Los amarillos, obligados a cambiar el rumbo de la historia

La escuadra gaditana sólo ha sido capaz de superar una de las seis eliminatorias de la fase de ascenso que ha disputado desde el último descenso a Segunda División B.

Juan Villar, desolado, y Aulestia tumbado al fondo tras caer frente al Oviedo. /Joaquín Pino
Juan Villar, desolado, y Aulestia tumbado al fondo tras caer frente al Oviedo. /Joaquín Pino
J.J.N.

03 de junio 2015 - 05:02

La resiliencia es la capacidad de las personas de sobreponerse a situaciones adversas. No le queda otro remedio al Cádiz, a su cuerpo técnico, a sus jugadores, que levantarse, mirar al frente y seguir luchando porque, pese al duro varapalo, continúa vivo en la batalla por el ascenso. Para ello debe eliminar a los dos rivales que se le pongan enfrente -el primero es el Hércules de Alicante- y superar además los miedos que aparecen como obstáculos en el largo camino.

Algo le pasa al Cádiz para que, llegado el momento decisivo, no termine de cumplir el objetivo. El escudo, el enorme peso de la historia, la urgencia por subir... Todo influye, y mucho. Y no sólo esta temporada. Es un mal incrustado en el tejido de un club llamado a luchar contra el cruel destino de los últimos años. El problema se extiende a la etapa más reciente. Da igual quién sea el entrenador y qué jugadores integren la plantilla. El resultado casi siempre es negativo y la consecuencia es una dañina estancia en las catacumbas del escalón de bronce, donde la escasez de ingresos dificulta la estabilidad económica de la entidad.

El balance de las últimas campañas saca a flote una realidad preocupante. Los números hablan por sí solos. De las seis eliminatorias de play-off disputadas por el conjunto amarillo desde el descenso a Segunda División B consumado en 2010, en cinco de ellas quedó apeado y sólo salió triunfador en una. Las cifras demuestran que el Cádiz, por la razón que sea, no es capaz de afrontar los cruces trascendentales.

La reciente y dolorosa derrota frente al ascendido Real Oviedo no hace sino alimentar una oscura trayectoria jalonada de batacazos que obliga al actual equipo amarillo a sentarse en el diván para reciclar con rapidez su estado mental, espantar los temores y salir adelante. Sólo con valentía es posible el matrimonio con el éxito. Y es que el Cádiz, como campeón del grupo IV, se guarda una segunda carta que ahora debe jugar con maestría para conseguir por fin el anhelado salto a la categoría de plata.

No le queda otra que levantarse a la escuadra gaditana para vencer al Hércules y meterse en una nueva final. Para ello debe mejorar sus prestaciones no sólo en relación al choque contra el Oviedo, también en comparación con la media docena de rondas en las que ha participado los últimos cinco años.

En la campaña 2010/11, el Cádiz (cuarto del grupo IV), fue noqueado por el Mirandés después de haber ganado el partido de ida en el Carranza por 2-0. En el choque de vuelta, los amarillos tenían la eliminatoria encarrilada (perdían por 2-1) pero recibieron dos goles en los últimos minutos que lo dejaron fuera de combate (4-1).

El ejercicio 2011/12 fue el curso que más duelos de play-off disputó el cuadro gaditano. Campeón del grupo IV, fue vapuleado por un Real Madrid Castilla (primero del grupo I) plagado de perlas (Jesé, Morata, Nacho...) por un contundente 0-3 en la ida en el Carranza y 5-1 en la vuelta en Valdebebas. El Cádiz, por su condición de líder, siguió vivo y en el siguiente cruce se deshizo del Albacete (cuarto del grupo I) en la tanda de penaltis dirimida en casa después de dos empates sin goles en ambos partidos. En la tercera ronda se cruzó con el Lugo (tercero del grupo I). Perdió 3-1 en territorio gallego e igualó la eliminatoria con idéntico resultado en la vuelta, pero esa vez la lotería de los penaltis dejó a los amarillos sin el ascenso.

Después de la nefasta temporada 2012/13, en la que los gaditanos se vieron abocados a pelear por evitar el descenso a Tercera División, en la 2013/14 regresaron a la fase de ascenso como cuartos clasificados del grupo IV. No pasaron de la primera ronda en el duelo contra L'Hospilatet (segundo del grupo III) después de empatar a cero en casa y caer por 2-1 en el municipio catalán cuando ganaba por 0-1 a falta de pocos minutos para el final del encuentro.

En el actual play-off, perdió una ocasión de oro tras empatar a uno en el Carlos Tartiere. Con todo a su favor, el equipo amarillo no estuvo a la altura, jugó con diferencia su peor encuentro de la temporada y perdió (0-1) en el Carranza ante el Oviedo, que fue el que subió a las primeras de cambio. Un decepcionante revés que retrasa el regreso a la Liga de Fútbol Profesional (LFP).

El resumen de esos seis cruces es que sólo superó uno y perdió cinco, con un balance en 12 partidos de dos victorias, cuatro empates y seis derrotas. No ganó nunca a domicilio y recibió el doble de goles de los que marcó (20 en contra y 10 a favor).

La historia reciente juega en contra del Cádiz, pero es el propio equipo amarillo el que tiene la posibilidad de dar un giro radical de 180 grados para cambiar de rumbo y escribir páginas gloriosas que todavia están por rellenar.

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