La vergüenza de Jenaro
"Salir, hay que salir", le tuvo que decir un guardia al empresario para que bajara del furgón y entrara en el Juzgado, frente por frente al balcón de su suegra donde viven su esposa legítima y sus hijos gaditanos · Entre abucheos de "sinvergüenza" y "devuelve el dinero", tres horas después salió para volver a prisión
"¿Qué pasa aquí?". Las mujeres que acuden a hacer la compra a la plaza de San José se arremolinan curiosas ante la colindante puerta del Juzgado de Guardia de San José, en Cádiz capital, al vislumbrar la nube de periodistas. "Va a venir a declarar el empresario huido a Paraguay tras fingir su muerte", se les informa. Varias deciden aguardar.
Justamente a las 10,15 de la mañana, un furgón enfila hacia la puerta del Juzgado. Se detiene ante la puerta. Un guardia civil sale y abre la puerta trasera para que el ocupante salga.
Son ya las 10,20. Se escucha una voz entrecortada. "No, no, me da vergüenza salir". "Salir hay que salir", le espeta el agente, y Jenaro Jiménez, agachando la cabeza, cruza lo más rápido que puede los tres metros escasos que le separan de la entrada del Juzgado flanqueado por agentes mientras alguien lanza la primera piedra.
"Sinvergüenza", se escucha con toda claridad el grito de una mujer cargada de bolsas de las compras que acaba de realizar. Después, algo avergonzada, reconoce que no sabe en realidad quién es el que acaba de entrar a toda carrera en el Juzgado, pero bueno, que como viene con la Guardia Civil, "algo habrá hecho".
Tampoco el guardia que tuvo que apremiarle para que bajara del furgón que le acababa de traer de la prisión de Puerto 2 sabía quién era. "Ah, yo pensaba que era el de la estafa de pisos en Cádiz" (en alusión a Luis García, uno de los imputados en el célebre caso Burbuja), se disculpa divertido. Otra mujer, indignada, se va del lugar mascullando entre dientes: "A buenas horas le ha entrado la vergüenza a éste".
Mientras, dentro, Jenaro acaba de empezar a enfrentarse con el rosario de cuentas pendientes con la Justicia que se le empiezan a acumular y que parecen no tener fin. De hecho, ayer mismo, entre comparecencia y comparecencia, le notificaron dos nuevas demandas interpuestas en su contra por supuestos estafados.
Tres horas, que sin duda se le hicieron interminables, fueron las que ayer estuvo Jenaro Jiménez en los Juzgados. Hacía triplete: comparecía ante el Juzgado Número 4. Luego, ante el 2 . Y por último, ante el 3.
Alrededor de las once de la mañana fue cuando comenzó a declarar ante el Juzgado 4, el que dictara la orden de busca y captura que motivó que fuera detenido por la Policía en Barajas el 12 de agosto, cuando él volvía para entregarse a los agentes en Jerez. Un cambio en las escalas de su vuelo a España desde Asunción, la capital paraguaya donde ha estado viviendo desde que fingió su muerte por ahogamiento cerca de Atlanterra hace 16 meses, le hicieron recalar en Madrid, precipitándose su detención.
Unos tres cuartos de hora después, fue conducido hasta el Juzgado Número 2, donde también tenía que hacer escala en su convulso periplo judicial. Y ya, al filo de la una menos diez de la tarde, su tercera cita, ante el Juzgado Número 3.
Media hora después, exactamente a las 13,20 horas de la tarde, salía por la misma puerta ante la que tres horas antes le había entrado la vergüenza. Y lo hacía algo más entero, mirando al frente, hasta que le tiraron otra piedra. "Devuelve el dinero" fue lo último que escuchó decir a un gaditano entrado en años, que presenciaba junto a los periodistas cómo era conducido, este vez, por agentes de la Policía Nacional a otro furgón, antes de entrar en el vehículo. De allí, sería llevado a los calabozos de la Comisaría Provincial, a la espera de que la Guardia Civil, la competente en los traslados a prisiones, acudiera para recogerlo y llevarlo de nuevo a Puerto 2.
Su irrupción en los Juzgados fue muy comentada en las inmediaciones. "Pues su hijo lo habrá visto entrar", sueltan en una panadería cercana. Y es que, malditas casualidades de la vida, resulta que el balcón del piso de su suegra, a donde se ha ido a vivir su legítima mujer con su hijo y la pequeña nacida después de que Jenaro se diera a la fuga, da frente por frente con la puerta del Juzgado de guardia.
"Su mujer es muy buena persona", aseguran otras vecinas, que no se muerden la lengua al describirlo a él: "Es un cabronazo".
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