El ocaso de las industrias

Informe/ la industria · El análisis

El adiós a la tabacalera supone el fin de una etapa histórica en un sector que llegó a acumular, en apenas cuatro empresas, cerca de 9.000 puestos de trabajo

José Antonio Hidalgo Cádiz

09 de junio 2013 - 01:00

En diciembre de 2009 Diario de Cádiz convocó en la hemeroteca de su sede a cuatro históricos del comercio gaditano. Todos destacaron la gloriosa etapa de los años sesenta y principios de los setenta del pasado siglo, con grandes ventas y con la proliferación de todo tipo de tiendas, hoy en su mayoría cerradas. Y todos coincidían en cómo éstas se llenaban los días de cobro en la factoría de astilleros, en la tabacalera y la Aeronáutica. Tres grandes industrias, tres motores de la economía y de la vida de Cádiz que o bien han sido borradas del mapa o bien han entrado en un periodo de decadencia que les aleja de la fortaleza de hace tres décadas.

Hoy, el comercio tradicional languidece en la que es la crisis global más profunda en cerca de un siglo. El desastre inmobiliario y financiero son dos de los tres grandes protagonistas de esta dramática situación. El tercero es el final de parte de la vida industrial de Cádiz. Construcciones Aeronáutica dejó la ciudad a principios de este milenio pocos años después que dijese adiós a la capital la Campsa; esta semana ha anunciado su cierre la fábrica de tabacos, mientras que la factoría naval aguanta en Cádiz pero lejos de los tiempos gloriosos de hace medio siglo, a lo que ahora se une el adiós de la tabacalera.

Durante años la industria fue el máximo creador de empleo en la ciudad. Empleo directo e indirecto a través de las empresas auxiliares que se iban creando como complemento a esta actividad, especialmente la naval. En el periodo comprendido entre finales de los 60 y principios de los 70 del pasado siglo se alcanzó el mayor pico de empleo: cerca de 9.000 trabajadores entre Tabacalera, Campsa, CASA y, sobre todo, Astilleros, que contaba con tres mil trabajadores y otros tantos en el sector auxiliar.

Hoy todo ello casi ha desaparecido. Cero en la Aeronáutica y en la Campsa y a punto de cero en Tabacalera, mientras que la factoría naval cuenta con una plantilla limitada a 163 personas con una industria auxiliar que ronda entre las 600 y 900 operarios según la carga de trabajo existente en cada momento. El pasado mes de mayo, en las oficinas de empleo estaban registradas 1.568 personas en el sector industrial, casi las mismas que buscan trabajo en la construcción.

El hundimiento de la industria como creador de empleo y, por ello, riqueza, en la capital no ha sido, afortunadamente, total, ya que sobrevive la actividad en el puerto de Cádiz y en la evidente pujanza de la Zona Franca, ahora pendiente del desarrollo del polígono exterior.

La cuestión que plantea Diario de Cádiz a varios de los principales interlocutores ciudadanos es el papel que debe de tener la industria dentro del desarrollo económico de la capital. Con el escaso suelo de su término ¿deben plantearse otras fórmulas de crecimiento o, por contra, debe mantenerse el suelo hoy calificado como industrial? Afortunadamente, hay una opinión unánime en favor de este sector, más allá de diferencias políticas y laborales.

Teófila Martínez, alcaldesa de Cádiz, tiene claro que la capital debe mantener su vigencia industrial, y así dejó claro el Ayuntamiento hace unos días a Imperial Tobacco que el suelo que dejará la fábrica de tabacos sólo podrá dedicarse a la industria.

Eso sí, Martínez mantiene que el papel de Cádiz en el conjunto de la provincia es la de dar acogida "a nuevas industrias modernas y estratégicas. Durante un tiempo fue sede de industrias estratégicas que se han ido irradiando por la Bahía; ahora, la ciudad debe trabajar en los espacios industriales que quedan en su reducido término municipal y que ya se proyectan en el nuevo PGOU. Espero que tenga éxito porque el concepto de industria ha cambiado. Nosotros vamos a seguir trabajando duro para la restauración de estos espacios industriales, que estarán estrechamente conectados con el resto de la Bahía y la provincia", tal y como se plantea en la remodelación ya iniciada del polígono exterior de la Zona Franca.

