Los usuarios apoyan el plan de visitas pero dudan de su eficacia

Por su parte, algunos profesionales se quejan del papel de supervisión que se les ha asignado pues temen enfrentamientos con los familiares o posibles agresiones

El área de admisión del hospital gaditano entregaba ayer las primeras tarjetas de identificación a los nuevos pacientes ingresados.
El área de admisión del hospital gaditano entregaba ayer las primeras tarjetas de identificación a los nuevos pacientes ingresados.
N.hidalgo / Cádiz

19 de noviembre 2009 - 01:00

El hospital de Cádiz empezó ayer a repartir las primeras tarjetas identificativas de acompañantes y visitantes a los pacientes que ingresaron a lo largo del día. El tema fue motivo de demanda de información por parte de los ciudadanos, pero también de debate.

Usuarios y profesionales consultados por este periódico se mostraron en su mayoría de acuerdo con la implantación del nuevo plan de visitas, que limita el horario de entrada a las áreas de hospitalización y el número de personas por paciente (un acompañante y dos visitantes) en las habitaciones. Buena parte de ellos consideran que era una medida necesaria para lograr el descanso del enfermo y evitar el excesivo tránsito de personas cada día por el centro.

Sin embargo, no muchos son optimistas sobre la consecución de que el plan se cumpla. Creen que será difícil concienciar al global de la población para que respete la norma.

Los más tajantes son los propios trabajadores del centro, que ven muy poco probable que el programa tenga éxito. Advierten que si no se dedica personal específico para el control de las entradas y salidas "no va a funcionar". "El ejemplo es Urgencias, donde se ponen unas pegatinas para que cada paciente vaya acompañado sólo por una persona, y resulta que entran cuatro", declara un médico del centro.

Algunos profesionales, especialmente los del área de Enfermería, expresaron asimismo su disconformidad con el papel que se les ha asignado dentro del programa de visitas y acompañamiento. "Habrá gente a la que le pidamos que abandone la habitación y lo haga, pero otros seguramente se negarán; nos obligan a enfrentarnos con la gente", señala una auxiliar de Enfermería. Otras de sus compañeras añaden que, por este motivo, temen incluso que puedan ser objeto de agresiones. Con todo, la mayoría de las que opinan en este sentido admiten que evitarán ejercer el control de las personas que entran y salen de la habitación.

Por este motivo y para lograr que el plan se cumpla realmente, muchos profesionales ven imprescindible que exista personal específico dedicado a controlar la situación. Recuerdan que antes, cuando existía en el hospital un sistema de pases, tal labor la ejercían los celadores. Entienden que deberían ser estos o, preferiblemente personal de seguridad, el que realizase tal labor.

Como se ha señalado al principio, sí existe práctica unanimidad sobre la necesidad de que, tal y como se pretende hacer, se controlen las visitas. Los usuarios, especialmente los que han estado ingresados alguna vez, lo consideran imprescindible. Aseguran al respecto que ellos mismos se vieron en ese momento perjudicados por la situación. Se quejan de este modo del ruido y las incesantes entradas y salidas incluso a altas horas de la noche. También, del excesivo número de personas que rondan tanto por las habitaciones como por los pasillos. En este sentido, se refieren a los familiares del paciente con el que compartieron habitación, pero también, a los suyos propios.

"Me parece estupendo que se limite el horario y el número de personas porque esto parece un centro comercial", declara una usuaria consultada. Otra señalaba que "cuando uno está enfermo no tiene ganas de que su habitación esté llena de gente y de que haya tanto jaleo, como es habitual ahora". "Además de porque se molesta al enfermo, que entre tanta gente es poco higiénico", apunta una tercera persona.

Aunque el consenso es amplio en este sentido, también existe alguna voz discordante. Es el caso de un grupo de mujeres que ayer salían del hospital tras visitar, por la mañana y juntas, a un paciente. Esto, cuando a partir de ahora entre semana sólo se podrá visitar por la tarde, de cuatro a ocho (los fines de semana también por la mañana de once a una), y no podrá haber más de tres personas en la habitación. Entienden estas ciudadanas que es la propia persona la que debe, en conciencia, evitar molestar. "No creo que nadie te tenga que decir a qué hora puedes o no venir". Añade la cabeza de familia que "nosotras hemos subido juntas pero nos hemos quedado fuera en la zona de espera y hemos ido entrando de una en una; eso es lo que tiene que hacer la gente".

En cualquier caso el programa está empezando ahora a funcionar. Habrá que esperar un tiempo para ver si se cumplen las predicciones de los más escépticos o si, por contra, la ciudad da ejemplo de civismo y asume por sí misma la responsabilidad de dejar descansar al enfermo.

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