Cádiz-Oviedo | La crónica

Un empate doloroso

  • El equipo amarillo pierde dos puntos en el tiempo de prolongación en un duelo parejo

Una jugada del partido. Una jugada del partido.

Una jugada del partido. / Lourdes de Vicente

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El Cádiz tenía ganado el partido. Había abierto la lata a falta de un cuarto de hora para el final con un penalti sobre Manu Vallejo transformado por Álex Fernández, que luego, en la última acción del encuentro, en plena prolongación, marcó en propia meta para restablecer un empate (1-1) que puede considerarse justo en un duelo parejo, de desgaste físico. La pena para los locles fue el amargo desenlace.

Para qué cambiar algo que funciona, debió pensar Álvaro Cervera, que apostó por el mismo once que sacó en Soria con la única variación de Servando en lugar del sancionado Kecojevic.

Desde los compases iniciales se libró una intensa batalla entre dos equipos que trataron de anularse mutuamente con una presión asfixiante arriba. Los visitantes salieron más entonados y llegaron con peligro al área. En el minuto 5, Cifuentes evitó a lo justo un gol olímpico al rechazar sobre la línea un lanzamiento de esquina de Saúl Berjón. En el 13, un grave error de Servando a punto de estuvo de costarle caro a un equipo local tímido, más ocupado en achicar balones que en buscar la portería contraria.

No hallaron espacios los amarillos en ataque posicional, aunque la primera vez que llegaron de verdad tuvieron el gol muy cerca. Tuvo que ser desde muy lejos. En el 15, Álex Fernández se inventó un derechazo que iba para dentro hasta que se topó con la mano salvadora de Herrero. La ocasión, muy clara, animó a los gaditanos, a los que les costaba un mundo acercarse al arco. En el 25, poco después de un cabezazo alto de Carlos Hernández tras una falta, Barco sacó petróleo a un centro largo de Salvi pero su testarazo junto a la meta lo desvió Herrero. Pocas ooportunidades no aprovechadas.

El partido estaba demasiado encorsetado, condicionado por una igualada contienda en el centro del campo. Manu Vallejo, un día más, fue el que dio más señales de poder desequilibrar aunque estuvo muy atado. Aketxe entró poco en materia ante la aglomeración de azulones en su zona. Dispuso de una buena oportunidad para enganchar el cuero, pero su disparo se perdió muy lejos del objetivo. El exceso de respeto condujo a los dos conjuntos a extremar las precauciones y la fluidez en la circulación brilló por su ausencia. Los dos extremos de cada rival sufrieron una vigilancia tan estrecha que las opciones de desbordar fueron mínimas. Manu y Salvi se encontraban una y otra vez con dos oponentes, que tenían muy estudiadas las fortalezas del Cádiz.

No había dueño de un balón que iba de un lado a otro sin continuidad en el juego, toda una demostración de la igualdad que reinaba sobre el renovado tapete, en condiciones óptimas para la práctica del fútbol. El duelo tenía toda la pinta de cero a cero porque tanto uno como otro dieron prioridad al resguardo de su territorio.

De vez en cuando aparecían los de casa en el área asturiana, como el salto al alimón del portero y Barco que acabó con el ariete tendido en el suelo y la posibilidad de un penalti reclamado por los locales y el público, no concedido por el colegiado.

Poco cambió el decorado en la reanudación de un duelo con dominio alterno, con escasas ocasiones a la espera de que se empezase a notar el cansancio. Avisó Boateng en el 58 con un tiro desde la frontal que se escapó por la línea de fondo. Los primeros cambios de los entrenadores fueron en la delantera para la última media hora. Juan Antonio Anquela sacó a Joselu -por Toché- y Cervera recurrió a Carrillo -en lugar de Barco-. Apostaban por frescura arriba pero sin mayores riesgos. Nada de mover el dibujo. El partido caminaba por la senda de la nadería con la sensación de que sólo podía romperse con una acción aislada. En el 66, un misil lejano de Aketxe fruto de un libre directo rozó el larguero. No entró la pelota, pero sí despertó a una parroquia cadista que ejerció su papel de jugador número 12 para empujar a los suyos en la recta final. Un remate de chilena de Carrillo detenido por Herrero tuvo la inmediata réplica de Joselu y la idéntica respuesta de Cifuentes.

Nadie era capaz de alterar el marcador hasta que el eficaz sistema defensivo de los carbayones saltó por los aires en el minuto 75, cuando Carlos Hernández derribó a Manu Vallejo dentro del área. Penalti claro que el árbitro no dudó en señalar y Álex Fernández, un minuto después, se encargó de transformar con solvencia. Tiró raso hacia un lado, el portero se fue hacia el otro y gol.

El Cádiz llegó al último tramo con un una ventaja mínima pero de oro que parecía tener amarrada hasta que en en el 93, en la última jugada, un disparo desde la frontal de Tejera lo tocó Álex Fernández y acabó dentro de la portería.

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