Chiclana

Nueva hazaña chiclanera en el aire

  • Javier Sierra y Vicente Palmero consiguen recorrer un total de 339 kilómetros en paramotor. La distancia cubierta es la que separa a Chiclana de Mérida, un trayecto que cubrieron en casi 12 horas de vuelo

Javier Sierra, Vicente Palmero, Adrián Villalpando, Manuel Falcón y Rafael Pagán, integrantes del Club Paramotor Sancti Petri, han sido los protagonistas de una nueva hazaña aérea. Todos ellos tenían el propósito de sobrevolar las provincias de Cádiz, Sevilla y Badajoz para aterrizar en Mérida (los cuatro primeros pilotos en el aire y al último de ellos le tocó ser el conductor en tierra). Era una propuesta muy ambiciosa, ya que volar más de 300 kilómetros en un aeronave hecha de tela y cuerdas, que va a unos 40 kilómetros por hora con una autonomía de vuelo de unas dos horas, era algo bastante difícil de conseguir. "En Andalucía, la ruta más larga realizada hasta hoy en un solo día ha sido de 400 kms y fue conseguida a la segunda por problemas meteorológicos. También se ha intentado este año a modo de carrera, realizar una ruta de 400 kms con un suculento premio al ganador, en la cual se inscribieron pilotos de todos lados con sus equipos altamente preparados. Salieron más de 30 pilotos y sólo acabaron dos. La barrera de los 400 kms es algo bastante difícil de conseguir en paramotor", ha señalado Sierra.

La idea de los pilotos chiclaneras no era otra que hacer la ruta en un solo día dividida en cuatro tramos con tres paradas para repostar. Para ello, tenían que salir lo más temprano posible para volar con la atmósfera lo más parada posible. "El sol al salir va calentando la tierra y ésta va subiendo de temperatura y cuando llega el mediodía ha adquirido tanta, que el aire que tiene encima también lo hace. Al calentarse el aire se hace menos denso y sube en forma de corrientes térmicas que son las que provocan en los vuelos comerciales los temidos baches", ha destacado el chiclanero.

A las seis de la mañana, empieza la aventura. La atmósfera quieta, el vuelo entre brumas del amanecer, los olores a campos mojados por el rocío de la mañana y los colores rojizos de los primeros rayos del sol hacían, junto al viento a favor, que el objetivo se hiciera más asequible y placentero en el primer tramo de la ruta. En un vuelo que se les hizo muy corto, aterrizaron en Dos Hermanas, tras volar 100 kms en una hora y 45 minutos. Fue aquí donde Manuel Falcón descubrió una grieta en el depósito de gasolina de su paramotor que no pudo reparar y que le obligó a seguir el resto del camino a bordo de la furgoneta y no en el aire.

El inicio de este segundo tramo transcurrió entre nubes que tuvieron que atravesar y sobrevolar, ya que debajo de ellas el vuelo se hacía bastante desagradable e inestable. "El espectáculo estaba servido. El mar de nubes blancas casi brillantes a nuestros pies, más abajo, entre nube y nube la tierra amarilla de los campos aún secos por el verano y arriba de nuestras cabezas un cielo azul radiante. Así volamos unos 50 kms, hasta llegar a las primeras elevaciones de Sierra Morena. Allí se quedaron las nubes y comenzó otro paisaje de montañas y valles adornado por embalses y pequeños pueblecitos blancos. Por ahora seguía todo más o menos como lo establecido a excepción de nuestro amigo Manolo en coche. Aterrizamos en Santa Olalla, donde repostamos de nuevo y rápidamente despegamos hacia el siguiente destino, Almendralejos", ha narrado Sierra.

El tercer tramo fue de puro pilotaje ya que las térmicas les rodeaban y el parapente se movía para todos lados. Además, tuvieron que subir a más de 1.500 metros por estos parajes para dejar las montañas abajo con un buen margen de seguridad. El viento dejó de ayudarles y en algunos tramos empezó a darles de frente por lo que la velocidad se reducía. "El GPS nos daba un tiempo estimado hasta Almendralejos que la autonomía de los motores no podían superar. Y así fue, conseguimos salir de Sierra Morena, pero nos vimos obligados a aterrizar antes, en Villafranca de Los Barros. El aterrizaje en este pueblo fue complicado ya que el calor de las tres de la tarde en las llanuras de Extremadura rodeados de tierras rojas emanando calor lo complicó bastante. Y más lo dificultó al despegar, una hora más tarde, con las barrigas llenas y el calor. El terreno de donde teníamos que despegar era estrecho, cuesta arriba y finalizaba con una vía de tren en alto. Después de varios intentos y carreras con los más de 40 kilos del motor cargado de gasolina, más todo el peso de la instrumentación, paracaídas de emergencia, casco, botas, radio, etc..., Adrián decide acabar la ruta. Se había dado ya el vuelazo de su vida, nos decía, y estaba más que satisfecho por lo que había hecho", ha señalado.

El despegue fue difícil y nada más estar en el aire se encontraron con pequeños torbellinos que hacían girar en su interior a más de 50 metros de altura plásticos, hojas e incluso cartones. "El aire estaba enfadado, se veía y se notaba al volar. Los parapentes se movían y cabeceaban sin parar incluso en ocasiones bajábamos a más de un metro por segundo llevando el motor a tope, que no lo conseguía evitar. Hubo un tiempo, los primeros kilómetros de este último trayecto que nos planteamos aterrizar y dejarlo. Volábamos despacio, con viento de deriva que nos hacía avanzar de lado. Finalmente, decidimos aguantar y sin parar de frenar y controlar el parapente llegamos a Mérida. Con abrazos y una enorme satisfacción nos felicitamos entre todos al vernos allí, en Mérida, transportados por la frágil y vulnerable aeronave que es un paramotor, después de todo un día de vuelo y aventuras. Había salido todo más o menos como lo habíamos programado y sin ningún incidente. Habíamos volado en un día 339 kilómetros, cruzando tres provincias, dos comunidades y casi la mitad de España. El próximo reto será mayor", ha finalizado el piloto chiclanero.

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