Un vino para todos los públicos
El Paseante
El Grupo Matarromera presenta un vino con 0,0% de alcohol que comercializará en Andalucía Cruzcampo · Se presenta en botellas y en latas y en tres variedades, verdejo, rosado y tinto
Para la ciencia no hay nada imposible. Ni siquiera hacer un vino sin alcohol. Un vino sin alcohol que conserva los aromas, los matices, los colores y hasta las ventajas para la salud del que pueda producir cualquier buena bodega de Ribera del Duero o Toro, por citar sólo dos Denominaciones de Origen que están presentes en el producto presentado ayer en Cádiz. Se trata del EminaZero, el primer vino con 0,0% de alcohol y 0 calorías del mundo que ha sido desarrollado por el Grupo Matarromera, que son palabras mayores cuando se habla de productos salidos de la uva con algunos de los mejores caldos que se cultivan en la Ribera del Duero. Carlos Moro González, presidente del grupo vallisoletano fue el encargado de presentar en sociedad ayer el novedoso producto en el Hotel Playa Victoria. Junto a él se sentó Emilio José Lucena, representante de Heineken y Cruzcampo en Andalucía y cuya filial, Global de Bebidas, se encargará de su distribución.
EminaZero se presentó en el mercado en el segundo semestre de 2010 tras un proceso de investigación y desarrollo con una inversión económica superior a los 7 millones de euros. En Málaga ya ha comenzado a comercializarse y, según sus responsables, está teniendo una gran aceptación entre negocios de hostelería. En Cádiz podrá estar disponible para el gran público a partir de la próxima semana en sus tres variedades: vino blanco, rosado y tinto. EminaZero es también pionero en su diferente presentación, ya que se comercializa en botella convencional de tres cuartos de litro y en lata inoxidable de 250 mililitros. Su precio será similar al de un vino medio, es decir entre los ocho y los 15 euros. "El proceso es el mismo -aclaró Carlos Moro-, igual de costoso o incluso más".
La inversión total del proyecto desarrollado por Grupo Matarromera alcanza los 7 millones de euros. Un trabajo, iniciado en 2004 y que se ha logrado gracias a la colaboración y participación de diferentes administraciones europeas, nacionales y autonómicas.
El proceso de producción consta de tres complejas fases a partir de vino natural: desaromatización, desalcoholización y reconstitución organoléptica. En la primera fase, la desaromatización, los compuestos aromáticos más volátiles se separan del vino, obteniéndose aromas sin alcohol del vino de partida. En la desalcoholización, la segunda fase, el vino desaromatizado se divide de nuevo en dos fracciones: etanol de aproximadamente 60 grados y vino desalcoholizado. Por último, la reconstitución organoléptica del vino incorpora aromas sin alcohol y aditivos alimentarios de segunda generación. Gracias a la deconstrucción, se minimiza el riesgo de pérdida de componentes aromáticos en el vino.
Tras las presentaciones de rigor tuvimos ocasión de hacer una cata con las tres variedades.
Los criterios tecnológicos empleados permiten mantener todas las propiedades del vino beneficiosas para la salud (polifenoles, antocianos y antioxidantes) con un mínimo nivel de conservantes alimentarios, por debajo incluso de lo establecido por la legislación vigente.
Pero la prueba definitiva de todo el proceso, la que marcará su futuro más allá de mensajes saludables, es la cata. A eso llegamos en la última parte de la presentación. Para empezar habría que decir que la bebida hay que tomarla bien fría. Las tres variedades son agradables, muy suaves, nada que ver con el vino con alcohol, más espeso y pesado. Por contra, evidentemente, no se puede buscar el cuerpo de caldos de Ribera. Eso sí, el aroma está bastante conseguido. El verdejo huele a manzana verde, el rosado a fresas y el tinto desprende un intenso olor a moras y frutas del bosque. En la boca parece más seco de lo que en realidad es y el hecho de que incluso puede ser degustado por niños "los introducirá en la cultura del vino", dijo Carlos Moro, cuya familia lleva la friolera de 800 años dedicándose al vino, al vino con alcohol claro, al de verdad. Y es que, donde se ponga un buen Matarromera...
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