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El futuro de los Chinchorros

“Nosotros sólo queremos quedarnos en nuestras casas”

  • Los vecinos defienden la permanencia de un barrio de la ciudad con dos siglos de existencia

Miguel Ángel Valencia asomado en la azotea de su finca, en los Chinchorros Miguel Ángel Valencia asomado en la azotea de su finca, en los Chinchorros

Miguel Ángel Valencia asomado en la azotea de su finca, en los Chinchorros / Lourdes de Vicente

Miguel Ángel Valencia vive en la calle San Bartolomé desde hace más de cuarenta años. Su casa es uno de los pocos edificio de dos plantas en los Chinchorros. Está lejos, muy lejos, de la imagen que para muchos puede tener esta zona de la ciudad, de abandono, de infravivienda, de dejación. Todo lo contrario. Está perfectamente cuidada y transformada, tras las reformas que se hicieron en la década de los ochenta, en un pequeño chalé en pleno corazón de Puerta Tierra. Un auténtico lujo en Cádiz.

No es la única. A su derecha hay otro 'chalé' también perfectamente mantenido y de mayor tamaño. Guardando el diseño primitivo, en la misma calle o ya en Santo Ángel Custodio, están habitadas otras fincas igualmente cuidadas por su residentes. Ya quisieran muchas casas de otros puntos de la ciudad tener tan buena imagen, aunque desde hace años, desde que se planteó por primera vez la reurbanización de este polígono, han estado siempre relegados por todos los gobiernos que han ido pasando por San Juan de Dios a la hora de mejorar el espacio urbano del exterior de sus viviendas.

Por ejemplo, Valencia sale de su casa y se topa con una calle estrecha. Está mal iluminada y sólo tiene salida por la avenida Ana de Viya ya que la otra punta se topa con el muro de la promoción de viviendas cuya construcción ahora se reanuda. Que estas obras lleven una década paralizadas no ha ayudado al mantenimiento de la zona, aunque siempre los vecinos han reclamado más atención municipal.

La calle es muy peculiar, más allá de sus dimensiones. Es uno de los pocos ejemplos que quedan en pie de los extramuros de la ciudad de hace dos siglos. En la vía aún persisten los tradicionales bolos, similares a los existentes en la plaza de Fray Félix, tan directamente relacionados con la etapa más floreciente de nuestro comercio con las colonias.

El barrio nació junto a la iglesia de San José y se desarrolló tras la apertura del cementerio de San José al inicio del siglo XIX. En la avenida de Portugal quedan, cada vez menos, los últimos ejemplos de estas mismas edificaciones en planta baja, habitadas en su momento en su gran mayoría por pescadores.Es un milagro que la ciudad mantenga en sus extramuros este ejemplo de su historia. Mantenerlo o no, a pesar del crecimiento desmesurado de Puerta Tierra, estuvo en el debate en los años ochenta. En aquella etapa Juan Jiménez Mata, autor del primer PGOU de la democracia, propició no solo su continuidad si no que propuso un tratamiento especial a fin de preservar esta arquitectura histórica, reformando viviendas para atraer a nuevos vecinos.

A la vista está que fracasó en su intento. Miguel Ángel Valencia recuerda con nostalgia esa época de un proyecto fallido. Hoy, con el reinicio de las obras en el conjunto residencial San José reconoce que, para los residentes en los Chinchorros, “las expectativas son ninguna” tras años de problemas compromisos incumplidos y anuncios de obras nunca ejecutadas.

Una de las vecinos que residen en Marqués de Cropani Una de las vecinos que residen en Marqués de Cropani

Una de las vecinos que residen en Marqués de Cropani / Lourdes de Vicente

"Aquí nunca han venido, ni del Ayuntamiento ni posibles promotores de viviendas. En su día pusimos un recurso a la inicial planificación del Ayuntamiento porque con la misma las cuentas no salían; era la clásica operación urbanística con el único fin de deteriorar la zona".

Valencia es rotundo: "Yo no quiero nada, sólo quedarme aquí, en mi casa". La finca la rehabilitó, con la ayuda de subvenciones públicas, en la segunda mitad de los años ochenta. Curiosamente, las obras se terminaron a la vez que el nuevo PGOU aprobaba la conversión de esta manzana en un bulevar.

"Desde entonces siempre vivimos con una espada de Damocles, como nos pasa periódicamente desde que a mediados del siglo XX ya se hablaba de tirar este barrio", se lamenta Miguel Ángel Valencia, que recuerda con evidente añoranza la apuesta del arquitecto Juan Jiménez Mata por mantener este barrio habitable como recordatorio de una parte importante de nuestra historia. En esta manzana hay propietarios que tienen varias fincas que, en algún momento, han tenido problemas para alquilarlas por parte del Ayuntamiento, como hace año pasó con el histórico local del Bar Mariano. En el frente de la Avenida sí se mantienen abiertas tiendas de moda y de complementos.

Eduardo Quirós vive con su mujer en la otra punta de los Chinchorros, en Marqués de Cropani. Aquí la situación es sustancialmente diferente a la manzana de San Bartolomé. Quirós, su esposa, y una familia más que vive junto a ellos, residen en dos pequeñas casas que en su día estuvieron rodeadas de un elevado número de viviendas, en un intrincado pasaje del que hoy apenas quedan los restos de algunos cimientos.

El suelo es propiedad del Ayuntamiento y allí Procasa tiene previsto levantar una nueva promoción de viviendas públicas. No hay fecha para este proyecto aunque se supone que ahora se acelerará, tras el retorno de las obras al complejo Residencial San José.

A pesar de estas perspectivas nada optimistas Eduardo Quirós sonríe con suma tranquilidad. Ni un atisbo de preocupación. "¿Preocupado?, para nada, sólo pido que nos dejen aquí", en una casa en la que vive desde que se casó y cuyo alquiler su mujer paga religiosamente cada mes en el Ayuntamiento.

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