Dulce epílogo a una amarga primera vuelta

cádiz c.f.

La victoria en Soria no permite al equipo amarillo acabar la ronda inicial fuera de la zona de descenso por el empate del Girona, pero abre una puerta al optimismo

Los jugadores del Cádiz, durante una sesión de trabajo en el Ramón de Carranza.
Los jugadores del Cádiz, durante una sesión de trabajo en el Ramón de Carranza.
Jesús Jaques Nuche / Soria

25 de enero 2010 - 05:02

Cinco victorias, ocho empates y otras tantas derrotas, que traducido resultan 23 puntos en los 21 partidos de la primera vuelta. Esos son los números que, a grandes rasgos, resumen la trayectoria del Cádiz en la ronda inicial de la Liga adelante que no ha sido nada buena pero que ha terminado de manera esperanzadora.

La frialdad de las cifras no hace sino reflejar una mala primera vuelta que se ha llevado por delante a Javi Gracia y, de momento a un jugador, Joseba Arriaga, cedido al Alavés hasta final de temporada después de haber disfrutado de pocos minutos con el Cádiz.

Empezando por el final, lo más actual, la meritoria victoria amarilla en territorio numantino, por la que pocos apostaban vista la trayectoria del equipo a domicilio, ha devuelto el optimismo a toda la familia cadista. Los tres puntos obtenidos en Soria han producido un efectivo positivo que ha generado onda expansiva. Aunque, por un lado, el Cádiz rompe un racha negativa de casi dos meses sin ganar y tres meses y medio sin conocer la victoria lejos de Carranza, por el otro, tras el empate del Girona ayer en Murcia, el conjunto amarillo no termina la primera vuelta fuera de la zona que conduce al infierno de la Segunda B.

La victoria ante el Numancia supone una inyección de confianza para los jugadores, que han visto cómo su autoestima ha subido como la espuma. El aspecto anímico juega un papel fundamental y si la plantilla cree puede ganar en cualquier campo comprará papeletas para volver a sumar de tres en tres en sucesivos desplazamientos. Además, este triunfo puede provocar un efecto llamada hacia una afición que no está poblando las gradas del Carranza como antaño.

La llegada de Víctor Espárrago junto a su mano derecha, Luis Soler, ha sido, de momento, el revulsivo que buscaba Antonio Muñoz tras la dinámica negativa que había sumergido al equipo en el sótano de la clasificación. El Cádiz ofreció en Soria una imagen sólida, ordenada y solvente que abre de par en par la puerta al objetivo de la permanencia. El efecto Espárrago empieza a dar sus frutos.

No ha sido fácil el camino del conjunto amarillo en la primera vuelta. Hasta cinco jornadas tuvo que esperar la afición para saborear la primera victoria de la temporada, que llegó ante el Recreativo en Carranza. El arranque se convirtió en un camino empedrado que empezó a allanarse cuando el Cádiz sumó un nuevo triunfo una semana más tarde, esta vez en Albacete. La derrota en Castellón (el equipo más débil del torneo hasta la fecha) fue el prólogo de una nueva racha negativa que alcanzó su apogeo con las derrotas consecutivas cosechadas en Villarreal y Gerona, no sólo por perder sino por la triste imagen que ofreció el equipo. Poco dudaban a esas alturas de la competición de que la confección de la plantilla bajo la responsabilidad del director deportivo, Julio Peguero no había sido la más acertada.

Javi Gracia, fiel hasta entonces a su estilo de juego, dio un giro en su sistema con una apuesta más ofensiva al colocar a dos delanteros en el ataque cadista, una modificación que mantuvo hasta su destitución. El cambio dio sus frutos con una clara victoria ante el Celta, la última en la etapa del técnico navarro. Después llegaron malos resultados con una imagen penosa aderezada por una cadena de expulsiones, partido tras partido, que acabó convirtiéndose en un lastre para el equipo amarillo. El puesto de Gracia empezó a peligrar y la puntilla llegó en el primer partido de 2010, cuando la afición estalló en Carranza tras la derrota ante el Nástic con un equipo que se mostró impotente sobre el césped. El entrenador estaba prácticamente sentenciado y sólo un milagro en San Sebastián hubiera salvado su cabeza. La derrota en Anoeta, la antigua casa de Gracia, fue su tumba como técnico del Cádiz. Ese mismo día fue cesado y a los dos días se anunciaba la llegada de Espárrago, contratado con el objetivo de salvar una nave a la deriva.

Si en lo deportivo las cosas no han ido nada bien, el plano institucional se ha visto salpicado por los continuos rumores de la venta del club, primero a un grupo árabe y ahora a una sociedad mexicana que viene dispuesta a negociar con Muñoz.

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