El afán de superación del 'Canijo'

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Paco Ramírez, el entrenador que hizo debutar a José Mari en la Roteña con sólo 16 años, destaca la fuerza de voluntad del centrocampista para salir de situaciones adversas

Paco Ramírez (d) y su hijo Rubén, con José Mari y la camiseta del Colorado Rapids que el roteño regaló al entrenador.
Paco Ramírez (d) y su hijo Rubén, con José Mari y la camiseta del Colorado Rapids que el roteño regaló al entrenador.
Jesús Jaques Nuche

Cádiz, 13 de mayo 2018 - 01:37

El nombre de José Mari vuelve a sonar con fuerza a lo largo de esta semana. El partido contra el Real Zaragoza que mañana se disputa en el Ramón de Carranza rescata la imagen de la durísima entrada que Papu hizo al centrocampista en el encuentro contra el conjunto maño de la primera vuelta. El recuerdo de aquella desagradable acción del pasado 9 de diciembre pesa incluso más que la victoria (0-2) del Cádiz en un estadio de Primera División como es La Romareda. La consecuencia fue la más traumática para un deportista: una grave lesión en una pierna, el obligado paso por el quirófano y la prematura despedida de la temporada cuando aún no se había llegado al ecuador del campeonato. Un palo para el equipo y para un futbolista que, lejos de gastar un minuto de su tiempo en lamentaciones, desde el principio se mostró dispuesto a levantarse para seguir haciendo lo que más le gusta: jugar al fútbol.

Desde el mismo día en que fue operado, José Mari no se fijó otra meta que no fuese la recuperación para volver cuanto antes a la actividad normal de los entrenamientos y la competición. Sin prisa pero sin pausa. Afronta el trago más amargo que le puede tocar un futbolista, un obstáculo más en su carrera que se dispone a salvar con una fuerza de voluntad a prueba de bomba. Si hay un rasgo que caracteriza al medio es su afán de superación. Así lo atestigua su descubridor, Paco Ramírez, el entrenador que le hizo debutar en la Roteña con sólo 16 años, en plena adolescencia y con toda la ilusión del mundo por ser futbolista -le dio también la primera oportunidad a Alberto Cañas, ahora en las filas del Paok de Salónica-.

"José Mari tiene un afán de superación enorme, es un don natural que sabe gestionar", cuenta el técnico jerezano, que está convencido de que la perseverancia del roteño le hará estar en la pretemporada con el Cádiz, preparado para empezar la Liga el próximo mes de agosto. "No va a parar hasta volver, ha sido un trabajador nato desde pequeño, lleva en la sangre el esfuerzo y su amor por el fútbol".

Paco rememora que conoció a José Mari cuando el ahora futbolista era un niño. Coincidían los veranos en Rota y los hijos de Paco trabaron amistad con él. Jugaban juntos en la playa. "Recuerdo que íbamos a ver partidos cuando era sólo un alevín, entonces jugaba de lateral derecho y ya se veía la ilusión que tenía".

Con el paso del tiempo, Paco se hizo cargo del banquillo de la Roteña y no dudó en dar la alternativa a un chaval de 16 años "que tenía claro que quería ser futbolista, era su empeño y no paró hasta conseguirlo". José Mari atesoraba sobradas cualidades con el balón, "pero se decía que no tenía condiciones físicas para llegar a ser futbolista. Tenía fundamentos técnicos muy buenos y se trabajó con él en el aspecto físico y también en otras cuestiones como el posicionamiento en el campo, lo normal a esa edad". Su delgadez propició el cariñoso apelativo de Canijo, que es como suele llamarle Paco de manera afectuosa.

La evolución de José Mari fue tal que rebasó todos los obstáculos para cumplir su sueño. "Lo suyo es un premio a la constancia más que merecido. Él siempre quiso ser futbolista y lo logró pese a las dificultades, siempre tenía ganas de aprender, de evolucionar. Llegaba el primero a los entrenamientos, nunca llegaba tarde y nunca tenía prisa por irse. Tenía claro que su pasión y su ilusión era el fútbol". Tenía madera para adentrarse en el mundo profesional, no sólo por sus virtudes con el esférico, también por su vocación de líder. Paco fue testigo directo de la influencia que ejercía José Mari pese a su juventud. "Era asombroso ver cómo alentaba a sus compañeros, incluso a los más veteranos, con sólo 16 años. Ya demostraba una personalidad increíble, era un líder dentro y fuera del terreno de juego, tenía carácter para el fútbol".

Pero Paco va más allá del José Mari futbolista. "Es un caso especial por muchas cosas. Como futbolista está ahí, todos conocen su trayectoria, pero es imposible no referirse a su grandeza como persona. Siempre se acuerda de mí, no se olvida de sus amigos". El técnico guarda como un tesoro la camiseta del Colorado Rapids -equipo de Denver- que el centrocampista le regaló cuando militaba en el equipo de la principal Liga de Estados Unidos. "Estando tan lejos se acordó de mí. A uno le llegan y le llenan esos detalles".

El ahora jugador del Cádiz atravesó momentos duros, como en su etapa en el Jaén, "cuando no le pagaban. Me dijo que estaba pensando en volver a casa y yo le aconsejé que aguantara", recuerda Paco. Aguantó, despuntó y dio el salto al Zaragoza para estrenarse en Primera División. Fue su lanzamiento definitivo en el balompié.

Álvaro Cervera no ha ocultado que echa de menos a José Mari desde el primer día que sufrió la lesión. Es una baja de peso. Paco Ramírez se pone en la piel del preparador cadista. "No me extraña que lo diga porque se trata de un jugador especial por lo que representa sobre el césped y también en un vestuario. Aporta compañerismo, imprime carácter, pone las pilas a los demás, aporta energía positiva, buen ambiente. Ejerce un efecto pegamento fundamental en todo equipo. Es un jugador especial que vive el fútbol con mucho sentimiento. Le afectaban las derrotas o cuando no hacía un buen partido, pero yo le decía Canijo, a prepararse para el próximo desde el martes".

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