Martínez Bellido: “Trato de llevar las imágenes al límite”

Parte de las obras de este artista visual chiclanero puede verse en las Jornadas de Puertas Abiertas de Matadero Madrid durante esta semana de Feria Internacional de Arte Contemporáneo (ARCO)

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Martínez Bellido desarrolla su trabajo en el Centro de Residencias Artísticas de Matadero Madrid.
Martínez Bellido desarrolla su trabajo en el Centro de Residencias Artísticas de Matadero Madrid. / ©Matadero Madrid / Arde Visual.

En plena semana de ARCO, cuando Madrid se convierte en un mapa expandido del arte contemporáneo más allá de los pabellones de IFEMA, parte de la obra del chiclanero Martínez Bellido (Cádiz, 1992) puede verse en las Jornadas de Puertas Abiertas de Matadero Madrid, donde este artista visual actualmente desarrolla su trabajo en el Centro de Residencias Artísticas (CRA).

Martínez Bellido explora la materialidad de la fotografía mediante experimentos con los soportes, los procesos y los dispositivos técnicos que la generan, poniendo en diálogo la objetividad de la técnica con el papel especulativo de la imaginación. Sus obras han formado parte de numerosas exposiciones colectivas e individuales y están presentes en varias colecciones públicas, como la del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, la Universidad de Sevilla, la Fundación Valentín de Madariaga, y de colecciones privadas de España, Francia y Reino Unido.

Pregunta.–Naciste en Cádiz y tu trabajo hoy circula por museos, ferias y centros de arte. ¿Qué peso tiene el lugar de origen en tu mirada artística?

Respuesta.–Trabajar desde un lugar periférico aporta un grado de distancia respecto a lo que ocurre en las grandes ciudades y la sensación de que las cosas suceden con otra cadencia, aunque es algo sutil porque hoy estamos todos interconectados. Diría que la relación del lugar de origen con mi mirada se ciñe a esa cuestión de perspectiva.

Las obras de Martínez Bellido han formado parte de numerosas exposiciones colectivas e individuales.
Las obras de Martínez Bellido han formado parte de numerosas exposiciones colectivas e individuales.

P.–¿Cómo ha evolucionado tu relación con la fotografía desde tus inicios hasta las líneas de investigación actuales?

R.–Yo me enamoré de la fotografía mientras estudiaba. Coincidió que fallecieron mis abuelos y que nuestra profesora nos invitó a leer ‘La Cámara Lúcida’. El álbum de fotos se convirtió en un objeto mágico para mí, que hasta entonces no había tenido especial significado. Me cautivó el cruce tan especial que se da en la foto entre el ilusionismo de la imagen y la capacidad para hacer sensible la idea del tiempo. Pero, sobre todo, esa idea de Barthes de que la foto mantiene una relación problemática con la memoria y, específicamente, con la imaginación (a la cual suplanta). A lo largo del tiempo, mis trabajos fotográficos han ido haciéndose menos figurativos, hasta adentrarse completamente en la abstracción y en la experimentación con la propia materialidad de la imagen y de los dispositivos tecnológicos que la producen. Sin embargo, el interés inicial por la relación entre la fotografía y la imaginación sigue vigente hoy en mi práctica y es, tal como lo veo, el núcleo que conecta casi todos mis trabajos, aunque hayan sido formalmente variables.

P.–Tu obra investiga la fotografía desde lo técnico y lo experimental. ¿Cómo explicarías esto a alguien que no está familiarizado con el arte contemporáneo?

R.–Diría que mi práctica consiste en utilizar los materiales y las técnicas fotográficas para hacer experimentos que dan como resultado imágenes inciertas, que intentan activar la imaginación evitando el reconocimiento. Trato de llevar las imágenes al límite, donde las formas empiezan a dejar de ser reconocibles o empiezan a serlo de una manera diferente.

P.–Trabajas con instrumentos ópticos y procesos inspirados en la fotografía científica. ¿Qué te atrae de ese cruce entre arte, ciencia y experimentación?

R.–Me interesa el periodo en el que nace la fotografía y se incorpora a la ciencia, tanto por la experimentación a la que se somete el medio como por el uso que se le da.

Martínez Bellido pone en diálogo la objetividad de la técnica con el papel especulativo de la imaginación.
Martínez Bellido pone en diálogo la objetividad de la técnica con el papel especulativo de la imaginación.

R.La fotografía científica no siempre cumple el uso de registrar lo que ya vemos, sino también el de acceder a lo que nuestros ojos no pueden ver. A parte de adentrarse en un mundo que está ocupado por la imaginación, la visualización de fotografías científicas requiere un conocimiento muy específico para poder identificarlas, sin el cual las imágenes pueden llegar a rozar la abstracción visual. Un espectador que carezca del conocimiento sobre lo que representa una fotografía científica con un grado alto de abstracción tenderá a evaluarla mediante analogías con el mundo que conoce, haciendo un ejercicio de imaginación imposible, que no sirve para descubrir el referente de la imagen, pero sí nuevas posibilidades de la misma.

P.–En algunos de tus proyectos, como el de Genalguacil, te has implicado con la comunidad local, ¿cómo ha transformado eso tu obra?

R.–En el proyecto que realicé en Genalguacil trabajé con los espejos de sus habitantes y los documenté usando una anomalía fotográfica, generando unas imágenes paradójicas del vacío. La aplicación de la experimentación fotográfica a unos objetos que están muy significados por su uso aportó un grado de profundidad y solidez al proyecto, al vincular la poética con una realidad concreta.

P.–Formas parte de una nueva generación de artistas andaluces que además de contar con nuevas instituciones (CAAC, C3A) y programas de apoyo (Iniciarte, residencias), es valorada y observada desde el exterior, tal y como se ven tus exposiciones en Luis Adelantado u OTR. ¿Cuáles crees que son las características que os unen como generación? ¿Con cuáles de tus compañeros te sientes más afín?

R.–Es muy difícil precisar las características comunes que definen a una generación, más cuando las prácticas divergen material y conceptualmente entre sí. En ciertas prácticas percibo un interés por la sensualidad de la materia y una conciencia de que las artes visuales tienen un lenguaje propio que no tiene por qué estar mediado en todo momento por el lenguaje discursivo.

R.Me siento afín a quienes permiten que sus ideas germinen en el diálogo con la materia y no intentan traducir al lenguaje de las formas lo que primero pueden pensar con claridad y justificar con palabras.

P.–¿En qué trabajas actualmente?

R.–En el Centro de Residencias Artísticas de Matadero Madrid, estoy desarrollado un trabajo que intenta relacionar los instrumentos de observación con la imaginación. La idea de la imaginación y la máquina me interesa mucho y me ocupará bastante tiempo.

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