Condenado a 21 años de cárcel por el asesinato de un taxista en Chiclana en 2013
El agresor asestó varias puñaladas a la víctima y después la atropelló con su propio vehículo
La Audiencia Provincial de Cádiz ha condenado a 21 años de cárcel al acusado de matar a un taxista en Chiclana en septiembre de 2013, al que asestó varias puñaladas y atropelló después con el coche.
El acusado había sido declarado por un jurado culpable de asesinato, al considerar los agravantes de alevosía, ensañamiento y aprovechamiento del lugar, apartado para no ser descubierto.
Tras la celebración del juicio, la Audiencia Provincial ha dictado sentencia, imponiendo una condena de 21 años de prisión y una indemnización de 172.000 euros para la hija del fallecido.
El procesado reconoció el primer día del juicio la autoría del crimen, aunque alegó que fue "en defensa propia". A partir de ahí, la defensa se basó en que se produjo una discusión en la que la víctima lo golpeó "con un objeto contundente" (el abogado habló de una piedra) y actuó en legítima defensa, por lo que solicitaba que se considerasen los hechos como un homicidio y que la pena no excediera de siete años y medio de prisión.
Por su parte, la acusación particular negó este aspecto, pues entendía que el procesado actuó con alevosía y ensañamiento, por lo que pidió que se juzgase este caso como asesinato (con una pena de 25 años). La Fiscalía calificó los hechos igualmente de asesinato y su peteción de cárcel fue de 22 años.
Una de las claves durante el juicio estuvo en el testimonio de los forenses, que declararon que el cuerpo de la víctima no presentaba ninguna erosión ni signo de haberse producido un forcejeo, añadiendo además que las heridas que presentaba el agresor en las piernas podían haberse realizado con un matorral y las de las manos eran compatibles con una autolesión.
En el primer día de juicio, todas las partes coincidieron en el principio y el final de los hechos, la cuestión era dilucidar si se produjo o no la discusión y agresión que afirmaba el acusado.
Según el procesado, el taxista no le puso "ningún impedimento" por el hecho de que el servicio tuviera parte del trayecto por caminos de tierra, hasta que "se originó una discusión sin sentido e ilógica y me obligó a bajarme del taxi".
Según el relato del ahora condenado, "me negué, él se bajó hecho una fiera y me dio un golpe en la frente con algo muy duro". A partir de ahí, empezó una pelea en la que "apareció un cuchillo" y los dos forcejearon en el suelo, terminando la contienda a ocho metros del vehículo.
Aunque el taxista "ya estaba muerto", según señaló el condenado, "no podía dejarlo allí", por lo que lo metió en el maletero. No obstante, el cuerpo yacente del taxista fue atropellado por su agresor, lo cual alega que no lo hizo para causar más daño a la víctima, sino porque "el hueco (de la calle) era estrecho" y era "la forma más corta" para poderlo introducir en el maletero del vehículo.
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