Antonio Burgos y Paco Robles en ABC de Sevilla sobre el carnaval.
LOS NUEVOS POBRES Hay que presumir de pobreza y austeridad como antes se exhibía el dinero en una barrera y se enganchaba en Feria NO sé si recuerdan que en España hubo una vez una época llamada del Pelotazo, por cierto designada con una palabra que nació en Cádiz para destacar el éxito desbordante de una agrupación de Carnaval. Permítanme que hoy, Domingo de Carnaval, dedique este elogio a mi Cádiz adoptante, la ciudad que inventó la Constitución, la libertad de expresión, la lotería nacional, la loca aritmética del cuarteto de 3 o de 5, según, y el Pelotazo. Qué tiempos aquellos en que España vivía feliz con el Pelotazo. Ya no hay pelotazos ni en el Carnaval, donde ha sonado este año, como arma de destrucción masiva de la primitiva función carnavalesca del humor, la fácil demagogia de los pasodoblesmitin sobre los recortes; de los cuplés-telediario sobre los desahucios; y de los tangos-pancarta sobre el INEM. Los letristas de Carnaval parecen tertulianos de la SER o de «El Gran Debate»: todo contra el PP. Igual que se ha hablado mucho del voto cautivo, en estas noches del concurso gaditano del Teatro Falla, escuchando devotamente por la radio las coplas como quien va a clase a aprender, he pensado que también tenemos una «copla cautiva», prisionera de la dictadura de lo políticamente correcto y esclava del Politburó de la Izquierda. Estando Cádiz en la Andalucía de los ERE, sólo al coro «La Cañonera», de Fali Pastrana, le he podido escuchar un tango contra la Junta. La palabra «Griñán» ha sonado en el teatro un sola vez, en boca de un cuarteto, mientras a Rajoy le han llamado profusamente cosas tan ingeniosas como «cabrón». Casi todo ha sido telediario cantado. Pero telediario de la Sexta, de la Cuatro o de Canal Sur, no de Antonio Jiménez en 13 TV. Pero íbamos por el Pelotazo... Habría que darle la vuelta a la famosa frase de la poca vergüenza de Carlos Solchaga, cuando en pleno festín del felipismo uno que se decía socialista dijo: «España es el país donde es más fácil enriquecerse en menor tiempo.» Hemos pasado justamente a lo contrario: «España es el país donde es mas fácil arruinarse en menor tiempo». Muchos de los nuevos ricos son ahora los nuevos pobres. Aunque no sé si es válido, ni ahora ni nunca, ese concepto de los nuevos ricos. Un amigo mío, con voz con corona de marqués, pero sin landó con dos caballos, decía en los tiempos de la frase de Solchaga:
—Eso de «nuevos ricos» es un pleonasmo. Todos los ricos son nuevos. Los antiguos ricos estamos todos ya tiesos. Y lo decía estando ciertamente a dos velas, en un casoplón heredado de su estirpe que no podía mantener y que acabó vendiendo para algo que se llevaba mucho entonces: un «hotel con encanto». Que se llaman con encanto, porque te alojas en uno de estos hoteles y al hacer el «check out» dices: –Encantado de haber venido para no volver más a este hotel de aficionados. No hay nada como tener la seguridad profesional de una gran cadena, de un NH, de un Meliá, de un Westin...
Ahora hay que presumir de pobreza, de recortes y de austeridad, como antes se exhibía el dinero en una primera fila de barrera y se enganchaba en Feria. Me río yo de algunos de estos nuevos pobres. Un chulesco director de empresa andaba por Sevilla alardeando ante sus trabajadores que él también se había recortado el sueldo en un 20 por ciento. Sin aclarar que no es lo mismo un recorte del 20 por ciento a un mileurista que a uno que gana 90.000 euros al año. O como ese presidente de una empresa importantísima del Ibex 35 que ha alardeado de que se ha pegado él también un 20 por ciento de recorte en el sueldo. ¿Y saben cuánto le queda al año al roneante de recorte? Pues 3,9 millones de euros. Que son 648 millones de pesetas. Por lo que el gachó sale a 1.775.342 pesetas... SALADA CLARIDAD
En todas las ciudades se miente, menos en Cádiz, donde el embuste tiene denominación de origen SEREMOS los más mierdas, los más indolentes, pero ahora no me lo cuentes. Es mi fiesta y es mi aldea. No elegí, no tiene mérito, ni me creo mejor ni lo creo mejor, tan loco por irme cuando estoy como muerto por volver si me marcho pero, jodé, le he cogido cariño». ¿Hay mejor declaración de amor a una ciudad? Así se abre de capa y espada el Cyrano de Gades que responde por el nombre de Pepe Landi. Así abre el texto, y así se abre en canal para desnudarse las vísceras del cariño que le profesa a esa amante desnuda de algas y de milenios, a esa Venus que cada mañana renace de las aguas fenicias mientras Pericón le cuenta los embustes más grandes del mundo. En todas las ciudades se miente, menos en Cádiz, donde el embuste tiene denominación de origen. Pues hoy quiero ser un mierda más, querido Pepe Landi. Tan sólo os pido que me hagáis un sitio en la Cuna de la Libertad con mayúscula: un respeto para las ilegales, esas chirigotas que le pierden el respeto a la misma parca que un día nos cortará los hilos, dejando al cristobita que somos en manos del tiempo sin relojes. Hazme un sitio en algún callejón perdido de cuyo nombre ni quiero, ni puedo acordarme. Deja que me ría para curarme los males de la patria grande, de la mediana y de la chica. Enmascarado en la bulla, le cogeré el culo a la prima de riesgo y le birlaré el sobre al caja de Los Bárcenas, me iré de un bache sin apoquinar el ERE y abriré los ojos para asombrarme, una vez más, con ese perfil de mar y piedra al que llamáis Candelaria. No puedo rozar la pluma al maestro Burgos, que sabe de esto más que el inventor. No sé casi nada de ese carnaval que te lleva a buscarte por las calles desconchadas de la vida, querido Landi. Pero hay algo que me ha removido por dentro cuando te he leído antes de ver ese sucedáneo del Falla, ese carnavalito domesticado por la corrección política, esa puesta en escena de la Andalucía plastificada por el Régimen canal sureño. Es tan difícil explicarlo, que lo dejamos para otro día. Es algo así como un repeluco, como una emoción íntima que nos da miedo confesar. Por eso me agarro a tu artículo como si fuera el mostrador donde los enterradores del siglo XX hacían el compás binario que en Cádiz se llama tres por cuatro: hasta en la música sois los más embusteros del mundo.
Sólo quiero un poquito de sol carnavalero, tres o cuatro coplas que me reconcilien con esa gracia que le quita las telarañas al gris marengo de lo consuetudinario, que diría un cursi con todos sus avíos. Y los vasos imprescindibles para posar el mamoneo de las letras, que en Cai se cobran a treinta, sesenta y noventa. Como proclaman el Peña y el Masa, algo así como Ortega y Gasset pero en dos entregas, en carnaval no debe faltar nunca el borderío que bordan las ilegales, las chirigotas que no están sometidas a jurados ni reglamentos. Las escucharé como quien se enfrenta con Bach o con Mozart, con el Mellizo o con Aurelio. Te juro que voy a cumplir tu mandamiento, Pepe Landi: «Es mi fiesta, carajo. Es mi pueblo. Si no te gusta, no vengas, o vete, o te escondes un rato. Las fiestas no se estropean». Sólo te pido, por el amor de la diosa carnavalera, un sitio en la calle para compartir la salada claridad.
También te puede interesar
Lo último