Por qué soy okupa

Vivienda

Las siete familias que habitan de forma ilegal en el número 43 de San Severiano cuentan los motivos que les han llevado a esta situación

Por qué soy okupa
Por qué soy okupa
Pilar Hernández Mateo

Cádiz, 26 de enero 2014 - 01:00

Muchas veces podemos preguntarnos cómo llega alguien a convertirse en un okupa. Por qué se decide una persona o una familia a entrar en una casa ajena. En el número 43 de la avenida San Severiano, viven varias familias de okupas. Familias a las que diversas circunstancias les han llevado a encontrarse en una situación en la que no les gustaría estar. Pero ahí están porque no tienen otro sitio donde ir.

En ese bloque viven actualmente siete familias. Rocío, Ana María, Pilar, José, David, Lucía y Teresa son los nombres de algunos de sus miembros.

Rocío

Rocío Gallardo vive en el primer piso con su pareja, ambos en paro. Llevan allí desde las Navidades porque el primo de ella, que entró en la casa de okupa unos meses antes, la dejó y se la ofreció a Rocío. A esta joven de 20 años, la vida no le ha tratado bien. Cuenta que la crió su abuela porque su madre tenía problema con las drogas, pero la abuela murió y tuvo que volver a casa de su progenitora, donde sufrió maltrato y abusos por parte del novio de la madre. Cuando lo denunció, la echaron de casa y se vio en la calle. Estuvo un tiempo durmiendo a la intemperie y poco después ocupó una vivienda en el barrio de Astilleros.

"El piso de Astilleros era de la Junta y me dijeron que me fuera, que iban a ayudarme a encontrar otra cosa. Pero nunca me ayudaron", relata Rocío, quien ha estado casi dos años y medio viviendo en la calle hasta que se metió en San Severiano, 43. "Estuve tres meses durmiendo bajo un árbol, hasta que lo cortaron. He dormido en el parque de bomberos, en la playa, en cualquier casapuerta o donde pudiera. Tengo varias multas por acampar en la playa. Dormir en la calle en invierno, con la lluvia, es insoportable. ¡No hay derecho a esto!", se lamenta.

Cuenta que ha ido a pedir ayuda a los Servicios Sociales. "Me dicen que no me pueden dar una casa porque soy joven y no tengo trabajo para mantenerla. Pero podían ayudarme y no quieren. Sé que hay muchos pisos vacíos en Cádiz y yo sólo pido uno con alquiler social. Hay gente que paga 50 euros y eso lo puedo pagar yo. Seguro que me puedo sacar ese dinero vendiendo en el baratillo o limpiando, porque yo me muevo para poder pagar la comida, y si me ayudan a pagar la luz y el agua, puedo subsistir".

Para comer, recibe ayuda de Cáritas y de Virgen de Valvanuz. A veces va a comedores sociales, pero reconoce que hay días que sólo hace una comida. "Algunas veces, cuando me entra hambre, me voy a la cama a dormir, porque la nevera está vacía".

El sueño de Rocío es "que me dieran una vivienda digna para poder levantarme tranquila cada mañana, y que no salga de mi casa con el miedo de que cuando vuelva me la van a quitar. Y no dormir en la calle". Advierte que si la echan de allí, está decidida a entrar en otra casa "porque es muy duro dormir en la calle con el frío y la lluvia".

Esta joven no ve una solución para su situación. "Cada vez veo todo más negro. ¡Es que he sufrido lo que nadie se imagina! ¿No he tenido bastante? ¡Llevo 20 años sufriendo! Esta es una mierda de vida. No veo la salida". Reconoce que muchas veces se le cae el mundo a los pies al pensar en su situación y se mete en su casa a llorar. Sólo sale para buscar comida.

Ana María

En el 2ºA vive Ana María Álvarez con su marido. Lleva allí desde mayo de 2013, como la mayoría de sus vecinos. Cuenta que ha llegado a esta situación porque no podía vivir ni en casa de sus padres ni en la de sus suegros por problemas familiares. Antes de entrar en esta finca, estuvo viviendo casi un año en la calle, durmiendo en una nave de la Zona Franca que tuvo que dejar porque la precintaron.

Recientemente, Ana María se ha traído a su padre, que se separó de su madre y tiene problemas de salud. "Pero esta casa no reúne condiciones para que viva una persona enferma", señala Ana María.

