Aleluya

22 de abril 2011 - 12:05

Aunque parezca algo obvio, no todas las tradiciones son dignas de conservar ni todo el folklore es hermoso. Quemar herejes era una tradición y se suprimió. Lo era la esclavitud o la postergación de la mujer y también eso ha cambiado. Las tradiciones cambian o desaparecen y otras nuevas ocupan su lugar. Algunas venidas de fuera: ya no se presenta el Tenorio pero en casi todas las familias se celebra el Halloween. Es el signo de los tiempos . Algunas tradiciones están bien enterradas y otras hay que enterrarlas cuanto antes: la ablación del clítoris, el velo islámico para la mujer o la supremacía de la religión católica en el espacio público español. Algunas tienen que ver con las costumbres: desapareció la Velada de los Ángeles y no pasó nada. Cádiz jamás tuvo Hermandad del Rocío y ahora tiene una muy activa al parecer(qué le vamos a hacer). Todos dicen que Cádiz tenía una gran tradición taurina pero lleva 40 años sin plaza de toros y no se ha parado el mundo. La provincia tuvo una gran tradición de gallos de pelea y ahora están prohibidos. El mundo sigue. Una tradición se va y llega otra. No hay que ser tremendo con esas cosas. Asuntos que antes se veían fundamentales hoy se miran con otros ojos y su supresión no debe suponer un drama. Algunas tradiciones están muriendo poco a poco, como los Juanillos, sin que todavía nadie se haya atrevido a suprimirlas. Otras se incorporan, como las ferias, que antes daban repelús en la ciudad y ahora entusiasman a todos.

Viene todo esto a cuento de los toros del aleluya, ensogaos, de fuego, embolaos o como se les quiera llamar. Un animal que va corriendo por las calles de un pueblo mientras es sometido a todo tipo de torturas por unos mozos que juegan a ser el macho alfa ante el auditorio. La supuesta valentía que no es tal porque hay vallas para resguardarse y todo un servicio sanitario dispuesto por si ocurre algo. Aún así la tradición lleva a jóvenes muchachos a hacerse los hombres ante los toros , con la mirada asombrada de turistas y la admiración del vecindario. Toda una muestra de gallardía que el toro no tiene para sí: no elige la función ni le espera más final que servir como comida tras la fiesta. Si la tauromaquia es un arte que consiste en convertir a un bello animal en una albóndiga sanguinolienta, según definición de Manuel Vicent, no son muy diferentes todas estas fiestas donde pobres animales atados con cuerdas, con los cuernos anulados o con bolas de fuego son alanceados por el vecindario. Da igual si se trata de una cabra que lanzan desde el campanario o un morlaco que corre por Arcos, Vejer o Paterna. El efecto es el mismo: muchos ciudadanos supuestamente civilizados que miran como se hacen el machito un grupo de chavales a los que trasladamos la peor de nuestras costumbres y tradiciones: el maltrato a un ser indefenso ante el jolgorio del personal. Dijo también Manuel Vicent “acepto que los toros son arte si se acepta que el canibalismo es gastronomía”. Luego queremos traer la innovación, la sostenibilidad y el respeto a la naturaleza mientras enseñamos a nuestros jóvenes a hacerse los valientes frente a pobres animales .

http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/957542/aleluya.html

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