El rey con corona y sin cariño

La exposición 'El viaje andaluz del rey José I: Paz en la guerra' profundiza en la figura de un hombre poco conocido que trató de modernizar España a la vez que la invadía

Una figura de José I a lomos de su caballo sirve de entrada a la exposición en la Casa Pinillos.
Una figura de José I a lomos de su caballo sirve de entrada a la exposición en la Casa Pinillos.
Melchor Mateo / Cádiz

24 de noviembre 2011 - 01:00

Detrás de José I hay mucho más allá que Pepe Botella, apelativo con el que se le conoció en la época. Detrás del hermano de Napoleón hay mucho más que una invasión militar. Está la historia del hombre que quiso modernizar España. O la del hombre que quiso ganarse sin éxito el cariño del pueblo español. Pero claro, las formas no eran las más adecuadas. En una proclama realizada el 27 de enero de 1810, manda un aviso a navegantes: "La Francia se interesa en conservar la integridad y la independencia de España si esta vuelve a ser aliada. Si prefiere la enemistad, la Francia debe procurar debilitarla, desmembrarla y aun destruirla".

Esta orden aparece en la exposición El viaje andaluz del rey José I: Paz en la guerra que se inauguró en la tarde del martes en la Casa Pinillos, promovida por el Ministerio de Defensa y el Consorcio para el Bicentenario de la Constitución.

Por algunos de los sitios por donde hizo parada se le recibió de manera festiva, como por ejemplo en Andújar: "Salen a recibirlo una diputación de las personas más distinguidas. Hubo repique de campanas, colgantes en los balcones e iluminación".

De las muestras de cariño, llama poderosamente la atención un documento de bautismo que está archivado en la parroquia Santa María de Arcos y que se puede ver en la muestra. El 27 de febrero de 1810, cuando el monarca estaba de paso en esa localidad se le acercó un campesino humilde llamado Juan Giroán y le dijo que su mujer acababa de dar a luz a unos gemelos. En su honor les iba a llamar José Napoleón y Josefina Julia. José I ejerció de padrino en la ceremonia y le obsequió con 500 francos.

Pero el cariño no se paga con dinero y el monarca lo pudo sufrir en sus carnes cuando hizo una segunda visita a Sevilla. La frialdad del recibimiento le afectó mucho. Eso, unido a la fuerte resistencia que se produjo en Cádiz, a la muerte del su ministro de Finanzas, el afrancesado Francisco Cabarrús, hizo que José I empezara a plantearse su vuelta. Encima, hasta su hermano lo dejó en evidencia y promulgó una minute imperial el 8 de febrero de 1810 por el que Cataluña, Aragón, Vizcaya y Navarra pasaban a ser gobernadas y administradas por militares franceses, es decir, por cuatro generales dependientes de Napoleón. Este documento, al igual que otros muchos, se puede ver en la exposición. Es el momento en el que siente que su aventura en España se está acabando.

José I y el mariscal Soult, el jefe de las operaciones militares en España, tuvieron un error de cálculo mayúsculo y es que en un momento dado tuvieron que decidir si terminar de conquistar Sevilla o acudir a Cádiz y con ello dominar las vías marítimas. Se decidieron por lo primero y eso fue un error fatal porque las tropas del Duque de Alburquerque pudieron llegar y hacerse fuerte en Cádiz.

Un documental con una recreación con algunos de los personajes que participaron aquellos días en el asedio de Cádiz como el mariscal francés Víctor o el propio Duque refleja a la perfección la confianza de los franceses en un principio por hacerse con la plaza y cómo todo se fue complicando. Llegaron a lanzar hasta 100 bombas al día pero daba igual. Las baterías estaban demasiado lejos.

Es una exposición para conocer la idea de España que tenía José I, donde quería modernizar la arcaica maquinaria del Estado español e imponer una educación en la que pretendía instruir a los jóvenes como una nueva generación ilustrada y liberal, con unas ciudades más ordenadas, para lo cual ya tenía planos para Madrid o Sevilla para obtener más espacios públicos. En esta última empezó tantas obras que se llamó el "rey plazuelas". O una economía más liberalizada con la eliminación de diversos aranceles. También creó un Ministerio de Policía general del Reino, que fue una especie de antecesor de lo que es hoy Interior.

Tenía intenciones y llegó incluso a tener una importante actividad legislativa, pero chocó con las estructuras arcaicas que había.

Es un buen lugar para conocer a muchos de los afrancesados que anhelaban esos cambios en España y que decidieron aliarse a José I, como el citado Francisco Cabarrús o Juan Meléndez Valdés, de los que hay sendos cuadros de Francisco Goya en la exposición. En 1813 huyeron a Francia hasta 2.933 españoles y es que estos siempre vivieron con el estigma de la traición. Curiosamente algunas de las cosas que pedían vinieron después por medio de la Constitución de Cádiz, que dio incluso un paso más allá. Pero en esta ocasión fue por voluntad propia y no por medio de un rey que se consideraba extranjero e invasor.

Es un monarca que en su breve reinado también quedó prendado por el patrimonio andaluz y en ese tiempo incluso ordenó una rehabilitación de la Alhambra de Granada. Ese celo por poner en valor el patrimonio y darlo a conocer el mundo, fue llevado hasta el extremo por algunos de sus colaboradores cayendo en el expolio.

La muestra está dividida en varios bloques ordenados que hacen un recorrido por los lugares de Andalucía donde estuvo José I. Llama la atención una figura enorme del rey a lomos de un caballo en la entrada y a lo largo de la misma se pueden ver documentos originales y objetos muy curiosos como la espada que llevaba el propio José Bonaparte y un reloj del mismo.

Es una exposición que profundiza en la figura de una persona que ocupa un mal lugar en la memoria de España.

Plaza de Mina, 6 HORARIO : De 10 a 20.10 de lunes a sábado y hasta las 14.10 los domingos

stats