Esta mujer trabaja cuidando a una mujer mayor pero su marido está en paro. Afirma que ha ido a pedir ayuda "a Procasa, al Ayuntamiento, a la Junta, y me dicen que van a estudiar el caso los asistentes sociales. Mercedes Colombo dijo que iban a hacer algo con nosotros, pero es mentira. Seguimos igual".

Afirma que ella no quiere una casa como la que habita ahora. "Esta es muy grande. Yo me conformo con una habitación, no pido más". Cuenta que su ilusión es tener hijos "pero quiero darles una estabilidad y un techo. Quiero mantenerlos yo, que soy su madre". Por eso desea tanto tener una casa.

Advierte que "cuando el juez me eche, si no me dan un techo, esta que está aquí ocupa otra casa, pero que sea de la Junta o del Ayuntamiento. Yo entré aquí pensando que esta casa era de la Junta, si llego a saber que es de una mujer, no hubiese entrado".

Lucía y David

Frente a Ana María viven Lucía Díaz, su marido, David Peral, y sus dos hijos, de 10 y 17 años.

Lucía ha estado trabajando hasta el pasado mes de agosto pero ahora está en paro. Su marido consiguió uno de los puestos de trabajo del Decreto contra la Exclusión Social de tres meses, que termina el 3 de febrero. Cuentan que siempre han tenido su casa, pero la crisis les obligó a irse con la madre de Lucía, que sufre ataques de ansiedad y necesita tranquilidad. Así que los problemas de convivencia llevaron a esta familia a ocupar uno de los pisos de San Severiano, 43.

"Me enteré que estos pisos estaban vacíos y nos metimos aquí. Fuimos los cuartos en venir y luego vino más gente. Nos trajimos dos colchones hinchables para dormir y mi madre me apoyó en todo momento", explica Lucía, quien asegura: "No pienso ir a buscar un alquiler porque no puedo". Afirma que tanto a ella como al resto de vecinos de este bloque, la delegada de Familia del Ayuntamiento, Mercedes Colombo, les dijo que se buscasen un piso de menos de 500 euros y que les pagarían unos meses el alquiler. "Pero el trabajador social nos dice que no le importa lo que diga Mercedes Colombo, que necesitamos un avalista y una nómina, que no tenemos. Lo que están haciendo es pasarse la pelota de unos a otros. Además, cuando pasen esos meses, ¿qué hacemos?" Por eso, tiene claro que "cuando nos echen de aquí, nos metemos en otro piso. Primero en este mismo bloque y luego nos iremos a otros que ya hemos visto que están vacíos".

Los hijos de David y Lucía afirman que tienen miedo. Cuando se llevó a cabo el primer desalojo del edificio por orden judicial, la semana pasada, no pudieron dormir en toda la noche porque creían que iban a tirar la puerta de su casa. Viven con el temor de que alguien vaya a echarlos un día.

María del Carmen

Junto a esta familia vive María del Carmen Ferreira, de 34 años, con su hijo de dos años y medio.

Ella residía en Málaga con su novio, pero a los dos meses de tener al niño lo dejó porque no le gustaba la mala vida que llevaba. Y se volvió a Cádiz a casa de su madre. Cuenta que allí viven también sus hermanos -son diez-, y cinco de ellos son toxicómanos. "Pedí ayuda a Procasa y a las asistentas sociales, pero llevo un año y medio esperando la ayuda y nada. En Procasa me dicen que me vaya con mi madre pero las asistentas sociales me dicen que no es un buen ámbito para mi hijo. Me enteré de que esto estaba vacío y, pensando que era de la Junta, me vine con mi hijo, porque no quería que viviese en el ambiente de las drogas".

Mª del Carmen está en paro y "no puedo contar con nadie, porque mi madre ya tiene bastante en casa". Ella vive al día. Recibe ayuda de la Fundación Dora Reyes, de Cáritas y de algún particular que le da alimentos. "Cada vez hay menos ayudas porque la cosa está muy mala. Pero gracias a Dios puedo comer todos los días y le puedo dar de comer a mi hijo". Añade que entre los vecinos se apoyan mucho.

