allí hasta hoy cumpliendo ininterrumpidamente con mi cita cadista de cada temporada, sin importarme los años de universidad y de trabajo en Madrid. Pasión cadista que intento transmitir a mis tres hijos, a los que hice abonados nada mas nacer, en algún caso antes incluso que inscribirlos en el registro civil. El cadismo no se negocia. Compromiso que renuevan, renovamos los cuatro, cada verano. En 1970 los Beatles estrenaron “The long and winding road”, una de mis canciones favoritas de los fab four y que a buen seguro Sir Paul McCartney escribió pensando en el Cádiz y su peregrinar por la infausta Segunda B. Largo y sinuoso camino, sí. Aunque lo puntualizaría añadiendo un adjetivo: Bendito. Bendito, largo y sinuoso camino que es parte muy importante de mí. Camino en el que he vivido innumerables alegrías, en forma de salvaciones in extremis o ascensos, pero también tristezas, decepciones y preocupaciones con cara de descensos y crisis institucionales por las que estuvimos a punto de desaparecer en varias ocasiones. En todo este camino y aunque sea difícil me quedo con una alegría: La salvación en la tanda de penaltis tras aquella mítica y durísima promoción con el Málaga. Tanto por lo que sucedió en ella como por la forma de llegar a poder jugarla tras aquel partido con el Zaragoza y la salida al campo de Kiko cuando perdíamos 0-1 y nos íbamos de cabeza a segunda. Inolvidable. Mucho camino recorrido, pero el partido de mi vida, por la conjugación temporal de ambas pasiones, la amarilla y la blanca, y las circunstancias acaecidas, llega en mayo del año 2014. El Madrid volvía a clasificarse para la final de la Copa de Europa, la tan ansiada décima, que ese año se jugaba en Lisboa. Tras arrasar al Bayern de Pep Guardiola la historia nos citaba con Atlético de Madrid de Simeone en una final a cara de perro. La locura para conseguir las entradas, miles de gestiones y petición de favores, pero una semana antes de la final el Cádiz tras una temporada llena de problemas económicos, institucionales y deportivos, se clasifica para el play off de ascenso a segunda B y el sorteo nos empareja en la primera eliminatoria con el Hospitalet, coincidiendo el partido de vuelta (allí) con la final de la Champions. El destino cambio el destino y de Lisboa pasé a Barcelona, que tampoco está nada mal para un fin de semanita. Y para Tabarnia que me fui con Fernando Estrella tras el 0-0 del partido de ida en Carranza. Aterrizamos el sábado por la mañana y llegó la noche con la primera cita del fin de semana: la final de Lisboa. Buscamos un bar para verla y ya sabemos todos lo que pasó. Minuto 93 y Sergio Ramos nos dio la vida a los madridistas: Hasta el final, vamos Real. La locura en el bar, abrazándome a desconocidos, saltando y llorando de alegría. La locura. El minuto 93 nos dio la vida. Después vino la prórroga y la tan ansiada décima ya estaba casa. Además ver al Madrid ganar la Copa de Europa en Barcelona, de la forma en que la ganamos y cuando los catalanes ya celebraban la derrota y verles después las caras.... REALmente maravilloso. Complicado conciliar el sueño después, con las pulsaciones aún a tope y los ronquidos del Sr. Estrella, por lo que casi sin dormir ya estaba duchándome para dirigirnos a Hospitalet donde a las 12h nos jugábamos seguir en la lucha para salir del pozo. La segunda batalla empezaba. Visita a la Generalitat en la plaza de Sant Jaume, nuestro hotel estaba al lado, con su correspondiente fotito con la bandera del Cádiz y algún que otro cariñoso piropo a Puigdemont. Al metro y para Hospitalet. 1.000 cadistas en la grada (bendita afición). Campo con gradas raras y de césped artificial muy chungaleta que en Barcelona 92 parece ser que fue sede del beisbol. Quedando 15 minutos para el final Juan Villar marcaba el 0-1 que nos ponía la eliminatoria muy de cara. Jolgorio y abrazos. En el 89 empataban. Canguelo. En el 93 marcaron el 2-1 que nos condenaba a otro año de turismo rural. El 93. El bendito y maldito 93 que en apenas 13 horas me dio y me quitó todo. Porca miseria.

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