Delincuentes
Crónicas del retornado
Como en este artículo voy a escribir sobre delincuentes, debo dejar claro que me refiero a “presuntos” delincuentes por imperativo legal, ya que si no apostillo debidamente me puede caer la del pulpo. Lo que no entiendo por qué es preciso calificar de presunto, o sea “jamón portugués” a quien en castellano drecho se denominaría sencillamente como “chorizo”. Cuestiones de charcutería legal, supongo.
El caso es que este verano me ha dado por interesarme en el asunto del delito y sus circunstancias, seguramente porque ando enfrascado en lecturas policíacas. Hay que ver la cantidad de personas que se ocupan del crimen organizado o desorganizado: policías, jueces, fiscales, forenses, criminólogos, burócratas... Casi se podría a firmar que el delito es una importante fuente de puestos de trabajo, tanto para los propios chorizos, como para todos aquellos que intentan obstaculizar su tarea.
Confieso mi debilidad por las novelas de Andrea Camilleri y su comisario Montalbano, porque me resulta muy próximo, construye personajes y situaciones de forma muy completa y brillante; también porque es considerado con el lector y no le obliga a trabajar demasiado con sus pequeñas células grises, como diría el inefable Hércules Poirot de Agatha Christie, otra de mis preferidas. Doña Agatha, persona en sí fascinante por su muy peculiar biografía, construye sus obras con una precisión asombrosa y es capaz de dotar de gran colorido todos sus ambientes y situaciones. Esta señora británica hace verosímiles historias que tratadas por otro escritor no lo serían. ¿Y qué me dicen ustedes del Maigret de Simenon? Maigret es un señor corriente, casado y nada llamativo en general, pero de una eficacia mucho más que notable. Un descubrimiento muy reciente ha sido para mi una dama francesa que escribe pajo el seudónimo “Fred Vargas”, creadora del comisario Aramberg. En casi toda la novela policíaca europea el elemento gastronómico está presente y eso a mi me llama mucho la atención. Mención aparte merece Sherlock Holmes, admirable, aunque yo lo veo algo chapucero y rocambolesco, estimación en la que coincido con Doña Emilia Pardo Bazán.
No quisiera hacer de menos a la novela negra de Estados Unidos, pero es muy diferente a la europea. Me he zampado todo Chandler, con su Marlowe, que tiene cara de Humphery Bogart, he disfutado, pero algo menos, con Dashiel Hammet...
Total, que me gustan mucho las novelas de delincuentes y policías y recomiendo a los señores lectores que les dediquen algún tiempo de estas vacaciones veraniegas. Para aquellos que las disfruten claro, porque hay demasiados gaditanos y chiclaneros que, al no disponer se un puesto de trabajo, tampoco tienen lo que se dice vacaciones.
Añadiré, para salirme de la parte literaria, que el propio desterrado tiene en editorial una novela policíaca, que don Juan José, el insigne editor, y yo mismo intentaremos sacar en septiembre, porque ahora, con esto de la peste , iba a ser complicado.
Pero la mayor parte de los presuntos o chorizos que salen en las novelas policíacas adolecen de una carencia: les falta “pedigree”, clase o como se le quiera llamar. Hay muy pocos delincuentes egregios.
En cambio aquí, en España tenemos unos delincuentes, chorizos, presuntos o cacos de muy insigne estirpe, incluso de alta alcurnia.
El último grito en chorizos insignes ha resultado ser don José Luis Moreno, primero ventrílocuo famoso, luego empresario de espectáculos, finalmente propietario de lavandería, pero no precisamente de ropa, sino de pasta en cantidades ingentes. La policía y la justicia españolas dicen que esta criaturita y sus socios son responsables de estafa continuada, falsedad documental, blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal . Lo que pasa es que los detectives y policías de novela suelen dar con los bandidos como éste en pocos días o semanas y los de verdad españoles se han tirado dos años currándose la “operación titella” hasta lograr echarle el guante al pájaro, que ahora anda tranquilamente por la calle tras abonar una pequeña fianza de tres milloncejos. Por cierto: comprendo que la justicia tiene sus razones, pero nunca dejará de sorprenderme que un delincuente rico pueda quedar libre bajo fianza, en tanto que uno pobre, al no disponer de dinero para la fianza, se coma la preventiva entera y verdadera.
Pues siguiendo con la chacina, cuentan que el famosísimo cantante de rancio abolengo Don Miguel Bosé justificaba con jamones y otros artículos de primera necesidad gastos empresariales más que dudosos. Hacienda le reclama 55.350,53 euros más otros 23.536,87 euros de sanción.
Pero pata negra, lo que se dice pata negra de la delincuencia, la cumbre del presuntismo ibérico, la ostenta el monarca fugitivo, el famoso Emérito. A estas alturas todos hemos perdido la cuenta del pastazo presuntamente chorizado por el antaño inviolable y, por lo que vamos viendo, todavía intocable, por mucha fiscalía suiza o española, UDEF que se pongan en el asunto, y me temo que para rato hay caldo.
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