Cádiz CF

La SAD, una conversión eterna

  • Hace 21 años que el Cádiz CF se acogió a la Ley del Deporte, pero la titularidad de las acciones no ha tenido estabilidad La deuda del club se ha cuadruplicado en este tiempo

Los clubes de fútbol han sido históricamente las sociedades que más deuda acumulaban, existiendo entidades abocadas al desastre en el caso de no tomarse medidas serias y agresivas contra una auténtica lacra en la gestión. Tras muchos años de espera, por fin en 1989 el Gobierno se tomó en serio el asunto y lanzó el proyecto más necesario para el fútbol, que de forma brusca puso el punto y final a esos equipos de la afición que pasaron a ser de unos dueños agrupados en sociedades anónimas deportivas. Al Cádiz le cogió el cambio en su última larga etapa en Primera División, por lo que vivió la llegada de la Ley del Deporte en el inicio de su debacle deportiva y económica.

El proyecto de Ley fue aprobado en Consejo de Ministros el 5 de mayo de 1989 a la espera de ser refrendado en las Cortes. Fue retomado en enero de 1990 y aprobado por fin en las Cortes Generales el 27 de septiembre de ese mismo año. Abierto el proceso de transformación de los clubes deportivos, cuatro sociedades quedaban excluidas de este trámite para el fútbol profesional por haber presentado beneficios en las últimas tres temporadas, Madrid, Barcelona, Athletic de Bilbao y Osasuna.

El proceso debía estar cumplido con fecha límite el 30 de junio de 1992, en vistas a que la campaña 1992-93 comenzara con todos los clubes implicados en la Liga Profesional a punto. El 23 de junio de 1992, a una semana para que acabara el plazo dado por el Gobierno, el Cádiz no encontraba la forma de alcanzar el total del capital estipulado (395,5 millones de las antiguas pesetas). Manuel Irigoyen, el presidente del club, recurrió a la Mancomunidad de Municipios de la Bahía de Cádiz, a fin de que los alcaldes de sus localidades le ayudaran a la conversión en SAD. Se planteó que comprara un máximo de 361 millones de pesetas en acciones, a través de una entidad bancaria, con el objetivo de recolocar esos títulos antes de que acabara febrero de 1993. Sin embargo, el 29 de junio se conoció que la Mancomunidad no tenía poder jurídico para avalar la operación. Irigoyen, acorralado, acudió a Carlos Díaz como alcalde de Cádiz. El 30 de junio el Ayuntamiento adquirió todos los títulos que faltaban por suscribir para la conversión definitiva del Cádiz en SAD. Compró acciones por valor de 310 millones de pesetas con la garantía de recolocarlas antes del 1 de marzo de 1993. Por lo tanto, el Ayuntamiento se convertía en el primer máximo accionista de la entidad, un paso que provocó que el entonces concejal Rafael Garófano se convirtiera en presidente.

El Ayuntamiento había salvado un gran obstáculo administrativo, pero el descenso a Segunda A -un año después- restó interés a la adquisición de esas acciones, por lo que Garófano comenzó a negociar con un grupo de Madrid la venta del paquete mayoritario. Era junio de 1993. Curiosamente Antonio Muñoz Vera estaba ya en aquel Consejo, en el que representaba a los accionistas minoritarios. Cádiz Promociones Deportivas SA era el nombre de la sociedad de la capital de España que finalmente, por 293 millones de pesetas, el 22 de junio de 1993 se hizo con esos títulos. No sin polémica por la negativa de ocho concejales que vinculaban esa empresa a Jesús Gil y Gil. El consejero delegado de Cádiz Promociones Deportivas era Juan Manuel González Díez, quien más tarde llegó incluso a ser presidente del club. El grupo madrileño abonó 40 millones de pesetas a la firma ante notario, más cuatro letras: 60 millones el 5 de septiembre de 1993; otros 60 millones el 5 de diciembre; 63 millones el 5 de enero de 1994; y 70 millones el 5 de julio de ese mismo año.

Fue el inicio de una etapa negra. Descenso a Segunda B y fracaso total en esa primera campaña en la categoría de bronce. Además, con esta sociedad se produjeron los traspasos de Kiko y de Quevedo al Atlético, salpicados de polémica por el pago efectuado por ambos jugadores. En el mandato de esta empresa, José Luis Fernández Garrosa -condenado por el caso Malaya- se convirtió en director general, el hombre fuerte de la entidad.

En junio de 1995, el club vive bajo el abandono por parte de sus dueños. Mientras eso sucede, Muñoz negocia con Enrique Cerezo -actual presidente del Atlético-, que era otro hombre de peso de Cádiz Promociones Deportivas. A inicios de julio dimite Fernández Garrosa y a los jugadores se les deben 100 millones de pesetas. Con la suspensión de pagos solicitada y una deuda auditada de 608 millones de pesetas (3.654.153,59 euros), un plantel a medio hacer inició la pretemporada en la playa a las órdenes de Hugo Vaca, secretario técnico. El 2 de agosto de 1995, Muñoz, ayudado por Manuel García y otros empresarios, asumió el mando. Comenzaba el ciclo del cordobés.

Tras fracasar en los intentos por llevar al equipo a Segunda A, en el verano de 1998 entró a escena el Grupo ADA -Antonio Asensio-, que con Rafael Mateo y Fran Canal se hizo con la dirección del Cádiz. Dos proyectos ambiciosos en lo económico no llevaron al equipo ni a la fase de ascenso, por lo que en el verano de 2000 ADA dio un paso atrás. Después de meses de lucha, y de plantilla y empleados sin cobrar (retraso de hasta seis mensualidades), la locura se desató en enero de 2001 con una venta vista y no vista de las acciones a Zalinde, con Antonio Mendoza como presidente, que duró unas pocas semanas como dueño y presidente hasta que, desbordado por los acontecimientos, dio marcha atrás y fue Muñoz el que recuperó la propiedad con la ayuda económica de buena parte del cadismo.

A partir de ahí comenzó el ciclo más largo y exitoso del cordobés, sobre todo en lo deportivo. Por fin el ascenso a Segunda A y dos años después, a Primera. La elite duró una campaña, pero es que dos más tarde de nuevo al pozo de la Segunda B y con serios problemas monetarios asomando por el horizonte. Entremedio, otra venta fallida a Arturo Baldasano, que llegó a la Tacita en carroza de oro y con Vicente del Bosque, y a los tres meses se fue alarmado por las cuentas de la entidad: "Está en quiebra técnica". No le faltaba razón.

Muñoz retomó el poder y tras subir a Segunda A y volver a bajar a Segunda B, solicitó el concurso de acreedores. Cedió la presidencia a Enrique Huguet y luego a Juan José Pina -la temporada de la gestión deportiva que lideró el padre de éste-, hasta que hace un año y medio vendió a Sinergy. Con los italianos, aquí no paga nadie y a punto de descender a Tercera. Todo ello con Locos por el Balón recién aterrizado sabiendo que le aguarda una deuda que ronda los 12 millones de euros. De locos.

Algo más de dos décadas después de la aplicación de la Ley del Deporte, la deuda del Cádiz se ha cuadruplicado. La conversión en SAD fue un rotundo fracaso.

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