El 'tren de borrascas' no abandona al Cádiz CF

La humillante derrota ante el filial de la Real Sociedad pone sobre la mesa la dura realidad de haber sumado un punto de los últimos 18, y centra la mirada crítica en Garitano y en la gestión de Vizcaíno

El Cádiz CF es insoportable (0-2)

Ontiveros con el balón ante dos rivales.
Ontiveros con el balón ante dos rivales. / JESÚS MARÍN
F.J. Díaz / Cádiz

24 de febrero 2026 - 10:59

Aquel 9 de enero empieza a quedar lejos cuando las sucesivas borrascas castigaban el sur de España y el Cádiz CF ganaba su último partido hasta la fecha. Aquel 9 de enero el Sporting era derrotado en el Nuevo Mirandilla (3-2) pero ya con la sensación de que había llegado un tardío regalo del Día de Reyes. Aquel 9 de enero es la última vez que el cadismo vio el sol; desde entonces, nubarrones encima del equipo, del proyecto y de los responsables de este desaguisado.

El equipo amarillo sucumbió ante la Real Sociedad B (0-2) con el temor de que, posiblemente, aún no haya tocado fondo. Son seis jornadas sin ganar en las que ha sacado un punto de 18 posibles; un empate y cinco derrotas. Es una racha, en cuanto a números, muy adversa. Pero es que ese 'tren de borrascas' está dejando muy malas sensaciones en muchos momentos del juego.

Vamos por partes. El Cádiz CF ha perdido su identidad, ese sello que le hacía ser un equipo con muchas limitaciones en ataque -el eterno debate de tener un delantero de verdad, de los que hacen goles-, pero que al menos se defendía con criterio, garras y contundencia. Lo segundo lo ha perdido de forma evidente porque, por poner un ejemplo, la Real B hizo dos goles, mandó dos balones a los palos y tuvo infinidad de llegadas que salvó Víctor Aznar. Ni ataque ni defensa.

De las pocas cosas que arrojan coherencia de lo que dijo Gaizka Garitano es el balón. Con él en los pies el equipo no sabe qué hacer. No hay circulación ofensiva y lo peor es que las pérdidas, infantiles en muchos casos, dejan retratados a ciertos futbolistas. Una cosa es la juventud e inexperiencia; otra es no dar el mínimo para competir en la exigente Segunda División.

El Cádiz CF se desangra con el entrenador cuestionado por la masa social y el presidente de nuevo en boca del cadismo, harto de estar harto. Eibar puede ser un balón de oxígeno o la sentencia en plena Cuaresma, donde la Pasión va por barrios pero en el Cádiz CF no apasiona a nadie.

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