El necesario arreglo del entorno de la iglesia del barrio de La Laguna, en Cádiz
El acceso a la parroquia de San Servando y San Germán está plagado de obstáculos por el mal estado del suelo, los desniveles existentes y el empuje de las raíces de los árboles
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Ir a misa se ha convertido en toda una odisea para muchos vecinos del barrio de La Laguna, que para poder acceder a su iglesia, la parroquia de San Servando y San Germán, tienen antes que pasar toda una serie de obstáculos y ‘trampas’ que convierten ese camino, de apenas unos metros, en toda una odisea. “Son muchas las veces que estando dentro de la iglesia nos avisan porque se ha caído alguien fuera”, reconoce el párroco, Juan Carlos Brea, que apunta que la edad media de su feligresía, y del propio barrio, ha ido creciendo en los últimos años, por lo que cada vez más vecinos “tienen limitaciones en la movilidad o se ayudan de bastones o andadores, o van en silla de ruedas”.
En efecto, la pequeña plazoleta que desemboca en la iglesia de San Servando y San Germán, o a la que se abre la iglesia, parece una pequeña isla que hasta ahora ha quedado fuera de las reurbanizaciones y obras que se han acometido en esa zona de la ciudad. Transitar por allí es un auténtico peligro, a tenor de los diferentes obstáculos que impiden una movilidad segura.
Llama la atención, en primer lugar, los desniveles con los que fue concebido esa plaza junto a la calle Pintor Zuloaga, considerada arteria principal de La Laguna, que desemboca en el Fondo Norte del Estadio. En el lateral de la iglesia existe un escalón considerable entre la solería de la plaza (de esos tradicionales ‘chinos’ que fueron desapareciendo del suelo de Cádiz y que ya apenas resisten en la plaza de San Juan de Dios) y la acera de la calle.
Incluso dentro de esa plazoleta, hay varios niveles de altura de ese suelo blanco y gris, que por su composición y textura no permite diferenciar fácilmente las alturas. Un problema que contribuye a las caídas, agravado además por la presencia de un contenedor para donaciones de ropa situado justo sobre uno de esos desniveles.
A esto se suma el efecto de las raíces de los árboles que rodean la parroquia de San Servando y San Germán, que están provocando levantamientos de la solería, además de estar cada vez más pegados al edificio contiguo al templo, con los efectos negativos que tiene. Algunos feligreses se preguntan si esas especies arbóreas (entre ellas, las jacarandas) son las más idóneas para un espacio así a raíz de las construcciones que se levantaron en los años 70 del siglo pasado. De hecho, las hojas que con asiduidad suelta uno de los grandes árboles de delante de la iglesia (de gran tamaño y duras) supone otro problema para los viandantes, que se han llevado algún que otro golpe al caer una de esas hojas a su paso y que la acumulación de hojas en el suelo dificulta su tránsito.
El salidero de aguas de la parte trasera de la iglesia, que provoca un hundimiento en la acera. Y por si todo eso fuera poco, la conexión de esta plazoleta con la perpendicular calle Goya está separada por dos escalones de muy poca anchura que conecta ambos espacios; todo un atentado a la movilidad y a la eliminación de barreras arquitectónicas que desde hace años persiguen las administraciones.
Con todos estos obstáculos presentes en el día a día de una iglesia que, además, tiene mucha vida y actividad, los feligreses reclaman al Ayuntamiento que ejecute las obras necesarias que garanticen la seguridad del tránsito y, de paso, mejoren la estética de ese entorno de un edificio que, precisamente, acaba de ser incluido en el Registro del Docomomo Ibérico que destaca elementos de la Arquitectura moderna.
Un acceso a los coches para los oficios religiosos
El párroco de San Servando y San Germán lamenta que en una de las últimas actuaciones urbanísticas acometidas en la calle Pintor Zuloaga se cegara el acceso que la parroquia tenía para facilitar determinados oficios religiosos, a lo que se une una ampliación del acerado justo en el espacio que podría servir también de aparcamiento. “Yo no pido aparcar mi coche ni ningún privilegio, solo que cuando tengamos en la parroquia un entierro, el coche de la funeraria pueda llegar hasta aquí, o si se celebra una boda pueda parar también el coche de los novios”, explica Juan Carlos Brea, que está a la espera de que el Ayuntamiento atienda esa solicitud.
Unido a esto, también se plantea la idoneidad del cambio de nombre de la plazoleta, que el Ayuntamiento de Carlos Díaz decidió bautizar en homenaje al poeta peruano César Vallejo pero que, entienden, podría tener una denominación más vinculada al templo de San Servando y San Germán. De hecho, este es el nombre que quieren los feligreses que se dé a una plaza que únicamente tiene un domicilio, el de la casa parroquial. Plaza de San Servando y San Germán, piden que se denomine a este espacio, aprovechando que tan de moda está en Cádiz eso de cambiar los nombres del callejero.
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