Para Fernando López Gil, delegado del gobierno de la Junta en Cádiz, es esencial "definir de forma consensuada lo que se quiere hacer en cada territorio. Hemos pasado de una época en la que funcionaban grandes empresas que ya han desaparecido o ahora tienen poca actividad a otra en la que habrá que apostar por la creación de pequeñas y medianas empresas con un alto contenido tecnológico y una alta cualificación, y que por estas características sean difíciles de trasladar a otros países".

Considera López Gil que a pesar de su reducido término, Cádiz disfruta de un buen porcentaje de suelo industrial, que debe mantenerse como tal, centrando especialmente su actividad como "centro de negocios de la Bahía", además de su potencia como ciudad portuaria y su Zona Franca.

Desde la Confederación de Empresarios, Javier Sánchez, presidente de esta organización, es claro: "Rotundamente no se debe dejar ni olvidar el suelo industrial en Cádiz capital. Vale que tiene un término pequeño, pero en el mismo hay empresas de gran importancia, como Caladero, Vilafranquina o Procosur, entre otras, y lo que viene en el horizonte, como es Carbures", lo que para él son ejemplos rotundos de la vigencia industrial de la capital.

"Se cierra el centro tabaquero, pero no podemos entrar en una situación de depresión porque se haya ido un icono. Se pierden 71 empleos, pero en la Bahía hay más de doscientas empresas que tienen un mayor número de empleos", recuerda el empresario gaditano.

En todo caso, para Javier Sánchez, la Zona Franca, nacida hace noventa años en la ciudad de Cádiz, debe de jugar un papel más que relevante a la hora de irradiar nuevas empresas a toda la Bahía y la provincia, asumiendo que en la capital ha agotado casi todo su espacio.

El frente sindical ha tenido un papel relevante en las últimas décadas llenas de reconversiones y cierres de empresas. Uno de los más activos fue Federico Pedreño, que llegó a ser secretario provincial del Metal por Comisiones Obreras.

"Cádiz como ciudad no debería de haber perdido el tejido industria. Aunque considero que la política de empleo hay que verla con una visión de Bahía, las grandes industrias gaditanas eran pocas pero necesarias. El problema, en el caso de Tabacalera, es que es una empresa que desaparece, no que se traslade a otro punto de la Bahía, por lo que no va a generar más trabajo".

Defiende el veterano sindicalista que sustituyendo a Altadis se debería de apostar por "otro tipo de industria de carácter más innovador, más limpia. Porque mantener este sector no es que sea bueno, es que es fundamental. No olvidemos que los salarios de la industria son los más elevados y que ello anima al consumo en el conjunto de la ciudad, como pasó en los sesenta y setenta", destaca Pedreño que llama la atención sobre cómo el sector servicios crece cuando el empleo es fuerte en el sector industrial.

Trabajador de astilleros, la última gran industria abierta en Cádiz, aunque con un número de trabajadores muy lejos de los buenos tiempos, Federico Pedreño no ve factible el traslado de las instalaciones de Cádiz, especializadas en las reparaciones, a la factoría de Puerto Real. "El problema de la factoría de Cádiz es que forma parte de Navantia, que tiene muchos problemas económicos". Si no, sería un auténtico lujo.

Lo cierto es que Cádiz sigue teniendo pulso industrial aunque ya no sea con los grandes nombres que forman parte de su historia. Ahora es el puerto y, sobre todo, la Zona Franca los que lideran este sector.

En el primero de los casos, un informe elaborado en 2006 cifra en 18.000 el número de empleos relacionado con los muelles de la Bahía, entre ellos los 4.000 directos y los 10.300 indirectos. Lo cierto es que son datos anteriores a la crisis económica por lo que es de suponer que algo se habrá perdido.

Frente a ello, el evidente dinamismo de la Zona Franca, auténtico futuro económico de la ciudad. Hoy el recinto exterior cuenta con 90 empresas que generan 2.500 puestos de trabajo directos y otros 3.500 indirectos. Los parques de Poniente y Levante disponen de 54 empresas y 150 empleos directos. Otros cinco mil podrían crearse en el polígono exterior cuando concluya su reforma.

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