La mayor aspiración de esta mujer es "que me den una casa de alquiler social para mí y mi hijo, para poder vivir en condiciones, sin preocupaciones ni miedos. Sé que hay muchas casas vacías".

Teresa

Teresa Fernández, de 61 años, vive en el tercer piso con su marido, un hijo de 25 años, una hija de 16 y otra más con su marido. Esta familia tenía una casa en la Viña, pero el marido de Teresa se quedó en paro y llegó un momento que no podían pagar el alquiler. "Antes de que nos denunciara el dueño, decidimos venirnos aquí".

Afirma que viven "con el susto de que el juez nos eche. Y yo estoy de acuerdo con que esto tiene una dueña pero antes de estar en la calle, estoy aquí. No quiero verme en la calle con una menor. Y con la edad que tenemos mi marido y yo, ya no encontramos un trabajo fijo". Además, esta mujer no está bien de salud. Tiene azúcar, hipertensión, bronquitis crónica, problemas de cervicales, de hígado y reflujos.

La familia come gracias a la aportación de su hija, que trabaja por horas en una casa, y del marido de Teresa, que está empleado dos horas en un bar. La hermana de esta mujer también les ayuda "comprando mandados". Pero con eso no tienen para pagar un alquiler. Además, "tengo que sacar dinero para mi hija menor, que tiene la vista mala y necesita lentillas. También necesitaría arreglarse la boca, pero eso no puede ser, y material escolar. Me cuesta la misma vida sacar dinero para el bonobús, para que vaya al colegio".

Su hija pequeña no lleva bien esta situación. "No me gusta porque estoy con el susto de que nos pueden echar", afirma, y valora que su madre "se quita de muchas cosas para dármelo a mí". Esta menor asegura que se siente muy apoyada por sus compañeros y profesores del instituto.

Pilar y José

Pilar Mediavilla y José Barrios ocupan la casa que hay frente a la de Teresa, con un niño de 8 años y dos niñas, de 13 y 16. Pilar explica que ella siempre ha vivido en casa de sus padres, con sus hermanos, sus respectivas parejas y sobrinos: 13 personas en total. José y Pilar dormían con los tres niños en un dormitorio muy pequeño. Pero el motivo para dejar la vivienda de sus padres no fueron sólo estas incomodidades, sino los problemas de convivencia con su hermana y su cuñado, ambos toxicómanos. "No quiero que mis hijos vean ese ambiente. Fíjate cómo era, que teníamos la puerta del dormitorio con una cerradura porque nos robaron lo poco que teníamos. Y a mi madre le levantaba la mano. Mi padre, al ver esta situación, le da por beber...".

Un día no aguantó más y se mudó a San Severiano, 43 con una mesa, sillas de playa y colchones hinchables para dormir. Pilar sufre problemas de espalda y esto no le ha venido nada bien. Después de siete meses, han mejorado la casa con muebles que les han dado amigos y conocidos.

Las palabras de esta pareja dejan ver su desesperación, ya que aseguran que han buscado trabajo de todo tipo y no encuentran nada. El único dinero que ingresan es gracias a la venta ambulante en Carnaval y Semana Santa. Pero eso no da para vivir todo el año. Esta familia, como la de Teresa y las demás del bloque aspiran a conseguir un alquiler social. "Más de 100 euros no podemos pagar porque no tenemos un trabajo estable".

Cuentan que los niños no llevan bien esta situación. Sobre todo el pequeño, que vive asustado y no quiere dormir solo.

Pilar asegura que tienen ganas de irse de allí, porque la casa es grande y muy fría, y en las escaleras entran toxicómanos a drogarse, "pero no encontramos nada". "Yo sólo quiero una casa donde esté tranquila con mis hijos".

Nazaret

Nazaret tiene 24 años y es madre soltera. Vive en el tercer piso con su hija de 17 meses y su hijo de cuatro años. Antes pagaba un alquiler en el centro de Cádiz, pero se quedó en paro y se fue a casa de su madre. Cuenta que allí viven diez personas "y no entra un duro". Se fue de casa de su madre por problemas de convivencia. "No estuve allí ni dos semanas. Al enterarme que aquí se estaba metiendo gente, me metí yo también". Ahora trabaja en alguna casa por horas, pero no le da para pagar un alquiler. "Yo pido lo mismo que todos, un piso de alquiler social".

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