Un negocio con los días contados

Los últimos videoclubs de Cádiz

  • En la era de Netflix, HBO y demás plataformas de vídeo en streaming, aún resisten en la ciudad dos negocios clásicos para el alquiler y venta de películas

Juan Díaz, propietario de Mundo Video del barrio de Astilleros. Juan Díaz, propietario de Mundo Video del barrio de Astilleros.

Juan Díaz, propietario de Mundo Video del barrio de Astilleros. / Lourdes de Vicente

No hace tanto, pero parece que hablamos de otro mundo. En las décadas de los 80 y los 90 los videoclubs representaban un negocio boyante y las visitas para conocer el nuevo catálogo y ver en casa los últimos éxitos era casi una tradición. Sofá, palomitas y peli era un ritual para muchos gaditanos gracias a cadenas como Mundo Vídeo, que llegó a tener en la capital hasta 12 establecimientos.

Hoy, solo dos de ellos resisten. Uno ubicado en el barrio de Astilleros y otro en Loreto. Dos auténticos supervivientes que a pesar de la feroz e inasumible competencia que suponen las plataformas de vídeo en streaming, aún apuestan por la antigua fórmula.

Juan Díaz es el propietario del local ubicado en el Paseo Príncipe de Asturias, un negocio que ha tenido que completar con la venta de chucherías y juguetes para mantenerse a flote. "Ahora el videoclub es el complemento a la tienda de golosinas y muñecos, pero antes era al revés: era el videoclub el que mandaba".

Y es que Juan sabe bien de lo que habla, ya que empezó en 1982 con su primer videoclub, que estaba situado en la Barriada de la Paz. Años más tarde, al ver el boom que suponía este tipo de negocio, decidió abrir la cadena Mundo Vídeo, que estuvo presente en varios barrios de la ciudad. 

En todos estos años, en los que la industria ha ido transformándose de manera vertiginosa, "hemos sido testigos de varios cambios importantes: de formato Beta a VHS, los vídeos comunitarios, el DVD... Pero esto de ahora ha sido el remate, lo tienes todo en casa antes que nosotros y de una manera muy fácil. Contra eso no se puede competir", explica Juan.

Estantería con las películas infantiles. Estantería con las películas infantiles.

Estantería con las películas infantiles. / Lourdes de Vicente

Ese consumo propio en casa y a través de televisión, ha supuesto que las distribuidoras "apenas saquen títulos. Yo quiero comprar películas y no hay. Ahora como mucho te puedes llevar 10 o 12 títulos llamativos al mes, y antes eran unos 100. Recuerdo que cuando salió Titanic compramos 300 copias y con Ghost, Pretty Woman o Matrix mínimo te llevabas 100. En la actualidad compras una copia y tiene que ser una película muy fuerte para llevarte dos".

El precio, claro está, también ha bajado, pero no por eso se saca más rendimiento. "Antes una película te costaba 60 euros pero le ganabas dinero. Ahora cuestan 15 y no le sacas nada. Cualquiera puede conseguir una película antes que nosotros y contra eso no se puede luchar", vuelve a lamentarse. 

Uno de los títulos alquilado. Uno de los títulos alquilado.

Uno de los títulos alquilado. / Lourdes de Vicente

No obstante, aún quedan algunos fans del cine en DVD que siguen yendo a su local. "Lo que más se buscan son películas de terror, es el género que nunca falla. También tenemos clásicos como El Resplandor, El Expreso de Medianoche o Los Inmortales, que el cliente sigue buscando. Sobre todo viene gente mayor o amantes del formato físico que incluso se desplazan desde otras localidades y se sorprenden de que sigamos funcionando".

Juan, al que le queda algo menos de dos años para jubilarse, dice que seguirá con el negocio hasta entonces porque el cine es su gran hobby. "Las películas no las voy a quitar nunca. El día que me vaya, me iré con ellas".

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